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Publicado en la categoría: Comunicados
Lunes, 28 Septiembre 1998 11:39

Saludo al 17 congreso del Partido

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Camaradas delegados e invitados al 17 congreso del partido:

Hacemos llegar nuestro saludo revolucionario a todos los asistentes a este evento y nuestra voz de aliento a sus deliberaciones que deseamos sean una reanimación del compromiso con los intereses estratégicos de nuestro pueblo y por las transformaciones radicales de la sociedad.

Terminando el siglo XX, el sistema capitalista ha demostrado su incapacidad para solucionar los problemas de la humanidad y para superar los grandes retos que se le plantean. Los espantosos  abismos entre ricos y pobres, entre desarrollados y atrasados, entre quienes dominan y dominados, entre los dueños de la tecnología y sus usuarios, entre los imperios y sus colonias, son cada vez mayores.

Solo la perspectiva cierta de una sociedad socialista hará renacer las esperanzas de los pueblos del mundo, a condición de clarificar las enormes equivocaciones que se presentaron en el desaparecido campo socialista liderado por la unión soviética.

De la gran cantidad de elementos que esa experiencia enseña, queremos mencionar tan solo dos:

1. La concepción marxista‑leninista del mundo es esencialmente creadora y dinámica, lo que nos obliga a un análisis permanente que proyecte las metas y las conductas en armonía con las nuevas situaciones que se van generando.

2. El partido de vanguardia y especialmente su dirección, se deben al pueblo que orientan y dirigen, pues de lo contrario se burocratizan y pierden la perspectiva revolucionaria con las consecuencias que ya conocemos.

Y resaltamos estos dos elementos, para que aquí en Colombia, quienes debemos jalonar las luchas revolucionarias reflexionemos a fondo sobre el papel a jugar en las actuales circunstancias.

Sabedores de la estrategia imperialista para América latina, de sus concepciones de seguridad nacional y de la ejecución del terrorismo de estado, no se ha acertado en la aplicación y desarrollo de una política integral de combinación de todas las formas de lucha de masas, que acentúe su accionar en aquellas que la situación exige.

No se ha respondido con toda la beligerancia combativa de que es capaz nuestro pueblo, en el marco de una estrategia clara de confrontación ofensiva contra el régimen, que comprometiendo a toda la militancia partidaria sirva de brújula a los sectores populares ante el criminal embate oficial.

Así, mientras el terrorismo de estado incrementaba sus acciones de liquidación de revolucionarios y de arrasamiento en sus áreas de influencia, el partido persistía en una conducta legal y abierta, valerosa y heroica pero equivocada por los costos orgánicos, humanos, sicólogos y políticos que hoy se balancean en este evento.

Desde el 12 congreso hemos insistido en que el partido apruebe y disponga su clandestinización como una forma particular de trabajar por el desarrollo del movimiento de masas y de afianzarse en él, otorgándole mayores garantías a la militancia y a quienes manifiestan su voluntad de organizarse para luchar por los cambios en las variadas trincheras que la extendida lucha política y social, posibilita.

La agresiva y criminal actitud del estado no permite otras opciones. No se trataba ni se trata de una propuesta voluntarista expuesta al azar. Tampoco de la solución total. Solo, que las circunstancias históricas en que luchamos nos han impuesto condiciones ineludibles si buscamos construir sólidamente los caminos que nos conduzcan a la nueva patria. Muchos de los espacios políticos que pretendimos conservar nos fueron arrebatados a los tiros con el asesinato aleve de gran cantidad de valiosos camaradas asesinados en estado de indefensión así como de muchísimas gentes que influíamos, lo que reclama una muy  profunda reflexión de este congreso.

Es que cuando se habla de la seguridad del partido y del movimiento de masas, no se puede hacer referencia exclusiva a los aparatos, sino a una concepción de lo que debe ser nuestra actividad y por ende nuestra conducta en el cumplimiento de los planes y de las tareas revolucionarias que generen confianza y se sustenten en la certeza de la victoria.

No se acierta tampoco, cuando tozudamente se insiste en la participación electoral aún en las más adversas circunstancias, mientras el estado continua accionando su maquinaria de muerte contra el partido y sus áreas de influencia. El aserto leninista, diseñado en las condiciones de la Rusia zarista, no es una camisa de fuerza para la Colombia de hoy, no puede serlo ante la trágica evidencia de que no estamos abriendo nuevos espacios, sino por el contrario, perdiendo cuadros y activistas asesinados inermes con la aprobación y cínica complacencia de los gobernantes de turno.

Muy al margen de la voluntad de todos nosotros, la lucha de clases en Colombia ha adquirido características sumamente violentas que debemos enfrentar con la eficacia suficiente como para que propios y extraños estén ciertos de la justeza de nuestros planteamientos y de la indoblegable voluntad de los comunistas por concretarlos.

Por eso, (falta un pedazo) al que asumen como un fin en sí mismo y no como medio que posibilita acumular y ampliar fuerzas en función de los nobles y altruistas objetivos de la revolución colombiana. Algunos, han llegado incluso a alejarse de las filas partidarias cuando no han logrado su personal aspiración en la definición de las listas.  Otros, han competido por ganar el máximo de gabelas y canonjías personales cuando han sido ubicados en distintas esferas de la administración pública, para no mencionar similares actitudes que se han presentado a nivel del movimiento sindical y de masas. Todo ello confunde, frustra y aleja de la influencia revolucionaria a las gentes que aspiran a combatir organizadas por una patria nueva y diferente, bajo la conducción de los comunistas.

Las condiciones de lucha que nos ha impuesto el régimen, exige de todos los revolucionarios realismo, compromiso, sacrificio, beligerancia y creatividad, ligados a la lucha popular cotidiana, contribuyendo a su éxito,  para así ir forjando seguridades en la perspectiva de más grandes luchas, pero por sobre todo, en la certeza del triunfo final.

Ello requiere absoluta claridad y firmeza en los objetivos revolucionarios de la lucha por la toma del poder y de la construc (falta un pedazo) absoluta consecuencia en la actitud de cada comunista, en su vida personal, en su vinculación a la lucha, en su entrega y desprendimiento en su amor a la causa y a la organización, en su capacidad y en su ejemplo, particularmente de sus cuadros porque como decía Lenin: "no basta tener una línea justa".

La crisis que vive el partido, es consecuencia de no haberse entendido y desarrollado en su real dimensión, la sabia orientación de combinar todas las formas de lucha de masas, haciendo hincapié en aquellas que la situación exige, para alcanzar el objetivo del poder político.

Es evidente que en las condiciones del país, ante la criminal y reaccionaria actitud de la oligarquía y del imperialismo, se hace necesario discutir y aprobar una política militar del partido, que articulada con su estrategia política comprometa en su ejecución y puesta en práctica a todo el colectivo.  Ello clarificaría la perspectiva revolucionaria de nuestro pueblo y confianza en la búsqueda del objetivo.

En la puerta de un nuevo proceso de diálogo, debemos reiterar que la solución política de la crisis nacional es un objetivo de los comunistas. Pero también vale la pena recordar que las condiciones de la lucha por el poder no las imponemos nosotros, sino la clase dominante. Todos sabemos que estamos frente a un enemigo que históricamente ha utilizado la violencia para acallar la voz de los explotados, que no va ceder en sus privilegios del usufructo del poder por voluntad propia. Y que solo a través de la fuerza, de la combinación más variada de la lucha y beligerancia popular, va a ser posible cambiar las relaciones de poder en nuestra patria.

Mientras la guerrilla fue un movimiento periférico que no amenazó significativamente la máquina del estado, la oligarquía y el imperialismo utilizaron el garrote y las migajas de pan para su tratamiento. Algo ha cambiado de aquellos tiempos y hoy las condiciones para conversar sobre la salida a la crisis adquieren otra dimensión. Pero solo un pujante movimiento armado revolucionario, ideológicamente sólido e indisolublemente ligado a un amplio y combativo movimiento de masas será capaz de alcanzar las salidas populares que Colombia reclama.

Todo ello, en el marco de una estrategia clara que tiene como objetivo el poder político. Ni un solo paso, ni un solo planteamiento, ni una sola orientación que lesione la estrategia definida desde nuestros orígenes.

Solo la profunda y absoluta consecuencia con ella en la actividad diaria y la convicción que el enemigo no ha cambiado sino perfeccionado sus planes para liquidar la acción revolucionaria del pueblo, es garantía de la victoria.

Y todo lo que le afecte, es nocivo: la vacilación en los principios, el legalismo, el acomodamiento, la pérdida de confianza en el futuro, el distanciamiento con las bases y con el pueblo, la aceptación de las lisonjas gubernamentales y oficiales, la inmoralidad, el lucro personal.

Mientras que el estado públicamente habla de paz, desarrolla nuevas estrategias de represión y muerte, trabaja por mejorar su aparato militar y por adecuar las reglas del juego político a sus intereses de clase, la crisis económica, como siempre, se traslada a los hombros de los explotados, el deterioro de vida de los trabajadores y el desempleo se acrecientan, en un ciclo miserablemente repetido que debemos de romper.

Ha sido tenaz el camino recorrido y será duro el que nos falta, pero no más largo. La consigna de el presente es de lucha, el futuro será nuestro, adquiere toda su dimensión. Nos esperan grandes luchas si de verdad queremos dejarle los cimientos de una nueva patria a nuestros hijos.

El partido afronta el reto en este congreso de persistir en su crisis o de romper con esta etapa aciaga y gris de su existencia, tomando las decisiones que rescaten su funcionamiento leninista y lo coloquen de frente, con claridad y fortaleza en la conducción de las luchas del pueblo por los cambios revolucionarios precisando que la agresiva política del estado por detener la rueda de la historia debe ser vencida con la confrontación en todos los terrenos, al tiempo que vamos fortaleciendo y proyectando las organizaciones populares, políticas y militares, soportes de la nueva Colombia.

Viva la revolución colombiana!
Viva la memoria de los mártires de las luchas populares colombianas!
Viva el marxismo‑leninismo!

SECRETARIADO DEL ESTADO MAYOR CENTRAL DE LAS FARC‑EP

Septiembre de 1998


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