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Publicado en la categoría: Bloques y Frentes
Viernes, 24 Diciembre 2004 10:43

¿Fracaso de una estrategia o cambio de método?

Escrito por  Bloque Magdalena Medio
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FRACASO DE UNA ESTRATEGIA

El Catatumbo: Mayo de 1999 a diciembre de 2004.

 auc-amenaza-poblacion.jpg29 de mayo de 1999: “Venimos para quedarnos y en un año no quedara ni un guerrillero en el Catatumbo” gritaban los paramilitares que venían del César mientras mochaban cabezas en forma indiscriminada en el reten que instalaron en el sitio Carbonera, en la vía Tibú La Gabarra, a pocos kilómetros del batallón Héroes de Saraguro y del puesto de policía de Refinería en donde a su paso les habían deseado “mucha suerte”. Minutos antes una pequeña unidad nuestra les había dado la “bienvenida”.

Fueron 5 años en que la región estuvo sometida a los más infames y crueles atropellos, abusos y crímenes por parte de la fuerza pública paramilitar orientada y conducida desde los cuarteles de la 5ta Brigada y la segunda División del ejército oficial de Colombia. Se trataba de cobrarle a una comunidad el pecado de haber buscado formas de organización y lucha para reclamarle al Estado por el abandono y  la miseria a que han estado condenados. 

Cinco años de connivencia de la fuerza publica paraestatal con la fuerza pública oficial donde cada vez que la insurgencia ponía los primeros en aprietos, llegaban los segundos en su apoyo con toda la maquinaria de guerra a su disposición y con el visto bueno de la mayoría de la clase política del departamento.

Transcurrieron  5 años en que la tierra del Catatumbo fue irrigada por la sangre inocente de humildes colombianos que solo buscaban asegurarle a sus hijos un futuro menos miserable labrando el campo,  y que se vieron obligados al cultivo de la coca después de los nefastos efectos de la “apertura económica” implementada durante el mandato del liberal Cesar Gaviria. Sólo quedan casas destruidas, cientos de fosas comunes, esqueletos a la vera de los caminos y los extensos cocales usufructuados por los jefes paramilitares después de asesinar a sangre fría a sus dueños, sin contar las miles de familias que hoy se hacinan en las grandes ciudades después de tener que abandonar abruptamente sus hogares dejando abandonado el fruto de su trabajo.

masacre-la-gabarra.jpg

Ahora nos hablan de arrepentimiento y perdón cuando no han sido más que un aparato para disimular la mano criminal de la Fuerza Pública oficial y han obrado con tal grado de crueldad e inhumanidad en su depredadora labor de exterminio de hombres, mujeres y niños, que solamente las mentes más depravadas y mezquinas podrían adjudicarles propósitos altruistas. Los paramilitares, integrados en su gran mayoría por cientos de muchachos  que vieron allí una oportunidad de trabajo, orientados y conducidos por narcolatifundistas y exmilitares corruptos unidos a grupos de 

criminales,  han sido un simple instrumento manejado desde las más altas instancias del Estado a los cuales han usado para tratar de impedir la organización y lucha del pueblo colombiano en búsqueda de un futuro mejor.

La verdad es que fracasaron. En estos 5 años el movimiento guerrillero mantuvo en alto su espíritu de combate, lucha y organización enfrentando la arremetida paramilitar de acuerdo a sus condiciones y posibilidades y hoy las FARC-EP en el Catatumbo a aumentando sus filas en mas de medio millar, hemos acrecentado nuestra capacidad combativa reafirmándonos cada día más en nuestros propósitos político militares y en nuestra disposición de acompañar al pueblo colombiano en las duras batallas por venir hacia la búsqueda de un país con Dignidad, Paz y Pan. 

En las FARC-EP nadie recibe sueldo. Aquí hemos llegado en forma voluntaria y nos hemos mantenido, por encima de todas las dificultades y sacrificios que exige este tipo de lucha, motivados únicamente por el deseo de contribuir a alcanzar los cambios que Colombia necesita para acabar con la miseria, el analfabetismo, la falta de tierra para los campesinos, la falta de salud y de vivienda, la injusticia y la entrega de nuestra soberanía; y en la convicción de que mientras subsista el actual estado de cosas y por parte del Estado se siga implementando la doctrina de la Seguridad Nacional, esos cambios sólo se alcanzaran y se podrán mantener con la participación del pueblo armado.

No podemos llamarnos a engaños ni hacernos ilusiones. El uso del terrorismo por parte del Estado para alcanzar su fines no ha sido abandonado. Mas bien se está institucionalizando, es decir, se están colocando a todas las instituciones del Estado en función de ello, desde el momento en que a la presidencia de la Republica llegó uno de sus principales exponentes y ejecutores, el narcoganadero Álvaro Uribe Vélez. De ahí que lo que se está produciendo en el Catatumbo es un simple relevo de tropas y la implementación de métodos más refinados para tratar de desvertebrar la resistencia popular.

Comenzaremos a ver desfilar los que encubiertos en ONGs promueven programas asistencialistas repartiendo migajas para que la gente pierda la perspectiva real de la problemática social y económica; al igual que llegaran personeros del establecimiento, vestidos de civil o de camuflado, con rimbombantes proyectos que solo enmascaran reformas miserables. Todos con un único fin: impedir la organización, la unidad y la lucha de la población por transformaciones profundas de la sociedad. Al igual que seguirán buscando trásfugas que traicionen al pueblo por unos cuántos pesos. 

Ante esto la única salida es consolidar mucho más la organización de las comunidades y donde no la haya aún, hay que construirla. Los que tengan condiciones para la lucha armada deben incorporarse a las FARC-EP, verdadero Ejército del pueblo. Es mejor pelear de pie que yacer en una sepultura, o vivir arrodillados y humillados. Los que por razones de fuerza mayor no puedan ingresar a la guerrilla, deben organizarse clandestinamente en las Milicias Bolivarianas, orientadas por las FARC-EP. La milicia desarrolla actividades de defensa armada, de información y vigilancia de la región. Los que no puedan ni lo uno ni lo otro, deben integrasen al Partido Clandestino para desde allí estar desenmascarando al sistema y orientando la resistencia al terrorismo de Estado.

De esta manera seguiremos juntando esfuerzos que nos permitan volver realidad los sueños de José Antonio Galán, Simón Bolívar, Jorge Eliécer Gaitan, Jacobo Arenas y de los cientos de hombres y mujeres que en el Catatumbo han regado con su sangre la tierra que los vio nacer y crecer.

Montañas del Catatumbo, diciembre de 2004

33 Frente, Mariscal Antonio José de Sucre.

Bloque del Magdalena Medio, FARC-EP


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