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Publicado en la categoría: La Pluma de Gabriel Angel
Jueves, 19 Enero 2017 16:17

21 De Enero, Centenario Del Nacimiento De Jacobo Arenas

Escrito por  Gabriel Ángel
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Como un faro, el pensamiento de Jacobo Arenas se encargaría de iluminar el camino de la organización hasta medio siglo después de su muerte.


Se puso de moda entre los historiadores afirmar que el siglo 20 fue un siglo breve, que se inició con la Primera Guerra Mundial y terminó con la desaparición de la Unión Soviética, una centuria reducida a poco más de setenta años. De acuerdo con ello, Jacobo Arenas, quien antes de ser guerrillero de las FARC se llamó Luis Alberto Morantes, habría sido por excelencia un hombre representativo de su tiempo, un testimonio vivo del siglo que le tocó vivir.

Nacido el 21 de febrero de 1917, cuando los cañones de todas las grandes potencias se enfrentaban demencialmente en Europa, y a escasos días de la caída del zar Nicolás II de Rusia por cuenta de la revolución rusa, mientras en Colombia se cumplía el gobierno de José Vicente Concha,  Jacobo estaría destinado a encabezar en el país la rebeldía armada contra los poderes establecidos y por el sueño de una sociedad mejor.

En Santander, departamento en el que transcurrió su infancia y juventud, conoció las grandes noticias de su tiempo, el valeroso debate adelantado en la Cámara de Representantes por el joven abogado Jorge Eliécer Gaitán, denunciando al gobierno de Abadía por la masacre de las bananeras, el final de la larga hegemonía conservadora y el ascenso del partido liberal al poder en 1930, los efectos de la crisis económica capitalista tras el Viernes Negro de 1929.

Su simpatía por las tesis del partido liberal, especialmente por la revolución en marcha, como llamó su paquete de reformas progresistas Alfonso López Pumarejo,  y la enjundiosa actividad política rebelde de Gaitán, lo habrían de conducir a hacer parte de las juventudes liberales de ese partido en Santander, desde donde seguiría de modo apasionado las desventuras de la República Española,  sus vicisitudes en la guerra civil y el tenebroso triunfo del fascismo franquista.

Jacobo prestaría su servicio militar en el batallón Guardia Presidencial en la capital del país, en donde tendría que prestar seguridad a doña Lorencita Villegas de Santos, esposa del Presidente, del cual saldría para la provincia de García Rovira a enfrentar la violencia conservadora contra las huestes liberales. Eran los años de la Segunda Guerra Mundial, de la heroica batalla de Stalingrado, de la derrota de la Alemania nazi a manos de la Unión Soviética. 

José Stalin y el pueblo soviético recibieron los elogios del mundo entero, empezando por los del Presidente norteamericano Roosevelt y el primer ministro inglés Churchill. El crimen de Jorge Eliécer Gaitán y la violencia oficial que se desató sangrienta desde el gobierno de Ospina Pérez, encontrarían a Jacobo Arenas en Barrancabermeja, como protagonista de la lucha que condujo a los diez días de poder popular en esa ciudad y luego a la resistencia armada guerrillera.

La táctica de la autodefensa campesina orientada entonces por el Partido Comunista coincidió de modo histórico con el levantamiento liberal en gran parte del país. Juan Gabriel Uribe, en su libro De Laureano a Álvaro Gómez, se encargaría de revelar la única entrevista radial de Jacobo Arenas con Álvaro Gómez, llevada a cabo durante la campaña presidencial que enfrentó al recio político conservador con César Gaviria y Antonio Navarro tras el asesinato de Carlos Pizarro.

Jacobo respondió al saludo del líder conservador de este modo: ¡Hombre! Nosotros hace cuarenta años estamos esperando la respuesta de la dirección liberal que nos iba a mandar auxilios económicos para las guerrillas del Llano con el fin de tumbarlos a Ustedes y aquí estoy esperando todavía. Álvaro Gómez le contestó: Sí… sí, esa fue una época muy difícil… No cabe duda que el espíritu rebelde de Jacobo lo situó siempre en el ojo del huracán de su tiempo.

Por eso mismo no tardó en militar en las filas del Partido Comunista, del que aprendió los fundamentos de la filosofía, la economía política y el socialismo, materias en las que con la lucha política y de resistencia armada terminaría convertido en un auténtico maestro. La guerra fría, la dictadura de Rojas Pinilla y sus embestidas contra diversas regiones agrarias, terminarían por convertirlo en un convencido de la justicia de la causa de la revolución y el socialismo.

Además, la existencia de la Unión Soviética y su papel en el campo de las relaciones internacionales, en el que representaba un freno a las aspiraciones de dominación mundial del imperialismo norteamericano, constituyó sin duda un importante papel en las luchas por la liberación e independencia de los pueblos colonizados de Asia y África, de los que emergieron importantes figuras que inspirarían el movimiento revolucionario universal.

Jacobo aprendería de todas ellas, pero sobre todo se apasionaría por un acontecimiento sucedido en el Caribe, el triunfo de la revolución cubana, que estremeció hasta los cimientos la vida política del continente. Cada una de las incidencias acaecidas en la Cuba de Fidel, la reforma agraria, las nacionalizaciones, la campaña de alfabetización, la derrota de los contrarrevolucionarios, el aplastamiento de los invasores de Playa Girón, entre otros, reafirmaron su convicción rebelde.

Desde las reformas en el régimen de tierras decretadas por López Pumarejo en su primer gobierno, los campesinos colombianos y varias comunidades indígenas habían desplegado una desigual lucha por la tierra, en procura de recuperar del latifundio las grandes extensiones que les habían sido usurpadas. Los distintos gobiernos decidieron ponerse del lado de los acaparadores de tierras y ejercer la represión violenta. La chispa rebelde estalló en Marquetalia en 1964.

Jacobo llegó allí unos días antes a cumplir su cita con la historia. Lo acompañaba Hernando González Acosta, y al recibirlos, Manuel Marulanda les expresó que con ellos sería mucho más soportable la guerra que se avecinaba. La experiencia acumulada por Jacobo en el movimiento de autodefensas campesinas comunistas resultó de enorme utilidad cuando se sobrevino la operación Marquetalia. Desde entonces brilló su condición de cuadro comunista.

De su mano quedó el testimonio de la agresión ordenada por el gobierno de Guillermo León Valencia, en desarrollo de la gran operación LASO diseñada en el Pentágono, que quedó grabada para la historia en su Diario de la Resistencia de Marquetalia. De la ametralladora, como llamaron sus compañeros de guerrilla su máquina de escribir, brotaron infinidad de cartas a personalidades y documentos como el Programa Agrario de los Guerrilleros que definirían el talante de las FARC.

Recién las FARC comenzaron la edición de la correspondencia entre Jacobo Arenas y Manuel Marulanda Vélez, la pareja de legendarios comandantes guerrilleros de cuyas mentes y armas surgió en pulso heroico contra el Estado colombiano la formidable organización revolucionaria armada hoy en tránsito a la vida legal. En el primer tomo de ella, que lleva por título Resistencia de un pueblo en armas, queda plasmada la titánica tarea de construcción de la fuerza.

La guerra del Vietnam, verdadera epopeya de la resistencia contra la dominación imperialista, puso de presente más que nunca hasta dónde era capaz de llegar la furia del capital en contra de los pueblos. A ella se sumarían los golpes de Estado planeados y dirigidos desde Washington, que ensangrentarían naciones enteras hundiéndolas en el terror. Entonces Jacobo se apersonó de la enseñanza sobre la doctrina imperialista de seguridad nacional, que denunció hasta su muerte.

La década de los ochenta en Colombia pondría de presente la descomposición de su sociedad. Desde el régimen, el nefasto gobierno de Turbay Ayala ponía de presente que el poder real permanecía en manos de las fuerzas militares, al tiempo que la clase política colombiana, liberal y conservadora, se inclinaba acomodada y servil ante los nacientes carteles del narcotráfico, que se aliaban con las fuerzas armadas y sus planes contrainsurgentes para crear el paramilitarismo.

En septiembre de 1982 declaraba a Caracol Radio: No es sino revisar esas declaraciones… están en los números 73 y 74 del boletín Resistencia. Y luego en el número 75 donde hacemos el planteamiento concreto de que el presidente Betancur, inclusive como Jefe de Estado, venga a hablar con nosotros. Le hemos pedido que constituya una amplia Comisión de Paz, con las facultades necesarias para conversar con nosotros y llegar a acuerdos.

Al inquirirle los periodistas porque las FARC no habían decaído en su actividad de lucha, dejaría para la historia estas palabras: Porque nosotros desde el primer momento, desde que se inició la agresión a Marquetalia y organizamos la resistencia de los campesinos, lo primero que nos planteamos fue la cuestión de organizar un ejército. E inmediatamente después, eso fue el 20 de julio de 1964, en una asamblea de guerrilleros, proclamamos el programa agrario.

Modestamente lo llamamos así, aunque es un programa de gobierno. Allí hacemos el trazo de lo que sería un gobierno democrático, progresista, revolucionario, en Colombia. Así que nosotros estamos perfectamente claros en el mensaje político que le llevamos a las masas que nos apoyan y por eso no tenemos otros movimientos. No somos de esos movimientos que se crecen como pompas de jabón y a los tres o cuatro años no existen o están debilitados. 

Nosotros somos algo completamente distinto: un grupo de personas que tiene una concepción política muy clara, que se han planteado una misión como es implantar aquí en Colombia, un gobierno democrático, patriótico, de liberación nacional. La mayor aspiración nuestra es que se llegue a un acuerdo por la pacificación progresista, para la búsqueda de una salida a esta situación de crisis que vive la sociedad colombiana… Vamos a ver cómo nos va con el doctor Betancur.  

Año y medio después Colombia conocería los Acuerdos de La Uribe y luego vería florecer la Unión Patriótica. Ya el mundo había contemplado cómo el gobierno de Ronald Reagan aplastaba al movimiento de renovación en Granada mediante una despiadada invasión de los marines. Y cómo la emprendía contra la triunfante revolución sandinista que había sacado del poder a Somoza, el títere de Washington en Nicaragua. El exterminio de la UP estaba cantado.

Para esa época Jacobo se convirtió en el contradictor público número uno, de todas las versiones nacidas desde el poder para justificar los crímenes y enlodar el creciente prestigio de las FARC ante el país y el mundo. Sin vacilación alguna denunció la campaña de la CIA, Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, contra el movimiento revolucionario, la democracia y el progreso de los pueblos, al insistir en acusarlos de actividades con las mafias del narcotráfico.

Explicó hasta la saciedad que si los campesinos de las zonas abandonadas sembraban coca era porque carecían de alternativa, no tenían cómo sacar sus productos a un mercado. La orientación de las FARC era no prohibirles pues se trataba de un fenómeno generalizado. Pero compren ganado, monten sus fincas, higienicen sus casas, eduquen a sus muchachos, porque de pronto esto de la coca se va a terminar. La gente simpatiza con esa orientación… y tiene que aceptarla.

La salida de Colombia del laberinto en que la habían introducido las clases dominantes reaccionarias y su gran prensa exigía reformas democráticas fundamentales que tuvieran la virtud de abrir la participación política a las grandes mayorías ignoradas, enajenadas y perseguidas. Por eso su voz promoviendo y convocando la realización de una Asamblea Nacional Constituyente encontró eco en diversos sectores. Incluso del régimen que la manipularía.

A su vez, la década de los ochenta sería testigo del grave giro que se desarrolló en la Unión Soviética con el acceso al poder de una facción pequeño burguesa, que tras el lenguaje de la modernidad y la tolerancia, envuelto en palabras como glasnot y peristroika, se empeñaría en desbarrancar el proyecto socialista de Lenin. A comienzos de 1990 las FARC serían estremecidas por la denuncia de Jacobo Arenas acerca de la restauración capitalista en la URSS.

Los hechos subsiguientes terminaron por darle toda la razón. Los problemas del desarrollo económico, social y cultural del socialismo real tenían que haber sido tratados con criterios comunistas, nunca con teorías neoliberales camufladas de discurso progresista. La muerte lo sorprendió el 10 de agosto de 1990, a pocos meses del desmantelamiento de la Unión Soviética a manos de Gorbachov y Yeltsin. Moría con el siglo, señalando a los culpables del derrumbe.

Jacobo Arenas jugó un papel esclarecedor en cada una de las conferencias nacionales de las FARC. Redactor de los informes a cada una de ellas, su talento quedó probado hacia el futuro en las conclusiones de la Séptima, que trazó los lineamientos generales del Plan Estratégico y significó un salto cualitativo de la organización en todos los sentidos. Victoria insurreccional o solución política al grave conflicto armado que vivía el país, esa fue su gran herencia.

Como un faro, el pensamiento de Jacobo Arenas se encargaría de iluminar el camino de la organización hasta medio siglo después de su muerte. La mayoría de los cuadros que habrían de integrar en el futuro el Secretariado Nacional de las FARC fueron escogidos y formados por él con cuidadoso celo. No hay duda de que el Acuerdo del Teatro Colón firmado el 24 de noviembre del año anterior lleva su impronta, el destino de Colombia no puede ser la guerra, había dicho él. 

Sabanas del Yarí, 21 de enero de 2017

Ver Video: https://youtu.be/Tmmobabf8vU


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