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Contenido de la Cartilla militar

  Capítulo I  

 
1. Capacidad de las FF.AA
2. El soldado de la burguesía
3. Inteligencia
4. Entrenamiento
5. Organización político militar
6. Contrainteligencia
 
 
     
  Cartilla de orden abierto de las FARC-EP

* CAPITULO I

6. Contrainteligencia  (nuestra)

Parte inseparable y de incalculable valor en la lucha armada es la actividad de inteligencia. La presente lección se dedica a tratar algunos aspectos de la contrainteligencia, o sea, la parte de la inteligencia dedicada a proteger nuestra organización. La contrainteligencia protege:

  1. La información nuestra.
  2. El personal miembro de la organización.
  3. Los medios con que contamos.

Se considera información nuestra tanto lo que nosotros conocemos del enemigo, como todo lo que nosotros nos comunicamos entre nosotros mismos (correos, órdenes, misiones, tareas, chismes, etc.).

Se consideran medios: el armamento, las instalaciones, los bienes, etc.

Los tres sectores son protegidos:

  1. Contra el conocimiento del enemigo.
  2. Contra los golpes del enemigo.

Para brindar esa protección, la CI convierte en plan ciertos principios, normas y medidas de la CI, las pone en ejecución y controla su cumplimiento.

El principio de la C.I. es el medio con que conseguimos el objetivo final de protección a la organización. Por ejemplo:

El secreto es el principio más importante de la C.I. Por medio del secreto conseguimos el objetivo de que el enemigo no nos conozca. Y la importancia de eso la comprendemos cuando miramos la verdad de que para golpear a alguien debe conocérsele, pues de lo contrario puede salirse golpeado, aunque el adversario pareciera débil.

Las normas son las bases sobre las que se levantan los principios. Las medidas son las actividades con las cuales se crean las bases. Por ejemplo: NADIE DEBE SABER MÁS DE LO QUE NECESITA PARA SU TRABAJO es una de las normas del secreto, y esa norma no se cumple sino con medidas como: “No averiguar sino lo que se considera necesario para poder cumplir una tarea”. “No dar más información de la que el comisionado necesita para el cumplimiento de su tarea”. “Clasificar las informaciones”. “Usar seudónimos”. “Lacrar la correspondencia”. etc.

Como vimos, el SECRETO es el principio más importante, es el primero a tener en cuenta en cada uno de los tres sectores y debe funcionar permanentemente.

El segundo principio de la C.I. es el de la VIGILANCIA, que también  debe funcionar permanentemente en cada uno de los tres sectores. Su falta puede ser tan mortal como la del secreto. La diferencia de importancia radica en el orden en que actúan sus efectos, es decir, en que la primera barrera que tiene que romper el enemigo para podernos golpear es el secreto y la segunda es la vigilancia.

Si hubiera garantía de que nunca se rompiera el secreto, no habría necesidad de vigilancia. Si hubiera garantía de que la vigilancia detuviera todo golpe no necesitaríamos el secreto. Y si hubiera garantía de que en cualquier circunstancia pudiéramos resistir cualquier golpe del enemigo, no necesitaríamos de ninguna C.I. Pero no ocurre así. Por eso no debemos hacer la guerra “a lo bruto”; por eso es mortal la fanfarronería que a veces se observa en algunos camaradas cuando dicen: “¡Para qué tantas medidas, si tenemos con qué darle al enemigo!”. fanfarronería que refleja un profundo desprecio por los dos principios nombrados. Tomamos medidas como el silencio, el borrar trillos, el camuflaje, etc., en busca del secreto y, si el secreto se rompe, no vamos a tomar medidas cuando ya nos caiga el golpe (como esa de disparar desde la hamaca con lo que tengamos a la mano), sino que ya tendremos las suficientes medidas tomadas, como campamento organizado, dispositivo para la defensa, centinelas suficientes y bien ubicados, etc.

Si tenemos una instalación, el primer principio a observar es el secreto y operan las normas para ello a través de medidas como camuflaje, como no dar a conocer eso a todos,  etc. Pero al  tiempo opera el principio de vigilancia para detectar si el enemigo está para descubrirlo o ya lo descubrió (la C.I. busca también detectar eso siempre) y para que el enemigo no tenga acceso a lo almacenado, no nos golpee con sabotaje o con destrucción o captura de lo almacenado.

Si tenemos alguna intención, algún plan, tomamos todas las medidas para que se cumpla la norma del secreto, pero al mismo tiempo, tomamos todas las medidas que puedan integrar un sistema que detecte si el enemigo ya conoció esa intención nuestra (es decir, si ya se rompió el secreto) y todas las medidas que nos permitan (si no nos dimos cuenta que ya se rompió el secreto) responder a la situación que se vendrá, o sea, a la trampa, al ataque enemigo.

A todas las medidas que tomamos para poner en práctica los principios del SECRETO y de la VIGILANCIA, las llamamos medidas de seguridad. Cada que vamos a hacer algo, lo primero que debemos preguntarnos es qué medidas de seguridad debemos tomar:

A. Para garantizar el secreto de lo que vamos a hacer.
B. Para detectar cuándo corre peligro el secreto o cuándo se rompe.
C. Para actuar en caso de golpe del enemigo. Por ejemplo, un plan de combate está formado a grandes rasgos por:
  1. Plan de marcha (o de aproximación al objetivo).
  2. Plan de combate.

El plan de marcha tendría en cuenta los siguientes puntos:

  1. La ruta escogida y la solución de los problemas que presente.
  2. Abastecimientos.
  3. Dispositivo u organización personal para la marcha.
  4. Contrainteligencia.

 La contrainteligencia en este caso consistiría en:

  1. Para el secreto del plan, tomar todas las medidas necesarias para poner en práctica la norma de que solo un reducido grupo del total puede conocerlo por el momento y nadie al exterior de la guerrilla puede saber nada.
  2. Secreto durante la marcha: tomar todas las medidas que garanticen que el personal no se entere aún sobre la dirección de la marcha y que el movimiento pase desapercibido entre la población civil.
  3. Para la VIGILANCIA, dispositivo para detectar el rompimiento del secreto y dispositivo para defensa del personal en caso de ataque durante el movimiento y durante los campamentos (exploraciones, descubiertas, avanzadas, centinelas, grupos de apoyo, etc.).

Hay que tener siempre en cuenta el punto de vista de la C.I., pues ese enfoque influye sobre el escogimiento de la ruta que garantice el secreto; en la forma de abastecerse y en la forma de organizarse la marcha, o enterarnos que fuimos detectados por el enemigo o para responder al ataque enemigo.

El principio de la vigilancia no solo opera como se ha visto. También opera tomando la forma de la observación personal que cada combatiente debe dedicar a todo lo que oye o ve: el estado de los bienes, armas, etc.

El comportamiento de los demás compañeros y de los civiles. Las conversaciones. El cumplimiento de las tareas. Las cosas anormales que sucedan dentro y fuera de la guerrilla. A través de esa observación permanente se puede descubrir la ruptura del secreto o la vigilancia antes que sea tarde, o el peligro próximo de esas rupturas. Con la observación personal permanente se garantiza la aplicación de todas las medidas de seguridad y la corrección de sus fallas.

Un tercer principio es el de la DESCONFIANZA, pero este opera como una característica personal propia de quien está dedicado a la lucha. Podemos decir eso mismo de otra manera: ¡EL QUE TIENE ENEMIGO NO DUERME! Como la mejor forma de conocer al adversario es acercársele, nosotros debemos desconfiar   de los amigos. Y como la mejor de las mejores formas de conocer al adversario es penetrarlo, nosotros no debemos confiar en nosotros mismos. La experiencia de todos los adversarios del mundo - incluidos nosotros - lo dice. Eso no significa que nos llenemos de una desconfianza paralizante tomando por enemigo al amigo y al hermano de luchas, sino que debemos mantener una desconfianza constructiva, que no nos deje olvidar nunca la aplicación de todas las medidas de seguridad que protejan a nuestra organización. Todo el mundo sabe que cuando uno no desconfía de alguien, por ejemplo, del hermano o de la novia, se descuida. Desconfianza no  significa necesariamente ver en esa persona al enemigo, sino desconfiar de su ignorancia o de sus flaquezas, etc. Si, por ejemplo, cuando un Comandante envía a uno o dos guerrilleros a cumplir una misión fuera del campamento, ordena traslado del campamento, ocurren dos cosas:

  1. Confía en los guerrilleros puesto que les confía misiones.
  2. Al mismo tiempo aplica el principio de la desconfianza constructiva.

Quien diga que ese Comandante desconfía de su gente, lo único que hace es socavar la confianza de esa gente en su Comandante, socavar la fuerza de la guerrilla. La verdad es que más confianza debe merecer ese Comandante que uno que no haga lo mismo.

La organización del trabajo de la guerrilla conforme a los principios de la contrainteligencia, corresponde a los Comandantes, pero su práctica es deber permanente de todos los combatientes sin excepción y los descuidos y negligencias en este terreno no pueden tener pretextos porque no se requieren grandes esfuerzos.

 

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