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Publicado en la categoría: La Pluma de Gabriel Angel
Martes, 14 Febrero 2017 03:24

El boom de los embarazos en las FARC-EP

Escrito por  Gabriel Ángel
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La paz trae sus nuevas, algo que debe reconocerse y admitirse. Y que reclama el cumplimiento cabal de lo pactado en la Mesa de Conversaciones. Sin excusas balbuceantes


De repente la prensa descubre una importante fuente de noticias que amerita incluso separatas, la oleada de niños de brazos, mujeres embarazadas y nacimientos que tienen lugar en las filas de las FARC con ocasión de los acuerdos de paz y la materialización del cese el fuego.

El interés de muchos cronistas se centra en la historia de vida de las madres y en su vida de pareja en la guerrilla, en su felicidad por la llegada del fruto de su amor, en las expectativas y sueños que se hacen para su próxima reincorporación a la vida civil tras tantos años de guerra. 

A la novedad por la explosión de nacimientos se añaden las circunstancias en que se producen, en medio de la espinosa condición de las zonas veredales y puntos transitorios. De hecho ya brotaron campañas de solidaridad en procura de allegar elementos necesarios en la hora.

Los primeros resultados de la paz, afirman algunos con satisfacción. Al fin puede florecer libremente la vida entre quienes vivieron durante tantos años sometidos a las penalidades de la guerra. Rostros sonrientes, lindas criaturas de ambos sexos, aplausos del colectivo.

De acuerdo con cifras reportadas a la dirección de las FARC hay actualmente 96 mujeres embarazadas y 131 niños en los distintos campamentos. De estos últimos hay 4 de días, 61 de meses y 66 de años. La mayoría son menores de cinco años, pero los hay de 9 y hasta 12.

Guerrilleras y guerrilleros permanecerán durante meses en las zonas y puntos. Allí, pese a las incomodidades de sus alojamientos gozarán de enorme tranquilidad en comparación a su vida anterior. Así que no sabemos en cuánto podrán aumentar dichas cifras.

Desde luego que no faltarán los que digan que se trata de gente irresponsable que no piensa realmente las cosas. ¿Cómo se les ocurre ponerse a traer criaturas al mundo en medio de semejante situación? ¿Cuándo apenas inicia la incertidumbre del tránsito a la vida civil?

Sin saber dónde es que van a vivir o si siquiera contarán con un techo en el cual podrán protegerse ellos y sus hijos, con la incertidumbre acerca de la forma como podrán procurarse su sustento en el futuro, con la precaria atención médica que pueden garantizarle a sus pequeños.

Me temo que una buena parte de quienes así piensan, son los mismos que plantean incriminar a las direcciones guerrilleras, por haber establecido en la guerra la obligación de la planificación familiar a sus filas, en clara violación a la libertad de concebir hijos que tiene toda pareja.

Entre ellos desde luego los religiosos más fanáticos, que condenan la planificación familiar como una contravención a las leyes naturales dictadas por la divinidad. Y que al tiempo claman por el castigo más implacable contra la mujer que interrumpe voluntariamente su embarazo.

La verdad es que genera sorpresa el intempestivo boom de la natalidad en las FARC. Si sumáramos el número de niños y niñas con el de las madres gestantes harían 227 casos, un porcentaje equivalente al 3,6 por ciento de los integrantes de las FARC concentrados.

Sin ser experto en temas estadísticos y sociológicos, me pregunto si un porcentaje así resulta exagerado, normal o bajo con relación al conjunto social. Si reuniéramos 6300 jóvenes y adultos de ambos sexos en un pueblo, ¿cuál sería el promedio de fecundidad en un par de años?

Hay que reconocer, claro, que no todos los niños han sido concebidos y alumbrados en los últimos tiempos. Algunas parejas, madres y hasta padres han traído a las zonas y puntos a hijos e hijas que vivían en condiciones difíciles bajo el cuidado de terceros en algún otro lugar.

Quizás comienzan a lamentarlo. Se suponía que en las zonas y puntos transitorios el gobierno nacional iba a garantizar unas condiciones de vida dignas, cosa que contrariamente a las declaraciones oficiales todavía está muy lejos de hacerse realidad.

Claro, también los del gobierno podrían alegar que no estaba en sus cálculos que además de las guerrilleras y guerrilleros acostumbrados a vivir en la profundidad de la montaña y por tanto aptos para la más dura adversidad, tendrían que garantizar condiciones a toda una camada de crías.

Cosa que de algún modo implica un pretendido derecho a faltar a compromisos protocolizados en el Acuerdo Final. A veces uno piensa que en sus cabezas anida la idea de que si las zonas eran transitorias no había necesidad de crear una infraestructura inútil una vez termine todo.

Y que por tanto no hay razones para un escándalo si los que vivían sometidos a las duras inclemencias del medio, el tiempo y la confrontación, se ven constreñidos a soportar condiciones parecidas durante unos cuantos meses antes de salir para el paraíso reservado afuera.

Recuerdo una muchacha que dio a luz en las selvas del sur de Bolívar en medio de una peligrosa operación militar. Parió atendida por enfermeras guerrilleras sobre una carpa de plástico. Y luego caminó con el grupo para alejarse del acoso de la tropa enemiga.

Se recurrió a una familia campesina de la zona a fin de alojarla a ella y a su bebé, mientras sus compañeros plantaban combate al Ejército en repetidas ocasiones. A los pocos días tuvo que huir del lugar porque la tropa andaba preguntando por una guerrillera parida refugiada en el área.

También en el Magdalena Medio dos muchachas disgregadas de su unidad permanecieron perdidas en la selva por más de un mes. Una de ellas, con embarazo avanzado, no lo soportó. Su acompañante cubrió su cadáver con hojas y continuó su huida. La guerra en definitiva es cruel.

Así que la paz trae sus nuevas, algo que debe reconocerse y admitirse. Y que reclama el cumplimiento cabal de lo pactado en la Mesa de Conversaciones. Sin excusas balbuceantes. Esta será la primera generación de hijos de guerrilleros que no tendrá como futuro la guerrilla. 

Se lo garantiza el Acuerdo Final. Un enorme atado de compromisos con ellos, sus padres, toda la guerrilla, las víctimas del conflicto, las comunidades ansiosas de atención, las regiones asediadas por el paramilitarismo, el conjunto de perseguidos y olvidados de Colombia.

¿Tiene conciencia real el Estado colombiano de lo que espera el pueblo de este país ahora?


URL Corto: is.gd/v0ejhW

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