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Conferencia Nacional de Guerrilleros

Máxima instancia de las FARC-EP

El XV Congreso del PCC

* Octava Conferencia Nacional de Guerrilleros

El XV Congreso del PCC

Elementos para una discusión de sus tesis preparatorias

En 1964, la agresión a Marquetalia y otras zonas marcó el comienzo de una nueva etapa, la actual, de lucha armada en Colombia. En 1965 y en preparación del X Congreso del Partido, este recoge en un documento llamado Tesis Sobre el Movimiento Armado, la caracterización de la etapa que nacía y sus perspectivas; decía el documento:                                                          

“ ... La lucha armada puede surgir y desarrollarse en su forma guerrillera, aun cuando no exista aún una situación revolucionaria en el país, que pueda considerarse madura por todos sus aspectos. Sería negativo y fatal para el movimiento revolucionario, permitir pasivamente la destrucción de las organizaciones campesinas, con el argumento de que es necesario esperar la completa madurez de una situación revolucionaria para desplegar la lucha armada. A la agresión armada del enemigo hay que oponer en el campo la resistencia guerrillera y la lucha armada y cuando  las condiciones lo permitan deberá ser planteada igualmente en ciudades y centros de concentración proletaria... Entre la lucha de masas y la lucha guerrillera no hay contraposición alguna. La guerra de guerrillas es una de las formas más elevadas de la lucha de masas y solo se consolida y avanza allí donde tiene un carácter de masas. . . donde expresa sus intereses materiales e históricos... En las zonas agredidas por la política de sangre y fuego que se adelanta con el pretexto de exterminar supuestas “ Repúblicas Independientes ”,  la   acción guerrillera se ha convertido en la forma principal de lucha... en esas regiones, necesariamente todas las formas de lucha se convierten en auxiliares de la forma principal, la lucha armada. . .”

Estas tesis, que evidentemente no tienen un valor circunstancial pues permanentemente, han tenido una ratificación en sucesivos congresos partidarios; su justeza la ha demostrado ante la saciedad el desarrollo del movimiento revolucionario colombiano en sus últimos 25 años; confirmaban - confirman - un principio de la lucha de clases: Esta se eleva a sus más altas expresiones - la lucha armada, la guerra revolucionaria - en la medida en que la clase dominante cierre violentamente las posibilidades de otras formas de lucha - abiertas, legales,  pacíficas. En  función de ello no depende de la vanguardia revolucionaria determinar la vía de la revolución.

 

Vías de la revolución y formas de lucha

Llegados a este punto, es necesario delimitar los conceptos de “ vía de la revolución” y “ formas de lucha revolucionaria”. Para los comunistas colombianos estuvo siempre claro que la vía estratégica de la revolución era la vía armada, que el desenlace final, de las contradicciones de clase, el acceso del pueblo al poder, se dará ineluctablemente a través de las armas. Nuestro conocimiento del país, de la clase dominante, de su intransigencia y capacidad de violencia, nuestra propia historia, etc. Nos llevaron siempre a no hacernos ilusiones y a no fomentarlas en las masas.

Sin embargo dentro de esa concepción estratégica, hemos podido postular una táctica que, de acuerdo  a  peculiaridades regionales, - la violencia  oligárquica ha tenido  una aplicación muy  desigual - y al  grado  de desarrollo de las fuerzas revolucionarias; nos ha permitido combinar varias formas de lucha  de manera simultánea.

Jamás pretendimos que esa táctica de combinar diversas formas de lucha pudieran entrañar una suerte de paralelismo táctico con el cual arribar a una victoria revolucionaria. Hemos sabido bien que, dentro de condiciones bien fluctuantes, estamos enfrentados al cierre de las posibilidades de aplicación de las formas de lucha abiertas y legales y éstas - junto a todo el potencial de fuerzas revolucionarias y democráticas - tienen que subordinarse a la lucha armada.

Hoy, en Colombia, el imperialismo y la burguesía, han decidido generalizar el cierre de toda posibilidad de lucha legal en cualquier terreno. En sus términos librar “ una guerra preventiva”, en los nuestros pretenden abortar “ un proceso de acumulación de fuerzas ”, cuyo contenido ha sido la combinación de todas las formas de lucha.

 

La guerra sucia

Este modelo - el llamado “ conflicto de baja intensidad” -, ya ha sido aplicado exitosamente en varios países del continente, en los que se ha dado una destrucción de las fuerzas revolucionarias, echando atrás décadas enteras las posibilidades del cambio revolucionario. No es cierto aquello del “ restablecimiento de la democracia por obra de la lucha popular” en una serie de países hermanos. Simplemente el enemigo consideró suficiente el daño inflingido a las fuerzas populares y pudo, considerando alejado el peligro, restablecer ciertas formas de gobierno, sacando a flote el sistema capitalista.

Aquí la metodología es la misma, solo que se encarna en fuerzas aún más violentas y reaccionarias.

No se entiende muy bien por qué, a pesar de decir conocer el alcance real de la guerra que se ha desatado contra el pueblo colombiano, no solo se actúa de otra manera sino que se pretende elevar al rango  de  táctica  el  martirologio, legitimándolo en un congreso partidario.

Al enemigo no solo lo alienta su experiencia victoriosa en otros países, indudablemente lo estimula el éxito logrado en varios “ laboratorios” experimentales de su modelo: Puerto Boyacá, Puerto Berrío, Yacopí, etc.

Hay que recordar como en varios países este modelo demostró su absoluta inmunidad a la protesta por sus desmanes, sabía que     poco a poco la protesta   iría  en  disminución.  Paso  a  paso  fue  destruyendo todas las formas de organización popular pasándose por  donde quiso  a  la  “ opinión pública” mundial. Las características de la aplicación de la guerra los hacían intocables a sus ejecutores, allí como   aquí, las “ fuerzas oscuras”, los “ paramilitares”   eran los responsables. Así, movimientos populares inmensamente más grandes fueron despedazados; en países en los que la clase obrera era numéricamente más grande y organizada, donde los trabajadores tenían una educación política infinitamente más elevada que la poca que nuestro lamentable economicismo ha podido dar, fue reducida a la total impotencia por el terror.

 

Riesgos políticos : El oportunismo de derecha

Dicen que las avestruces al verse frente al peligro esconden la cabeza para no verlo y conjurarlo ignorándolo. Dicen también que ciertas dolencias mentales llevan al enfermo a negar la realidad y a construirse una “ realidad” ilusoria en la cual vivir cómodamente de espaldas al mundo.

Pero como no estamos preparando una convención de avestruces, ni un simposio sobre esquizofrenia, sino frente al más difícil congreso de nuestra historia, es preciso ser claros y directos en nuestras opiniones sobre  la tesis. El acomodarse a las circunstancias con prescindencia de los principios es a lo que los comunistas  llamamos  oportunismo.  Presenta  muchas facetas y variedades y se presenta indefectiblemente en momentos de crisis, de grandes cambios, se da, casi que naturalmente, en todo destacamento revolucionario en horas difíciles.

Los comunistas colombianos que hemos sido, a lo largo de nuestra historia un cuerpo compacto, no hemos dejado de padecer el flagelo oportunista en algunos períodos. A menudo lo zanjamos duramente y reposan sus huellas en nuestra historia disciplinaria, últimamente ciertas manifestaciones han sido tratadas con una extraña benevolencia.

Hacia 1979 - XIII Congreso, Estatuto de Seguridad, etc. - se configuró en nuestras filas, como “ corriente de opinión”, tal fue la pudorosa nominación, un grupo oportunista de derecha. En  “Tribuna” del XV Congreso se reseña el curioso itinerario de ese grupo. Su objetivo fue la descalificación rabiosa de la lucha armada en ese entonces: en pleno auge del militarismo y  la  represión  más cruda, se consideró de buen tono repudiar a los “ bandoleros que nos impiden ser un partido de masas ”. El XIII Congreso aisló y repudió al grupúsculo que desapareció de la escena, no sin prometer que, esperando mejores tiempos, “ acumularían fuerzas ”, para el próximo Congreso.

Pero el Congreso XIV se realiza en pleno auge del sin igual protagonismo político del movimiento guerrillero y con el mismo desenfado de cuatro años antes, se dedicaron, esta vez, a cantar loas a la guerrilla. Era estar inn. Algunos hasta se hicieron “ comandantes”; pero la amenazada “acumulación de fuerzas” continuó y el comienzo de la guerra sucia les deparó el retorno a la vieja prédica y pudieron medrar. La “guerra sucia”, como se sabe, ha conllevado un claro elemento de guerra sicológica: el chantaje a todas las fuerzas democráticas de condenar y deslindarse públicamente de la lucha armada a trueque de ser perdonados. En esta pretensión de aislar al movimiento armado, los ejecutores del tenebroso plan, han encontrado en el grupo oportunista una perfecta quinta columna: Lo que el militarismo y la extrema derecha tienen algún pudor de decir, los oportunistas lo dicen sin ningún recato; sus viejos argumentos se refuerzan hoy con la masacre, los masacradores tienen en ellos inapreciables aliados.

Más aún, la trillada monserga se eleva de categoría y por algún lado se cuela, disfrazada de ambigüedades e incongruencias, en las mismas tesis preparatorias del XV Congreso, como propuesta para cambiarlo todo, para el gran viraje, para un  oportuno timonazo a la derecha.

 

Algunas tesis discutibles

Es claro que podrá decirse que el período de preparación del Congreso es período de libre discusión y cualquier posición debe oírse y discutirse. Pero es que la forma en que están redactados puntos medulares de las tesis políticas del XV Congreso, seguramente van a hacerlo comulgar con ciertas ruedas de molino como las siguientes:

“ . . . La guerra sucia y los grandes operativos militares hacen que sectores cada vez más numerosos, estén siendo arrastrados a  la lucha armada, lo que quiere decir que esta crece sin que se hayan producido cambios cualitativos en el sistema político. . .” Pretender que no hay cambios, cuando en las mismas tesis se hacen amplios análisis demostrativos de cuanto ha cambiado el sistema político, no puede sino tener un objetivo: La negación de un nuevo enfoque táctico en consonancia con esos cambios. Podemos seguir adelante, aquí no ha pasado nada.

“ . . . No podemos decir que estamos en un  momento insurreccional, es decir, en una situación revolucionaria. . . Como dicen los personeros del militarismo, de guerra total. . .”

“ . . . debemos insistir en la necesidad de una solución política como alternativa a la guerra civil. . .”

Pensamos que no es buena la forma ambigua, imprecisa como se aborda el problema. Hay confusiones deliberadas en categorías como táctica y estrategia, situación revolucionaria e insurrección;
igualmente en calificar de “ políticas” a las acciones o soluciones armadas.

Es el lenguaje del enemigo, no debe ser el nuestro el que confunda así las cosas: ¿ Desde cuando, insistimos es “ político” lo pacífico y “ no político” lo armado ? Lenin mismo se apropió y usó en todo momento la frase aquella de que “la guerra es simplemente la continuación de la política por otros medios”. Ese maniqueismo conceptual, frente a militantes acostumbrados a sacralizar lo político”, solo puede llevar a comuniones con ruedas de molino; e iguales comuniones se pueden dar cuando se dice “. . . no podemos decir que estamos en un momento insurreccional, es decir, en una situación revolucionaria. . .” Desde cuando ambos conceptos son la misma cosa y que sentido podrá tener homologarlos?; en la práctica para intentar demostrar que aquí no pasa nada, que “no hay cambios cualitativos” y que las tareas abiertas y públicas siguen al orden del día.

En el desarrollo de las tesis, se hace progresivamente claro el por que de este lenguaje confuso, la confusión apunta a sustentar un cambio total en ciertos lineamientos estratégicos.  Veamos:

“En la nueva fase de la lucha política colombiana mantiene su vigencia la tesis de lograr una democracia avanzada. . .”, que “. . . no se opone sino que es la vía para las metas de una revolución popular hacia el socialismo. . .”

“El programa ( el de la democracia avanzada ) contiene tres elementos fundamentales: cambios democráticos profundos, incluyendo los estructurales e institucionales; objetivos sociales radicales, que  van dirigidos a los cambios de las condiciones de  vida y trabajo de las masas, a las modificaciones sustanciales de la propiedad agraria y al papel de los trabajadores en las instituciones estatales y sociales; y propuestas para erradicar las principales expresiones de la dependencia y la explotación extranjera: recuperación patriótica de los recursos materiales y nacionalización de los hidrocarburos, el carbón, el níquel y otros; nacionalización de los sectores claves de la economía y de las finanzas que actualmente detentan las compañías transnacionales; nacionalización de los grandes monopolios nacionales; moratoria de la deuda externa; liberación de los créditos atados y del control por parte del FMI; política internacional independiente y de paz y relaciones con todos los países en un pie de igualdad y de convivencia mutua. . .”

Cabría preguntarse ¿Es este el programa máximo a aplicar por una revolución triunfante? Según las tesis, no. Es algo que principalmente apunta “ a modificar las bases materiales y sociales de la reacción, sin lo cual no podrá construirse una democracia accesible al pueblo. . . No una democracia burguesa de tipo liberal, se trata de una democracia política y social en la vía al socialismo”.

Se nos dice además que esto será factible cambiando, como si lo anterior fuera poco “. . . la composición de clase del gobierno. . .” en la medida en que se conforme “ un gobierno de covergencia, pluralista, de signo unitario y funcionamiento democrático. . .”, basado en “. . . una política de compromisos, acuerdos con partidos y dirigentes, negociaciones y participación a todos los niveles. . .”

Más aún, el gobierno de convergencia no tendría el obstáculo tradicional que le impidiese expropiar al imperialismo, latifundio, burguesía industrial, comercial y financiera y narcotráfico de su poder, propiedades, rentas, ganancias, etc.; en la  medida en que podría modelar al aparato represivo a su imagen y semejanza, pues el plan prevé el destino de la represión, su conversión en fuerza democrática y antiimperialista, factor de marcha al socialismo. . .” el impulso de democratización de las FF.AA. les permitirá encontrar su rumbo, orientado hacia la preservación del patrimonio integral de la nación y la defensa de su soberanía. Este nuevo rumbo ha de estar reflejado en una doctrina militar democrática que identifique en primer término a las fuerzas externas que se oponen a nuestro desarrollo independiente como el enemigo fundamental y de acuerdo con ello defina la estructura y los medios de estas fuerzas armadas; así como los acuerdos militares con los países dispuestos a apoyar nuestro propio rumbo. . .” y por añadidura desaparecerán los ejércitos  del  sicariato,  pues, no  son  más  que “. . . subcultura de la violencia entrelazada con el militarismo ” y claro, desaparecido éste, el otro se extingue por sustracción de materia. *

Insistimos en lo que se pretende ignorar: no estamos en medio de un acceso de autoritarismo antipopular en el marco de la “democracia restringida ”.

Estamos siendo sometidos a las fases iniciales de una guerra de exterminio que va tras la destrucción total del movimiento democrático y revolucionario. Que esta guerra es producto de un sofisticado modelo que ya ha derrotado a las fuerzas populares de varios países del continente.

La monopolización demencial de la economía colombiana, el aterrador coeficiente de concentración de la propiedad agraria, el asalto permanente al erario y el ahorro nacional, etc., han ido decantando una oligarquía cada vez más diminuta, cada vez más rapaz, y, necesariamente, cada vez más violenta; esto último en la medida en que la concentración desmesurada de la riqueza tiene que hacerla sumiendo en la miseria y el desespero a todo un pueblo. Por ello no ha retrocedido ni retrocederá ante ningún crimen, tiene que acogerse a los dictados más siniestros del imperialismo y cerrar violentamente hasta el más mínimo canal de expresión de protesta.

Una clase dominante así no va a suicidarse, dejándose expropiar pasivamente, mucho menos sus amos y menos aún su último retoño, la burguesía coquera, todavía más rica y violenta.

Y, ¿De  verdad  cabrá  esperar  cambios  en  el  ejército  colombiano,
reciente signatario de los acuerdos de la XVII Conferencia de ejércitos americanos ?
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* Hasta aquí las sitas entre comillas corresponden a las Tesis Políticas del XV Congreso.

Durante décadas enteras venimos diciéndonos la mentira piadosa de la supuesta existencia de fuerzas sanas y patrióticas dentro de las FF.AA., de reservas morales y democráticas y lo cierto es que fuera de 2, acaso tres oficiales retirados, jamás se ha advertido una mínima fisura en la institución. Todo lo contrario, lo que presenciamos es el espectáculo siniestro, cada día más acentuado, de un ejército que divide la fidelidad entre el narcotráfico y la misión militar norteamericana y su tiempo entre el sicariaje y el robo, de una institución que, corrompida hasta los tuétanos, ha ligado su destino al de sus patrones.

El encarnizamiento con que la derecha viene cobrando los modestos resultados electorales de la izquierda, debería hacernos reflexionar.

A quien pretendemos engañar con esta estrategia delirante. ¿Acaso al enemigo, que, ante esta profesión de fe en sus valores, va a deponer la masacre? ¿Acaso a nuestro propio pueblo, para que, a pecho descubierto siga enfrentando el chaparrón de plomo, con la convicción de que la matanza es un  fenómeno pasajero, que está a la vista el tránsito a la democracia avanzada rumbo al socialismo? Mucho nos tememos que estamos en presencia de una grave expresión de oportunismo de derecha, que por la vía de la claudicación de principios esenciales, postula la conciliación de clases.

En base a estas consideraciones y en uso de nuestro derecho estatutario a participar en la elaboración de nuestros principios, damos a continuación nuestra opinión sobre los elementos que deben conformar  nuestros lineamientos tácticos y estratégicos.

 

Sobre la combinación de las formas de lucha

“Las grandes cuestiones de la libertad política y de la lucha de clases las resuelve, en último término, únicamente la fuerza, y nosotros debemos preocuparnos de la preparación y organización de esa fuerza y de su empleo activo, no sólo defensivo, sino también ofensivo.” * LENIN

El marxismo estima que el problema fundamental de toda lucha política es la cuestión del poder. Sólo con el uso de la violencia revolucionaria de las masas es posible derrotar la violencia institucional de las clases dominantes y conquistar el poder y construir una nueva sociedad.

Hemos enunciado y aplicado creadoramente, lo expuesto en el numeral 5 del capítulo VIII del programa del PCC, aprobado en el XIV Congreso:

“. . . Pero por encima de todo el Partido Comunista es el partido de la revolución colombiana, dispuesto a abrir a cualquier costo la vía de la revolución  en la  lucha  por la  toma  del  poder para  el  pueblo. . .”

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* V. I. Lenin. Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática. O.F. en 12 Tomos.
Tomo III, página 14.

La justeza de este principio no se ha traducido totalmente en la práctica  de participación, preparación y organización de las fuerzas de las masas y de la totalidad del Partido, para abrir la vía de la revolución hacia el poder.

Al Partido no le basta con tener un planteamiento acertado sobre la vía revolucionaria, se requiere de una práctica consecuente, es decir, que todo su trabajo se oriente y dirija dentro del proceso de acumulación de fuerzas para la toma del poder, lo que implica, en esta etapa, que la lucha armada se hace parte central de la actividad política, no significando en modo alguno que todo el Partido debe vincularse a ella directamente.

Debe el Partido, bajo la directa responsabilidad de su dirección, desarrollar políticas de educación, organización y formación de cuadros en función del crecimiento de la lucha armada y la subordinación a ella de otras formas de lucha, como condición indispensable para realizar su total vanguardia y retomar la vocación de poder.

Las experiencias de las revoluciones triunfantes, han demostrado la validez del principio Marxista - Leninista de la violencia revolucionaria para la toma del poder, rechazando toda ilusión de “transición pacífica” y toda tendencia al reformismo, al acomodamiento, a la legitimación de la legalidad burguesa.

Si no se previene y supera a tiempo el legalismo - tal como está formulado en las Tesis del XV Congreso - esta desviación traerá consecuencias funestas máxime cuando es perfectamente claro que la situación nacional de violencia tiende a agravarse y no  es  de  descartar  un  cambio  brusco  y  que deba pasarse a actuar en condiciones de ilegalidad.

Se  viene  abriendo paso entre nosotros la concepción oportunista  de  que  la paz lo vale todo. Que  deponer las armas sin condiciones, tal como quiere el reciente plan del enemigo, es la única vía para  abrir paso a las transformaciones revolucionarias. Bajo el gobierno Betancur pudo pactarse una tregua bajo la premisa de que la lucha armada revolucionaria tenía causas objetivas y que no desaparecería hasta que esas causas desaparecieran. Insistimos en que tal planteamiento es expresión del más craso oportunismo de derecha, la más vergonzosa conciliación con el enemigo de clase, es, después de matar el tigre, asustarse con el cuero.

Los llamamientos a la paz, cuando no marchan paralelos a la dirección revolucionaria para la toma del poder, sólo puede sembrar falsas ilusiones y corromper a la clase obrera y sus aliados históricos.

Lenin, en su artículo “El problema de la paz”, decía:

“ La consigna de la paz puede plantearse o bien relacionada con las condiciones pacíficas determinadas, o bien sin ninguna condición, como una lucha no por la paz determinada sino por una paz en general. Está claro que, en este último caso estamos frente a una consigna que lejos de ser socialista, es hueca, sin contenido, sin significación. Todos sin excepción alguna están de acuerdo con la paz en general, hasta Kitchner, Jofre, Hindenburg y Nicolás el sangriento, porque cada uno ellos desea terminar la guerra: el quid del problema consiste en que cada uno plantea las condiciones imperialistas de paz ( es decir, el saqueo y la opresión a los otros pueblos ) en favor de “su” nación. Las consignas deben ser planteadas con miras a explicar a las masas, con la propaganda y la agitación, la diferencia  irreductible  entre  el  socialismo  y  el   capitalismo ( imperialismo ), y no para reconciliar dos clases y dos políticas enemigas con un llamamiento a la unificación de cosas perfectamente distintas.” *

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* V. I. Lenin, Obras completas, Tomo 21.
Cuando la concepción marxista - leninista respecto de la toma del poder y del papel de la de la violencia revolucionaria, sean la guía de nuestro accionar revolucionario, estaremos dando pasos en dirección a dotarnos de las líneas político-militares y organizativas para triunfar.

Estas líneas político-militares se encuentran enunciadas pero no cabalmente aplicadas. Nuestra creadora táctica de la combinación de todas las formas de lucha, ha venido, en la práctica, siendo expuesta en una forma acomodaticia y maniquea. Algo así como que la combinación debe darse simultaneamente pero en espacios diferentes. Pretendiendo que la guerra se libre en el campo y se conserven los centros urbanos como islotes de paz, escenario de las formas legales y abiertas de lucha, así la violencia enemiga se ensañe igualmente en las ciudades.

Debemos resaltar en este análisis, que quienes no le dan a las ciudades su verdadero valor, trasladan mecánicamente experiencias revolucionarias de otras latitudes, en las cuales la estrategia de cercar las ciudades desde el campo fue fructífera.

Este traslado mecánico, y por ende antimarxista, excluye el desarrollo de la combinación de todas las formas  de  lucha  en  los centros  urbanos. Estimamos que ciertas corrientes reformistas, alimentadas por el más crudo legalismo, ha ido constituyendo al interior del Partido una corriente ideológica enraizada en una particularidad nacional: el legado del formalismo jurídico colombiano. Esta corriente ideológica ha incidido en la mentalidad de nuestros militantes y cuadros, trasladando los esquemas y  mecanismos del conservadurismo en política, y por ende, en el campo de la utilización de otras formas de lucha.

La sistemática condena de las acciones político-militares. Ya sean realizadas en el campo o la ciudad y la cuasi justificación de los planes de exterminio del enemigo, son muestras de esa “sicología del  legalismo”.

Estamos sucumbiendo a los efectos de una bien diseñada operación de guerra sicológica enemiga, que está convirtiendo en verdad aquello de que en Colombia hay planes de exterminio porque hay guerrillas. Esta falsedad, ya venga de Landazabal, Carrillo o Rojas Puyo hay que ponerla de pie: la violencia oligárquica fue primero; en Colombia crece la lucha armada como respuesta a la violencia enemiga.

Si no presentamos un combate frontal y decisivo, en los terrenos ideológico, político y organizativo, a esta tendencia de derecha no podremos plantearnos con la seriedad y la fundamentación científica debidas, las tareas propias que emanen de la línea que, como imperativo de la época, tenemos que asumir: la de la guerra de todo el pueblo.

En la actualidad, aunque de manera descoordinada  y sin planes, se dan las formas de lucha, en campo y ciudad, por organizaciones propias y por destacamentos de organizaciones hermanas.

Las  organizaciones  armadas  revolucionarias  vienen dando ciertos virajes, en lo ideológico, político, militar y organizativo, a partir del reciente proceso unitario del que ha nacido la Coordinadora Simón Bolívar. De la discusión fraternal y el encuentro de opiniones se ha ido adoptando, en conjunto, una concepción de guerra de todo el pueblo, para la situación del conflicto presente. Este hecho tiene una gran implicación estratégica, que con la parición de destacamentos conjuntos viene alcanzando importantes victorias y construyendo en lo teórico y en lo práctico, las bases sobre las que se edificará el ejército de todo el pueblo.

Al plantear nuestro programa la disposición a abrir  a cualquier costo la vía a la revolución en la lucha  de la toma del poder para el pueblo, ello tiene que significar necesariamente la movilización de las   masas en acciones revolucionarias, que en nuestras condiciones actuales y de futuro inmediato, tendrán que hacerse cada vez más violentas. Este accionar que rompe cada vez más con la legalidad burguesa no es otra cosa que la violencia revolucionaria. La violencia revolucionaria que lleve a derrocar a la clase dominante debe ser, indudablemente la violencia de las masas, que se manifieste bajo diversas formas.

La violencia revolucionaria debe apoyarse en dos fuerzas: la fuerza militar y la fuerza política, abarcando dos formas de lucha: la lucha armada y la lucha política y su adecuada combinación.

Para el triunfo de la revolución debemos contar con ambas fuerzas, utilizando audazmente la lucha armada y la lucha política de acuerdo a circunstancias y condiciones de momento y lugar.

La violencia revolucionaria no se apoya solamente en la fuerza armada, la lucha política no tiene por qué suponer la prescindencia de las armas.

El filo de la guerra sucia, de la guerra psicológica que entraña, del oportunismo de derecha que genera, no es otro que llevar a los revolucionarios colombianos a condenarse entre sí, en función de la forma de lucha en que unos u otros estén inmersos.

Las mutuas descalificaciones maniqueas, el meter cuñas entre los destacamentos revolucionarios es el objetivo primordial del enemigo y sus epígonos.

TRUONG CHINH  dirigente de la revolución vietnamita, respecto a la combinación de las formas de lucha planteó:

“ La combinación de  la lucha militar con la lucha política se alcanza a un nivel elevado: la combinación antes, durante y después de la insurrección para la toma del poder así como en la guerra de liberación; combinación tanto en el campo

como en las ciudades, entre el campo y la ciudad; combinación en los planes operacional, táctico y estratégico durante la guerra de liberación; combinación al máximo grado en la ofensiva e insurrecciones generales.” *

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* Truong  Chinh. Sigamos el camino trazado por Carlos Marx. Ediciones en lenguas extranjeras.     
Hanoi, 1969, pg. 64.

 

La guerra de todo el pueblo

“. . . el desarrollo de la guerra del pueblo: se inicia con guerrillas de pequeño tamaño, de extraordinaria movilidad, diluibles completamente en la geografía física y humana de la región; con el correr del tiempo se producen procesos cuantitativos que, en un momento dado, dan paso al gran salto cualitativo que es la guerra de movimientos. Aquí son grupos más compactos los que actúan, dominando zonas enteras, aunque sus medios son mayores y su capacidad de golpear al enemigo mucho más fuerte; la movilidad en su característica fundamental. Después de otro período, cuando maduran las condiciones, se llega a la etapa final de la lucha en que el ejército se consolida e, incluso, a la guerra de posiciones, como sucedió en Dien Bien Fu, puntillazo a la dictadura colonial. . .” *

CHE GUEVARA

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* Ernesto Che Guevara. Introducción a “ Guerra del pueblo, ejército del pueblo” del General GIAP.

La concepción de la guerra de todo el pueblo, es el más alto desarrollo de la ciencia militar proletaria, para avanzar victoriosamente en los procesos antagónicos de la lucha de clases en su más alto grado. No olvidemos ni por un instante la esencia y razón de ser de la lucha revolucionaria armada: la   conquista del poder político y la construcción de una nueva sociedad.

Esta concepción político - militar de la guerra de todo el pueblo guía su estrategia, su arte operacional y táctico dentro de marcos determinados por sus leyes generales y particulares, las cuales se desenvuelven no en forma lineal en el conflicto, sino en forma desigual, continuada y por lo general con la prolongación impuesta por el logro del objetivo estratégico: tomar el poder para el pueblo.

La guerra del pueblo es un método de lucha revolucionaria total; engloba todos los aspectos de la vida social: políticos, económicas, militares, culturales, técnicos. Esta estrategia global en dirección al poder, a través del método de la guerra del pueblo emplea múltiples métodos de lucha; combinapermanentemente la lucha política y la militar; la combinación de las luchas políticas no armadas con las luchas políticas armadas. Alcanza elevados niveles de desarrollo combinando permanentemente, antes, durante y después de las insurrecciones parciales o locales; combinando la lucha armada del campo con las luchas armadas de la ciudad; combinando la guerra irregular revolucionaria con los desarrollos de la guerra regular alcanzados; combinando las insurrecciones parciales y totales con la guerra revolucionaria del campo.

La lucha armada revolucionaria es antes que nada la obra de las masas populares del país, dirigidas por su fuerza o fuerzas de vanguardia.

La genial previsión de F. Engels contenida en la Introducción a “Las Luchas de Clases en Francia   de 1848 a 1850 ”, sentó las bases de la nueva concepción militar del proletariado. Examinémoslas y encontraremos la justeza del mismo:

“ Si han cambiado las condiciones de la guerra   entre   naciones, no menos han cambiado las de la lucha de clases. La época de los ataques por sorpresa de las revoluciones hechas por pequeñas minorías conscientes a la cabeza  de las masas inconscientes, ha pasado. Allí donde  se  trate  de una  transformación completa de la organización social,  tienen   que  intervenir directamente las masas, tienen que haber comprendido ya por sí mismas de qué se trata, por qué dan su sangre y su vida. ” *

Desarrolladas y aplicadas cuidadosamente estas previsiones, dotarán al movimiento comunista internacional de un importante punto de partida teórico para ir desarrollando los fundamentos de la nueva ciencia militar proletaria.

Posteriormente el camarada Lenin, enriquece  dichos planteamientos y con el Partido Comunista (Bolchevique) desarrolla para las condiciones concretas de la revolución rusa, el principio militar:          “El armamento de todo el pueblo ”.

Someramente nos hemos referido a los desarrollos de la ciencia militar revolucionaria, para crear interés en el colectivo por tan fundamentales temas y para salir al paso a la equivocada y grave desinformación existente en torno a la concepción marxista - leninista de la guerra del pueblo.

Sin ningún fundamento, algunos revolucionarios, más por  ignorancia
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* La cursiva es nuestra.

creemos nosotros, asignaron la creación y desarrollo de la concepción de la guerra popular, a Mao Tse Tung y al PCCh, como concepción, “sui generis”, solamente  aplicable al pueblo chino. Nada más equivocado y falto a las realidades de las experiencias revolucionarias por la liberación nacional, la independencia de los pueblos y clases oprimidas.

Este método de la guerra revolucionaria debe su existencia a la lucha misma de las masas populares y fundamentalmente a la elaboración teórica de los maestros del proletariado: C. Marx, F. Engels y V. I.  Lenin.

Vietnam, pueblo de victorias, da fe de la utilización creadora de este formidable método de la lucha revolucionaria.

Conocer y desarrollar las enseñanzas de las revoluciones triunfantes o no, hace parte importante del proceso de elaboración de nuestras líneas político-militares.

A través de más de un siglo de luchas revolucionarias, el proletariado internacional ha venido acumulando preciosas experiencias. Dominando cabalmente el criterio histórico concreto, partiendo de las particularidades de cada país podemos apreciar en toda su valía y contexto, los abundantes conocimientos adquiridos en las experiencias revolucionarias de otros países.

El  método marxista-leninista de la guerra del pueblo, combina las leyes generales y particulares de la guerra revolucionaria en el campo y las insurrecciones parciales y totales en las ciudades, convirtiendo el esfuerzo político-militar de las masas revolucionarias en un potente instrumento de liberación.

Quién absolutiza uno de estos aspectos de la lucha armada revolucionaria, la insurrección o la guerra revolucionaria en detrimento del otro o de los otros métodos de la lucha de masas, desconoce las formidables enseñanzas de los fundadores de la ciencia militar proletaria, C. Marx y F. Engels, respecto de su gran aporte: La concepción de Guerra Popular.

Analicemos cuidadosamente lo expuesto por F. Engels en su artículo La Derrota de los Piamonteses:

“ Un pueblo que quiera conquistar su independencia no debe señirse a los métodos  ordinarios de guerra. Las insurrecciones de masas, las guerras revolucionarias, los destacamentos guerrilleros por todas partes: he ahí el único método de combate gracias al cual una nación pequeña puede vencer una más grande, un ejército pequeño puede enfrentarse a un ejército más poderoso y mejor organizado ”. *

La combinación de las insurrecciones parciales con la guerra revolucionaria del campo, tiene continuadamente al enemigo contrarrevolucionario en una guerra sin frentes concretos, donde cualquier lugar es el campo de batalla.

Ejemplarmente comprendidas estas enseñanzas de la ciencia militar marxista-leninista y aun mejor aplicadas, los camaradas vietnamitas y el pueblo de Vietnam hicieron del método de la guerra del pueblo invencible forma de combate destruyendo el poderío imperialista yanki.

Nosotros como comunistas no podemos dejar de diferenciar la ciencia militar proletaria y la ciencia militar burguesa, ya que se distinguen radicalmente por el carácter de clase, por el contenido ideológico y por los fundamentos teóricos y metodológicos.
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*  Federico  Engels.  La derrota de los piamonteses, en Carlos Marx y Federico Engels, Obras, Dietz Verlag, Berlín, 1973. Tomo 12, pg. 213.

La insurrección como forma de la lucha armada revolucionaria, tiene leyes generales y particulares, las cuales deben ser cabalmente conocidas por los militantes y para ser aplicadas cuando los desarrollos de la situación revolucionaria así lo exijan.

“ Para ser coronada por el éxito, la insurrección debe apoyarse no en un complot, ni en un partido, sino en la clase avanzada. Este es el primer punto. La insurrección debe apoyarse en el empuje revolucionario del pueblo. He ahí el segundo punto. La insurrección debe estallar en el apogeo de la revolución ascendente, es decir, en el momento en que la actividad de la vanguardia del pueblo es mayor, cuando son más fuertes las vacilaciones de los enemigos y de los amigos débiles, equívocos e indecisos de la revolución. Este es el tercer punto. Por el establecimiento de estas tres condiciones, a propósito de la insurrección, el marxismo se distingue del blanquismo.

Pero en cuanto estas condiciones son dadas, es traicionar al marxismo y a la  revolución negarse a considerar la insurrección como un arte (es decir, prepararla política y  militarmente). ”  *

Lanzar una decidida y planificada campaña al interior del partido y del campo de la revolución, para conocer y estudiar las  teorías militares marxistas-leninistas.  De la estrategia y de la táctica y del arte de la guerra  de todo el pueblo. El desconocimiento por los militantes y cuadros en los terrenos teóricos y prácticos de esta ciencia, desemboca en el momento de pasar a dirigir la actividad  “espontanea ” o “ conciente ”  de las masas en profundos y graves desaciertos de índole estratégica  y  táctica.
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* V. I. Lenin.  Obras completas,  Tomo 21,  artículo  “El marxismo y la insurrección”.  Pags.  240-241

Alcanzar  una  formación  integral del  colectivo partidario pasa a ser orden del día, ya que si nuestra formación comunista no se nutre en una correcta concepción estratégica por el poder, no podremos estar a la altura de las exigencias históricas por cumplir.

La vocación de poder, asumida tesoneramente por los miembros del partido es de importancia decisiva. Comprendido ello tendríamos una línea justa.

Tener  una línea justa por si  no es suficiente, para el propósito revolucionario de la toma del poder. Es necesario emprender además un amplio trabajo de organización, a fin de movilizar y poner en acción todas las fuerzas sociales, todos los recursos materiales y morales con vistas a resolver las tareas concretas de la revolución.

Sin formación integral por parte de cuadros y militantes careceremos de principios y métodos revolucionarios adecuados  para triunfar.

El método de llevar a cabo la revolución, exige del revolucionario gran preparación, tener vastos conocimientos revolucionarios y dominar las leyes del desarrollo objetivo de la sociedad.

Como revolucionarios, en ningún instante, ni en el desarrollo de ningún trabajo en cualquier esfera de la vida social, política, económica, cultural, militar, técnica, nunca debemos olvidar el objetivo final de toda revolución: el poder.