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Publicado en la categoría: Comunicados
Viernes, 08 Abril 2011 18:17

¡La oligarquía mató a Gaitán!

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“En este país el gobierno tiene la metralla homicida para los hijos de la patria y una temblorosa rodilla en tierra ante el oro yanqui”

Jorge Eliécer Gaitán

Si la memoria colectiva olvidara el pasado se perdería la esencia de cuanto nos ilustra para comprender el presente y decidir el futuro. No se podría determinar las causas de las desigualdades sociales, los orígenes del actual sistema político ni comprender su verdadera naturaleza anti popular y reaccionaria. Que para ser hoy lo que es, recurrentemente, ha liquidado físicamente a deslumbrantes compatriotas que enarbolaron virtuosos destinos.

Una de esas gigantes figuras que han dejado estela de amor popular es a quien hoy rendimos homenaje combativo: Jorge Eliécer Gaitán. Uno de los más avanzados pensadores políticos y líderes populares. El atrevido líder antioligárquico y antiimperialista que se entregó del todo a los oprimidos, esos mismos que han pasado tantos sacrificios, víctimas de la esclavitud, la servidumbre, de las desigualdades, genocidios, injusticias sociales y la cruel explotación en distintas épocas.

El magnicidio de Gaitán pesa sobre los hombros de esta oligarquía cipaya renuente a conceder beneficios a quienes les han arrancado abultadas ganancias a base de trabajos forzados muy mal remunerados, fuente de toda su riqueza acumulada.

Esta oligarquía de vieja laya criminal es hija legítima de la casta opresora servil, encabezada por Francisco Berbeo y Salvador Plata, que tomó partido en la rebelión comunera solo para traicionarla. El insoportable sistema tributario de la colonia desató la ira popular e hizo estallar, el 16 marzo de 1781, la revolución comunera, una inmensa avalancha insurgente empujada por la inconformidad de la necesidad desatendida, del sufrimiento de los desheredados nunca comprendidos, era un pueblo que liberaba su ira contenida que se rompió como los edictos en las manos de Manuela Beltrán. La burguesía temblaba ante la ‘plebe’ insurgente dispuesta a liberar a los esclavos y a la consigna de Galán de “Unión de los oprimidos contra los opresores”. Hicieron cuanto pudieron por la capitulación del movimiento y, esta misma oligarquía, se encargo de capturar a José Antonio Galán e injuriarlo; la iglesia, representada en el Arzobispo español Caballero y Góngora, lo calumnio y maldijo su descendencia. Quemaron su casa y la regaron con sal. Lo condenaron a muerte, desmembraron su cuerpo y enviaron sus partes a las provincias levantadas como escarnio. Un episodio típico de la inquisición y del terrorismo de Estado.

La descendencia de esta oligarquía, la tramposa del florero de Llorente, no contaba que ese 20 de julio de 1810, el verdadero grito de independencia estaba contenido en las gargantas de los oprimidos que habitaban las covachas miserables santafereñas que habían interpretado la traducción, por Antonio Nariño, de los derechos del hombre y del ciudadano; que al ímpetu del héroe José María Carbonell, lanzarían al vuelo las campanas anunciando la continuación de la gesta comunera y se lanzaron por miles contra las autoridades españolas. La memoria registra cómo Acevedo y Gómez y sus secuaces, custodios de los intereses del imperio y los suyos propios, reprimieron a los inconformes encabezados por José María Carbonell y Antonio Nariño.

Igualmente, en la gesta de independencia reaparecen con renovada ambición aprovechando el genio militar del Libertador y desenfundando sus odios y conspiraciones contra su proyecto político. Solo querían sustituir al poder español. Se complotaron con el gobierno de James Monroe, de Estados Unidos, contra la Gran Colombia, destituyeron a Bolívar del mando del Ejército de Colombia cuando se aprestaba a tremolar los estandartes en las alturas de Ayacucho, atentaron contra su vida una noche septembrina de 1828, derrumbaron su proyecto político, asesinaron en Berruecos al Mariscal Antonio José de Sucre, endeudaron al país con Inglaterra, abrieron campo a la corrupción, fusilaron a oficiales leales a Bolívar y otros fueron conminados al destierro. Derogaron los decretos que emanaron del espíritu de la República, de la soberanía, la igualdad y la felicidad social. Y con la muerte del Libertador, aún no queda saciada la venganza de esta oligarquía santanderista.

La revolución de medio siglo (abril a diciembre de 1854), sería nuevamente aplastada por una confabulación liberal conservadora con el apoyo en armas de estados Unidos, Alemania Inglaterra y Francia. El último General del Libertador, José María Dionisio Melo, fue condenado al destierro con 200 revolucionarios, les confiscaron sus bienes y fueron enviados a pie a Panamá. El General Melo, uno de los pocos sobrevivientes, combatió contra la invasión del filibustero Walker a Nicaragua y murió en Chiapas, México, defendiendo la independencia del pueblo mexicano. Eminente internacionalista y antiimperialista.

Esa misma casta oligárquica, decretó la guerra de los mil días contra el alzamiento popular del 17 de octubre de 1899. Con el auspicio del gobierno norteamericano, le impuso la desmovilización el 1 de junio de 1903 y el 3 de noviembre, sus aliados norteamericanos, mutilan de Colombia el departamento de Panamá. Luego, el 5 de octubre de 1914, mató a golpes de hacha al más extraordinario líder de la rebelión, el general Rafael Uribe Uribe.

Es la misma casta en tránsito a burguesía que abrió esclusas a los capitales gringos y endeudó al país. La misma que cometió el crimen contra miles de trabajadores el 5 y 6 de diciembre de 1928 por mandato de la United Fruit Company. Aún resuena la voz ardiente de Jorge Eliécer Gaitán en el Congreso Nacional recordándoles que: “en este país el gobierno tiene la metralla homicida para los hijos de la patria y una temblorosa rodilla en tierra ante el oro americano”.

Nadie duda que en Jorge Eliécer Gaitán se enfocaron las encendidas luces de los mártires de los oprimidos de la patria, que vencieron la distancia del tiempo, desde los indios rebeldes a los que pertenecía su raza, Galán, Carbonell, Nariño, Bolívar, Sucre y Rafael Uribe Uribe. Gaitán, hombre integro, a quien inútilmente trató de sobornar la CIA y la oligarquía colombiana. Había hecho una revolución dentro de su alma donde fecundó el amor infinito por los pobres y las ideas socialistas. De ahí su frase: “Nunca he querido ser como ideal de vida, ser otra cosa que el capitán de mi propia existencia y poner cuanto soy, acompañado o en la soledad, al servicio de los desposeídos”.

Quienes mataron a Gaitán no calcularon que su pensamiento trascendería en los posteriores alzamientos revolucionarios. El programa agrario de los guerrilleros de Marquetalia y la plataforma bolivariana resumen el ideario de los mártires, su memoria no podía más que levantarse en armas contra esa oligarquía de traganiquel que ha fraguado tantos crímenes, que ha usufructuado el sacrificio de nuestro pueblo, que ha encendido en llamas a Colombia y, en medio de ellas, ha practicado el despojo de la tierra, beneficiado sus capitales y los del imperialismo norteamericano, imponiendo un régimen miserable para los de abajo y de sobrados privilegios para los de arriba.

También asesinaron a los comandantes guerrilleros Raúl Reyes, Iván Ríos y Jorge Briceño, destrozados como ayer Galán, pero ahora con la potencia de las bombas gringas. Sus cuerpos inermes, mutilados y vituperados, fueron exhibidos por los medios con el fin de aterrorizar la resistencia de los pueblos que luchan por la libertad. Igualmente al cura guerrillero Camilo Torres Restrepo, a Jaime Pardo Leal y toda una generación de extraordinarios dirigentes y militantes revolucionarios. Manuel Marulanda Vélez, un liberal, por cuya claridad abrazó las ideas comunistas, sucesor de los mártires, hizo trascender su gesta libertaria. En mil batallas salió invicto y partió a encontrarse con ellos en el altar de la patria con la tranquilidad de haber dejado trazado el camino para que los pobres puedan llegar al lugar desde donde decidan por sí mismos su destino. Deja un Ejército Revolucionario: las FARC-EP, unas Milicias Bolivarianas, un Partido y el Movimiento Bolivariano donde vive activamente la memoria histórica que da luz a la lucha de los oprimidos contra los opresores y en sus manos la espada de combate del Libertador Simón Bolívar.

Evocando las palabras del artista griego THEODORAKIS, surgidas al contacto con el cálido y sosegado Museo Gaitán: “Aunque la tierra guarde por muchos años en su entraña los cadáveres de los líderes, estos no regresan a la superficie como árboles sino como héroes”. Así es, ellos son el alma de un pueblo embravecido que no soporta morir y vivirá peleando hasta la victoria.

Por la restauración moral de la República: ¡a la carga!

¡Viva la memoria de Jorge Eliécer Gaitán!

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