DIALOGOS   -   MUJERES    EnglishPortuguesItaliano
DIALOGOS DE PAZ   -   MUJERES    EnglishPortuguesItaliano
Publicado en la categoría: Desbrozando Ideas

De Pollo a Gallo

Escrito por  María Aureliana Buendía
Tu votación
(2 votos)
0
2
0
s2smodern
powered by social2s

"La insurgencia fariana en sus diferentes etapas de desarrollo exigió de sus combatientes dar lo mejor de sí (...) todos debíamos empeñarnos en la formación política y militar, en la actitud frente a las tareas, en la confrontación misma, en el trabajo cotidiano, en una altísima disciplina, y muy especialmente en la relación entre combatientes y la población, las masas".


Los procesos revolucionarios tienen momentos dramáticos, momentos felices, trascendentes, de dolor y rabia y momentos definitorios. Todos ligados a los seres humanos, a su actividad, a su aporte a la causa libertaria, a su práctica cotidiana. El trasegar en la lucha tiene esa virtud tan especial de mostrar a la gente tal cual es, con rasgos fundamentales de su genética y con los construidos y moldeados por la vida y la militancia, a veces suman y a veces restan, se complementan, se funden y producen seres excepcionales. Y eso es magnífico para el aporte de cada uno al triunfo revolucionario.

La insurgencia fariana en sus diferentes etapas de desarrollo exigió de sus combatientes dar lo mejor de sí, independientemente de la edad, experiencia, cultura y educación, todos debíamos empeñarnos en la formación política y militar, en la actitud frente a las tareas, en la confrontación misma, en el trabajo cotidiano, en una altísima disciplina, y muy especialmente en la relación entre combatientes y la población, las masas.

En los colectivos humanos pequeños o grandes y más en una guerrilla motivada por fines altruistas, surgen figuras que definen el carácter de esta, que son queridos por todos, que motivan e inspiran. Son seres que en cualquier circunstancia no sucumben ante la mediocridad, no aceptan el acomodo, se arriesgan, llevan una vida vertical exigente con ellos mismos y los demás. Vemos a Manuel Marulanda, a Jacobo Arenas en las batallas de Marquetalia, recorriendo a pie la geografía patria, subiendo y bajando cordilleras, durmiendo en los gélidos páramos, construyendo el instrumento revolucionario que puso en jaque al poder en Colombia.

Hoy nos reclamamos sus herederos, los continuadores de su gesta. Firmamos un Acuerdo de Paz con el Estado y seguimos incansables luchando por afianzar el cambio político que se desató con ese pacto. En esa tarea hemos visto el desempeño de nuestros jefes, en otras circunstancias, otro nivel de exigencias, pero en esencia lo mismo: abrir surcos en la historia, estar por encima de la mediocridad, ponernos a la altura de lo que el país necesita.

Carlos Antonio Lozada, negociador plenipotenciario de las FARC-EP, con la experiencia adquirida en el Caguán, fue jefe de la subcomisión técnica del conflicto en sus aspectos militares. Ahí se destacó por el conocimiento profundo de las Fuerzas Militares del Estado, la política propia y por dar soluciones prácticas a los grandes problemas de la negociación.

Antes había dirigido la Red Nacional Urbana de las FARC-EP en Bogotá. Es decir, el teatro de operaciones de Carlos Antonio y su estructura de combatientes, era en la entraña misma del enemigo, la ciudad más custodiada, mejor vigilada y más militarizada de todo el país. Los camaradas del Frente Antonio Nariño, cumplían de manera destacada las tareas y misiones del Secretariado Nacional, encaminadas al cumplimiento del Plan Estratégico. Ni a Carlos Antonio ni a sus tropas les importaba no tener el reconocimiento que otras unidades de la organización tenían, sabían que el silencio era su mejor aliado.

Pero mucho antes de ser el jefe del trabajo urbano de Bogotá, Carlos Antonio, a los 17 años, había ingresado al 6º Frente de las FARC, comandado por Miguel Pascuas. Como guerrillero raso aprendió las artes de combatiente fariano, ranchar, pagar guardia, salir a exploraciones, participar en horas culturales, haciendo caletas, orientándose en el terreno y lo más importante la subordinación, la disciplina, la confianza en el movimiento y en sus jefes. Participó en combates y activamente en la vida política del Frente.

Por esa época el Secretariado Nacional había destacado a Javier Delgado a trabajos logísticos del movimiento. Delgado se mostraba como un hombre inteligente, astuto y práctico. Resolvía efectivamente desde los problemas más pequeños, como comprar ropa interior o uniformes, como misiones militares de consecución y compra de armamento. Se volvió casi imprescindible en los frentes. Carlos Antonio fue escogido por el mando para trabajar con Delgado.

La historia de traición y conversión de Javier Delgado es conocida. En síntesis: como revolucionario, José Fedor Rey (Delgado) fue buen combatiente, la organización sacó lo mejor de él, mientras que en manos de la inteligencia militar colombiana se volvió una piltrafa humana, no tuvo las suficientes convicciones y la cobardía lo aniquiló.

Comprometido con el enemigo y ya en misión de infiltrado, quiso seguir influyendo en los frentes por intermedio de sus mandos. El Secretariado Nacional emprendió una gran batalla para desprender a la mayor cantidad de gente posible de las garras de Delgado.  Esto decía el Secretariado: “Por nuestro lado, resultan implicados hasta los tuétanos miembros del EMC [Estado Mayor Central] y de otros niveles de mando, quienes estaban siendo manipulados en oscuros propósitos fraccionalistas”[1].

El joven Carlos Antonio se orientó mejor que muchos mandos viejos y experimentados en esa delicada situación donde se entremezclaban todo tipo de intereses. En alguna de las tantas reuniones, donde se debatía ampliamente el tema, los testigos externos lográbamos oír sin entender mucho, las intervenciones apasionadas de Carlos Antonio.  Luego en cualquier receso oímos pedazos de conversaciones entre Jacobo Arenas y Alfonso Cano, felices porque en el grupo reunido encontraban fibra fariana y revolucionaria. Sobre Carlos Antonio, en particular, Jacobo no dejaba de repetir con una amplia sonrisa en los labios: “¡ese es el pollo! ¡Ese es!”

No se equivocaba. Hoy el pollo es un verdadero Gallo, representando los intereses populares en el Congreso de la República; nada quedó de su espesa y ondulada cabellera, pero sigue siendo el vehemente fariano de siempre, aquel que declamaba en las horas culturales “Una carta en el camino” de Pablo Neruda, sacando lo mejor de nosotros de cada alma guerrillera, el amor.

“…Ahora voy a contarte:
mi tierra será tuya,
yo voy a conquistarla,
no sólo para dártela,
sino que para todos,
para todo mi pueblo.
Saldrá el ladrón de su torre algún día.
Y el invasor será expulsado.
Todos los frutos de la vida
crecerán en mis manos
acostumbrados antes a la pólvora.
Y sabré acariciar las nuevas flores
porque tú me enseñaste la ternura.”...

(Fragmento de Una carta en el camino, Pablo Neruda)

 

 

-----

[1] “Resistencia de un pueblo en armas, Insurgencia beligerante”, pág. 292-293

Etiquetas:

Comunicados FARC-EP

Unidad y compromiso por la paz de Colombia

14-12-2018 Consejo Político Nacional

  Melgar, Tolima, 15 de diciembre de 2018. Continuando con la agenda de trabajo d... Leer más〉

Editorial

El proceso de paz no es  la panacea, es una posibilidad  de alcanzar la paz

10-12-2018 Rubín Morro

Los acuerdos de paz de La Habana entre el Estado colombiano  y las Fuerzas Armadas ... Leer más〉

Bloques y Frentes

Mi experiencia en la Unidad Nacional de Protección

05-08-2017 Angelmiro López Pabón

Sentí orgullo cuando la dirección de la unidad a la que pertenecía... Leer más〉

La pluma de Gabriel Ángel

Rodrigo Londoño, Timo, cuenta su emotivo encuentro con Sonia

26-11-2018 Administrador

Durante más de una década pervivió en mi mente el recuerdo impactan... Leer más〉

▶ Actualidad con NCNoticias

Orden Público

Unidades de las FF.AA amenazan con atacar unidades del frente 29

El ejercito que está en Ricaurte y continuan hacia nuestra dirección, han ...

Desde las prisiones

Carta Abierta De Los Presos Políticos De Las FARC-EP Al Camarada Simón Trinidad, Prisionero En Cárceles Del Imperio Yankee.

No sabemos si nuestra condición nos permite una sensibilidad diferente a la que p...