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Publicado en la categoría: La Pluma de Gabriel Angel
Jueves, 22 Junio 2017 02:45

El largo viaje que apenas comienza

Escrito por  Gabriel Ángel
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De Caño Indio a Bogotá vía Oslo, de vuelta a Melgar, la capital y Facatativá, Timo, las FARC y el pueblo colombiano avanzamos en la construcción de un mundo mejor 


Hacía mucho tiempo que Timo no dormía catorce horas seguidas. En las últimas semanas sus horas de sueño se habían ido recortando de modo angustioso, obligándolo a habituarse de algún modo a ello. Pero una vez en Caño Indio, pasado el momento de los saludos y bienvenidas, después de almorzar un suculento toruno cocido en fogón guerrillero y por manos guerrilleras, al viejo estilo de los campamentos móviles, tras intentar responder algunos correos resistiendo el agobiante calor de la región del Catatumbo, le resultó imposible resistir la modorra que lo fue invadiendo. Manifestó que iba a recostarse una hora para continuar con su trabajo, pero el sueño se le prolongó hasta las nueve de la noche, sin que nadie intentara interrumpirlo.

Al verse rodeado por las tinieblas, tras mirar la hora en su reloj, volvió a dormir profundamente y solo hasta las cuatro de la madrugada volvió a despertar. Sorprendido por la intensidad de su letargo, estiró el brazo y encendió su radio portátil. Se enteró de que Pastor Alape había aclarado que no era cierto que fuera a entregar su fúsil al gobernador de Antioquia, quien quizás por qué lo había afirmado así a los medios. Luis Pérez había sido invitado al acto del domingo siguiente simplemente para ser testigo de su dejación de armas, así lo había expresado en un twitter el antiguo comandante del Bloque del Magdalena Medio. Timo sonrió satisfecho y corrió el dial hasta encontrar una música de su agrado, volviendo rápidamente a conciliar el sueño hasta las cinco y media de la mañana. Entonces decidió levantarse, un tanto abochornado, a reiniciar sus labores de dirección de las FARC. Había recuperado por completo sus fuerzas y su lucidez.

Su más reciente periplo había comenzado el domingo 11 de junio al abordar el helicóptero que vino a recogerlo, a él y sus acompañantes, para trasladarlo a Bogotá, en donde a las seis de la mañana del lunes 12, tras una breve espera en el aeropuerto Eldorado, abordó el vuelo con destino a Oslo, Noruega, adonde había sido invitado por el gobierno de ese país, con el fin de que asistiera a la décima quinta versión del Oslo Forum, un encuentro de distintas personalidades del mundo, dedicado a estudiar las experiencias de mediación y solución pacífica de los más agudos conflictos mundiales. El vuelo, de trece horas de duración, tendría una escala en Santa María, una de las islas del archipiélago de las Azores, únicamente para reabastecerse de combustible, y luego seguiría sin interrupciones hasta su destino final. 

Las atenciones de la azafata suiza de origen hindú merecen ser recordadas. Aparte de las tres comidas del día que duró el vuelo, nos ofreció refrigerios con frecuencia, e incluso vino, frescos y el licor que quisiéramos. Timo reiría sorprendido al regresar a Colombia, con un confidencial de la revista Semana, según el cual durante el vuelo a Noruega el comandante de las FARC había exigido le sirvieran un plato de lechona, lo cual había puesto en aprietos a la tripulación hasta lograr satisfacerlo. Una invención ridícula de la revista, con la que pretendió sin duda mostrar al país la campechanía de las FARC, que de ser cierta no nos avergonzaría en absoluto dada nuestra procedencia popular, pero que sin embargo revela el carácter de clase de la publicación, el sentido discriminatorio de sus notas cuando se refieren al tipo de gente que no tiene su estilo.

En Santa María se presentó una demora imprevista, ocasionada por alguna pesquisa de la policía portuguesa, a la cual le pareció extraño que un vuelo privado de una aerolínea noruega hubiera partido de Colombia con pasajeros misteriosos. Funcionarios de la policía y la cancillería noruega, que escoltaban a los invitados,  bajaron del avión a aclarar el asunto en las oficinas del aeródromo, mientras Ricardo Téllez, Victoria Sandino y otros ocupantes bromeábamos al respecto. Aclarado el impase, volvieron a la aeronave y el vuelo continuó sin ninguna otra alteración. 

En Colombia debían ser las 6 y media de la tarde, cuando a la una y treinta minutos el avión decoló en el Aeropuerto de Oslo-Gardermoen de la capital noruega. Desde el aire sus ocupantes habían observado maravillados la intensa iluminación de la ciudad y sus avenidas, así como de la multitud de poblados y suburbios que despedían sus luces nocturnas, como si por alguna extraña inversión el cielo tachonado de estrellas del Caribe se hubiera depositado en tierra. Cuando sin demora alguna los pasajeros del vuelo salieron del aeropuerto a abordar los vehículos, observamos una luna casi llena, quizás algo menguante, destellando con un tamaño prodigioso en el cielo. 

timo y gaboPodía pensarse que era ella la responsable de la opaca luminosidad que se observaba a los alrededores, en una extraña noche que no parecía tal, al menos como los colombianos estamos acostumbrados a vivirla. Para Timo habían sido demasiadas las horas sin fumarse un cigarrillo, así que preguntó a los amables funcionarios noruegos que nos recibieron, si había oportunidad de fumar. Ellos le respondieron que sí, en Noruega podía fumarse en cualquier espacio al aire libre, como estaba prohibido hacerlo en cualquier espacio cerrado. Hubo entonces las primeras fotografías tomadas en los celulares, procurando que los pinos y la luna salieran como fondo. Tras botar las colillas en los recipientes ubicados con ese propósito en los andenes, se cumplió el traslado al Hotel Losby Gods en las afueras de la capital noruega. 

oslo

Antes de llegar a él apreciamos un fenómeno revelador. La noche, que apenas había comenzado algo después de las doce, como nos lo explicó uno de nuestros acompañantes, llegaba a su fin mucho antes de las tres de la mañana. Resultaba increíble para nosotros. El día de verano duraba casi veintidós horas y la noche solo dos. A eso se sumaban las siete horas de diferencia en el horario. Nos fue explicado que en invierno sucedía todo lo contrario, prácticamente no existía el día, noviembre, diciembre, enero y febrero transcurrían en una oscuridad permanente, bajo un frío intenso y lluvias incesantes. Hasta para los noruegos aquello resultaba demasiado. Al llegar al hotel y sernos señalados los cuartos, habitaciones lujosísimas, tuvimos problemas para conciliar el sueño. Aún no eran las tres y era de día, demasiado temprano en Colombia para acostarnos, además de que la luz que se  colaba por las ventanas impedía a la mente ubicarse en la hora de dormir.

Había que estar listos en el comedor a las 7 y 30 de la mañana. El ambiente allí era el de una torre de Babel, en la que distribuidos en las mesas elegantemente preparadas, hombres y mujeres de todas las razas conversaban animadamente. El idioma más común era el inglés, que ninguno de nosotros hablaba, salvo los buenos días y las gracias, y el traje más vestido era el de saco y corbata, pero las apariencias eran tan diversas como las lenguas. Estadounidenses, europeos, iraquíes, libios, somalíes, nigerianos, yemenís, chipriotas, turcos y otros. Todo nos era ofrecido en buffet, y se trataba efectivamente de todo, carnes, pescados, aves, huevos, mariscos, embutidos, lácteos, ensaladas, salsas, frutas de las más disímiles especies y procedencias. Así fueron las tres comidas diarias que nos ofrecieron durante los días que permanecimos allí. Su gusto era un prodigio, escoger cualquier cosa significaba renunciar a otros manjares, dolía resignarse a no probarlo todo.

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El Foro de Oslo impone una norma de confidencialidad. Al tratar de los conflictos bélicos de que se ocupan los asistentes e invitados, muchos de ellos ubicados en orillas opuestas de la confrontación, cada uno es completamente libre de expresar sus ideas y opiniones. Ello posibilita acercarse a las verdaderas realidades que faciliten una labor de mediación, al tiempo que conocer las imposiciones unilaterales de los grandes poderes mundiales, siempre condenables. De ello puede hablarse posteriormente, pero guardando un compromiso. Ninguno de los presentes puede decir quién lo afirmó, es prohibido. Con ello se busca garantizar la más absoluta libertad a quienes hablan. 

Las sesiones del décimo quinto Oslo Forum se ocuparon de temas como la estabilidad bajo amenaza en el Sudeste europeo, una agenda renovada de reconciliación para Somalia, las múltiples dimensiones del conflicto en Nigeria, los desafíos de la reconciliación en Irak, el proceso de paz en Filipinas, los dilemas de la validación popular de los acuerdos de paz, el ajedrez de intereses en Siria, la resurrección del sueño en el Sur de Sudán, la situación en Chipre, la situación en Yemen, y lo que más nos interesaba a nosotros, una plenaria sobre el caso colombiano, llevando la paz a la práctica. El martes 13 de junio se llevó a cabo la Plenaria de Apertura entre las 9:45 y las 11 de la mañana, con la participación de personajes como John Kerry, Kofi Annan y varios primeros ministros, cancilleres y embajadores. Cada representante diplomático tenía derecho a llevar un acompañante. Grata sorpresa que a Timo le fuera permitido asistir con cuatro más. 

reunion con victoria

Tal y como suele suceder en ese tipo de eventos, algo que cuenta mucho es la posibilidad de celebrar reuniones informales de carácter bilateral. Hay que decir que la delegación de las FARC pudo sacar el mejor provecho de ello, gracias a la disposición del canciller noruego Borge Brende, quien facilitó los múltiples encuentros. Dentro de estos cabe destacar las reuniones con Federica Mogherini, Alta Representante de la Unión Europea para las Relaciones Exteriores y Política de Seguridad y Vicepresidente de la Comisión Europea, Jeffrey Feltman, Sub Secretario General de Relaciones Políticas de las Naciones Unidas, Johnnatan Powell, Director de la Fundación Inter Mediati, Theresa Withfield, encargada oficial de la División de Política y Mediación del Departamento de Relaciones Políticas de las Naciones Unidas, Benito E. Tiamzon, representante en el Panel de Negociación del Frente Nacional Democrático de las Filipinas, así como con representantes del gobierno sirio. 

Cabe destacar el reconocimiento de todos ellos al empeño de las FARC por conseguir la paz en Colombia, a su consecuencia para llegar a la firma de un Acuerdo Final, a nuestra decidida voluntad de cumplir con lo acordado, así como el ofrecimiento constante de su colaboración para asegurar la implementación de los Acuerdos de La Habana. El canciller noruego, Borge Brende, no solamente propició una rueda de prensa con Timo y los principales medios noruegos, transmitida por los principales medios de ese país, sino que se reunió con nosotros, al lado de varios funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores, con el propósito de examinar conjuntamente las  posibilidades de acción de su gobierno en calidad de país garante del proceso de paz y los acuerdos.

Algo que para distintas organizaciones europeas y noruegas en particular representa un enorme mérito de los Acuerdos de La Habana, lo constituye el hecho haberles incorporado el enfoque de género, un asunto que en el viejo continente, al igual que el relacionado con el medio ambiente, goza de un enorme prestigio. Fue por ello que diversas organizaciones invitaron amablemente a Victoria Sandino a un amplio intercambio sobre la materia, en el cual manifestaron su admiración y respaldo a las FARC por todo lo conseguido en la Mesa de Conversaciones, al igual que su alta estima a la participación de la mujer en la larga lucha del pueblo colombiano. Por ellas pudimos conocer del trabajo permanente que han desplegado en Europa a favor de la paz y la reconciliación en nuestro país. 

timo y la comitiva

Igualmente una variedad de organizaciones no gubernamentales que han trabajado durante años en Noruega por contribuir al logro de la paz en Colombia, integradas por colombianos en el exilio y por ciudadanos noruegos y de otros países de Europa, tuvo a bien invitarnos a un encuentro con ellos en el centro de la ciudad de Oslo. Agrupados bajo el nombre de FrediColombia, nos recibieron con un largo aplauso, escucharon nuestro mensaje de paz y preguntaron cuanto se les ocurrió con relación al estado actual de la implementación de los Acuerdos. Dominados por una intensa alegría, no escatimaron palabras de admiración y respaldo a nuestra lucha por la paz. Hubo cantos y otras expresiones culturales de apoyo, al igual que un interminable desfile por tomarse la fotografía de recuerdo al lado de los integrantes de las FARC. Paralelamente, una comisión nuestra celebró una reunión con militantes comunistas colombianos exiliados en Europa.

El objetivo central de nuestra invitación a Oslo lo constituía la plenaria de cierre. El canciller Brende obró esa tarde como entrevistador y animador de un interesante encuentro entre la canciller colombiana, María Ángel Holguín, y el comandante Timoleón Jiménez. Sus preguntas giraron en torno a los orígenes y desarrollo de las conversaciones de paz, a la construcción de la confianza, al estado actual del proceso de implementación y a las expectativas de cada una de las partes. Las respuestas se caracterizaron por su franqueza y buen ánimo, arrancando muchas de ellas, particularmente las de Timo, repetidas expresiones de aprobación y simpatía. Entre el más de centenar de presentes se encontraban el embajador y el cónsul colombianos en Noruega, el primero de los cuales, Álvaro Sandoval Bernal, se nos acercó en tono amigable en cuanto reconoció nuestro acento, y enterado de nuestra condición, procedió a presentarnos con generosa cortesía a sus acompañantes colombianos. Antes de cerrar el encuentro, el canciller Brende abrió el espacio a las preguntas de los asistentes, quienes obtuvieron satisfacción plena para sus inquietudes.

timo y la cancillerEs de anotar que este evento, enmarcado dentro del Oslo Forum, volvió a repetirse casi exactamente en la mañana siguiente. Los dos entrevistados y el ministro de relaciones exteriores noruego, comparecieron de nuevo ante un público distinto, y sin ninguna de las restricciones de la tarde anterior. El encuentro se desarrolló esta vez en la Casa del Libro de Noruega, o Litteraturhuset, ante representantes de distintas organizaciones no gubernamentales interesadas en la paz de Colombia, con asistencia de diversas representaciones diplomáticas y de público en general, con la característica de que sí podían tomarse fotografías, videos e incluso realizarse transmisiones por los medios. Yudi Hernández y Sammy Florez, guerrillera de las FARC integrantes del equipo de NC Noticias, que nos acompañaron a todos los actos en calidad de periodistas, consiguieron transmitir por internet en directo esta reunión amplia del Colombia Forum.

Terminada la reunión se desarrolló una rueda de prensa, en la que como una estrella de rock, Timo sufrió el sucesivo embiste de diferentes medios noruegos y de Europa, mientras una procesión de asistentes pujaba por conseguir hacerse a una fotografía a su lado. Culminadas por fin las entrevistas y fotografías tuvimos oportunidad de salir y sentarnos en un café al aire libre, donde conversamos tan tranquilamente como cualquier noruego, mientras tomábamos tinto y fumábamos. Fueron varios los colombianos que se arrimaron a felicitar al comandante de las FARC, dentro de los que recuerdo especialmente a un muchacho de piel negra y cabellos ensortijados, quien sin poder contener la emoción lloró de felicidad por la oportunidad que le daba la vida. Fue mucha la gente que nos expresó lo mismo, jamás imaginaron que llegaran a tener la dicha de intercambiar con las FARC en la lejana Escandinavia. 

Mientras esto ocurría, Pastor Alape, Ricardo Téllez y Victoria Sandino se reunían con representantes de las distintas organizaciones que habían estado presentes en Colombia Forum. A continuación, partimos para el Parlamento noruego, atendiendo la invitación de diputados del Partido Socialista Independiente de ese país. Dicho partido hace parte de una coalición de izquierdas con la socialdemocracia noruega, que aspira a recuperar el gobierno en las elecciones generales que se celebrarán en septiembre próximo. Resultó sinceramente conmovedor el modo como nos recibieron, llenos de sentimiento aun por encima de su frialdad nórdica. A las palabras iniciales de Timo acerca de lo honrados que nos sentíamos por encontrarnos allí, la diputada socialista nos respondió que no, el verdaderamente honrado con la presencia de las FARC en aquella sala de reuniones era el Parlamento de Noruega, nosotros éramos demasiado importantes.

Una vez más fuimos testigos del interés de los noruegos por la paz en Colombia. En particular hay dos temas que ocupan la atención de los diputados socialistas. Todo aquello que tiene que ver con la conservación del medio ambiente y la oposición a las transnacionales que lo arruinan, por una parte, y la lucha de género y por la igualdad de los derechos de la mujer por la otra. En esa doble dirección apuntan los ofrecimientos de colaboración para con la nueva organización política que habrá de nacer tras nuestro desarme. Al final del interesante intercambio nuestros anfitriones convinieron en convidarnos a hacernos unas fotografías con ellos en algunos interiores y en el exterior del edificio del Parlamento. Timo obsequió a las diputadas el dije de la guerrillera fariana, ocasionando en ellas una emoción cercana a las lágrimas. Las fotografías acreditan para la historia la aplaudida presencia de las FARC en el sagrado recinto legislativo de Noruega. 

La noche anterior habíamos sido invitados a una cena ofrecida por la cancillería noruega, en un cómodo restaurante de Oslo ubicado a la orilla del puerto. Desde la amplia plazoleta exterior contemplamos el bello fiordo y la multitud de embarcaciones de todos los tamaños que ingresaban o salían de él. Ese día fuimos invitados a almorzar en un restaurante ubicado en lo alto de un hermoso mirador desde el que se contemplaba toda la ciudad con sus calles, puentes, túneles, buses gigantes de trasporte público, tranvías, metro, incluyendo el puerto y las naves de todo tipo. El fuerte sol de las dos de la tarde podría competir con el de Bogotá por la intensidad de sus rayos. Muchos noruegos en las calles celebraban la aparición del astro con verdadero regocijo, quitándose la camisa y exponiendo sus pieles a los rayos solares. Volvimos a recorrer la ciudad en automóvil, apreciando sus edificaciones de colores sobrios y vidrieras deslumbrantes.

canciller noruegoLa responsabilidad del gobierno de Noruega se puso de manifiesto al determinar la ruta de regreso. La experiencia del viaje de ida los determinó a evitar escalas en cualquier país. La posibilidad de abastecer de combustible el vuelo en La Habana, terminó descartada cuando hallaron el modo de viajar de Oslo a Bergen, en el occidente de la península, a fin de completar de nuevo el tanque de gasolina para que se pudiera viajar directo a Bogotá, en un semicírculo que nos permitiría sobrevolar el Océano Atlántico, pasando por el sur de Islandia y tomando luego hacia el sur, paralelos a las costas de América y a centenares de kilómetros de ellas. Esa ruta implicó además ahorrarnos una hora de viaje, de modo que aterrizamos en la capital colombiana a las once y media de la noche. Tal y como había sucedido para salir del país, la sola cédula de ciudadanía nos fue suficiente para cumplir con el trámite de inmigración, que ni siquiera realizamos personalmente, sino por medio de funcionarios de la UNIPEP, la unidad policial especializada en nuestra seguridad.

Hay que decir que tanto a la entrada como a la salida del país, las autoridades y los distintos empleados del aeropuerto se mostraron supremamente amables con nosotros. Al volver al apartahotel donde estábamos hospedados, sabíamos que debíamos madrugar para viajar a Melgar, por tierra, a fin de asistir a la clausura del balance de actividades del componente de las FARC en el Mecanismo de Monitoreo y Verificación, que se cumplía por fin en un club a las afueras del poblado. Esa mañana conocimos en directo lo que significa el tráfico en la capital de Colombia. La caravana blindada, incluso esquivando las vías más atiborradas tardó más de una hora para salir de la ciudad, de manera tal que el viaje que hacíamos en buses de Rápido Tolima cuarenta años atrás, y que tomaba apenas dos horas, por poco se nos convierte en el doble de ellas.

De Oslo a Melgar, me dijo Timo, recordando los contrastes tan impresionantes entre Noruega y el cañón del Sumapaz. Una vez más pudimos apreciar la cordial bienvenida y la espontánea alegría que reflejan las personas de los lugares en los que nos hacemos presentes. En el viaje de Caño Indio a Bogotá, el helicóptero había hecho una parada en Bucaramanga, y nosotros fuimos trasladados en el entretanto al aeropuerto a fin de usar los baños y tomar algún refrigerio. Varios taxistas que se hallaban en las afueras del aeropuerto, tras reparar en nosotros unos minutos, se decidieron al fin a acercársenos. Llenos de emoción saludaban a Timo y se disputaban entre ellos el turno por fotografiarse a su lado. Nos felicitaron y desearon el mejor de los éxitos. Con el personal del club en Melgar volvió a ocurrir algo  aparecido, como sucedió en Noruega al final de cada acto y ha vuelto a repetirse en todo lugar en que el jefe de las FARC hace su aparición. Cuán equivocados se hallaban quienes al comienzo del proceso nos aseguraban que en Colombia nadie nos quería.

Finalizado el balance y realizada la clausura hubo algún tiempo para casi en la oscuridad meterse a la piscina a recordar viejos tiempos. En Melgar volvimos a encontrarnos con mandos y guerrilleros con los que no nos veíamos hace muchos años, así como a tener la oportunidad de relacionarnos con otros que nunca habíamos tratado. Fue una excelente ocasión para ratificar el excelente estado de ánimo de nuestros militantes, del mismo modo que para reafirmar los inmensos lazos de afecto que aparte de la identidad ideológica y política unen a la gran familia fariana. Años atrás estábamos todos en medio de la guerra, mientras que ahora reíamos y bromeábamos a costa de los helicópteros artillados que sobrevolaban la zona, realizando maniobras para los cursos de la vecina Escuela de Lanceros de Tolemaida. Estos suelen hacer disparos, ráfagas de ametralladora, y lanzan cohetes a tierra, en un rito macabro que todos conocimos en la selva cuando perseguían un propósito de muerte. Es justo dejar de dilapidar recursos en una guerra que llegó a su fin.

Nuevamente madrugados volvimos a Bogotá, para cumplir con un compromiso de corte histórico y cultural. El maestro Lizandro Duque está terminando el montaje del documental que prepara para la televisión sobre el comandante Alfonso Cano, y había conseguido del Secretariado Nacional de las FARC un compromiso excepcional. Que se reunieran todos en un lugar para mirar los seis capítulos que lo integran y hacer las recomendaciones finales. Sólo el tamaño del personaje documentado podía explicar una reunión así, en un momento en que las carreras y gestiones relacionadas con la implementación de los Acuerdos de La Habana y la próxima culminación de la última fase de la dejación de armas, tiene a toda la cúpula de las FARC, particularmente a los de la CSIVI y el Consejo Nacional de Reincorporación, ocupados durante las veinticuatro horas del día. La serie es al mismo tiempo un recuento de la historia de las FARC, particularmente durante sus últimos 35 años. Solo tarde en la noche pudimos volver por fin a nuestro hospedaje.

gabo y lizandroEl domingo 18 tuvimos por fin algún respiro. Había que lavar y planchar la ropa usada, organizar las cosas personales que se habían ido retrasando. Timo a su vez porfiaba con la dirección de las FARC la necesidad de poder dedicar unas horas a organizar sus asuntos. Todos quieren a Timo en Bogotá presentándose en un lugar y otro, pero él sigue siendo aún el jefe de las FARC y tiene a su cargo la responsabilidad por la vida interna de la organización, que no puede descuidarse en absoluto en momentos tan cruciales para nosotros. Además su presencia en la capital resulta ideal para atender asuntos pendientes con la gente nuestra que se encuentra en una y otra tarea en la ciudad. Hay que reunirse con muchos de ellos. Y hasta aprovechar el día para hacer algunas compras. 

Aprovecho entonces para solicitar que al caer la tarde me permitan volver a visitar a mi madre. Soy consciente de la inmensa felicidad que le reporta el poder verme, aun cuando se aproxima a los noventa años y padece de Alzheimer. También a mí me reporta una inmensa felicidad abrazarla, verla sonreír de dicha y compartir unas cuantas horas a su lado. Coincido en el encuentro con mi hermana y otro hermano, a la vez que con un sobrino y otras parientes.

El lunes debo atender a un periodista irlandés empeñado en una entrevista con miras a un documental que prepara sobre la paz en Colombia. Lo visito en su apartamento en Chapinero. Me espera en la puerta del edificio y mientras aguardamos el ascensor me cuenta algo abochornado que no sabía al rentarlo que allí había tenido lugar una tragedia. En cuanto se enteró ya no podía hacer nada. Me dice que se relaciona con el crimen de una niña que no hace mucho fue violada y asesinada por uno de sus habitantes. Recuerdo inmediatamente el caso de Juliana, que conocí por los medios cuando me hallaba en La Habana. En realidad el mundo es pequeño. En la recepción había visto la mar de pantallas del circuito cerrado de seguridad del edificio. Me parece imposible que haya podido suceder lo que pasó sin que nadie se hubiera percatado. 

Almuerzo en el vecindario en compañía de uno de mis hermanos que amablemente se ofreció a brindármelo. Una excelente ocasión para recordar tantos episodios de nuestra vida pasada, así como para enterarse de la vida de la familia en los nuevos tiempos. Casi todos en mi mente figuran como eran hace más de treinta  cinco años, cuando salí de la casa para buscar nuevos rumbos. Ahora es larga la lista de sobrinos y nietos, de divorcios y nuevas uniones, de defunciones y enfermedades. El tiempo no se detiene, ahora soy un tío y abuelo que muchos quieren conocer.

Debo reconocer que al despedirme me invaden unos profundos deseos de llorar. Son tantos los años de compañía y cariño que me arrebató la guerra. Ahora solo puedo reemplazarlos por un par de horas robadas al trabajo y un intenso abrazo de despedida, siempre bajo la observación disimulada de la escolta que cuida de cerca cada uno de mis pasos. Volveremos a vernos, hermanito, ojalá que algún día contemos con la oportunidad de compartir más libremente y con un círculo más amplio de familiares y amigos. Se fue contento, porque además tuvo la satisfacción de que se lo presentara personalmente a Timo y luego despedirse impresionado con él a la hora de partir. También tuvo la ocasión de estrechar la mano a otros tantos miembros de nuestra organización que esperaban su turno para conversar con el jefe. Observo que los saluda con simpatía y de nuevo me ratifico en la idea, la gente cuando nos conoce se prenda de nosotros. La mala prensa que nos hicieron durante años, comienza a diluirse sin remedio.

Sé que debo escribir sobre todo lo que está aconteciendo, pero el ritmo de las actividades y la tensión que originan me impide concentrarme a esos efectos. Intento mirar la televisión pero me resulta insoportable. Los canales colombianos se dedican a pasar durante horas imágenes del triunfo del Nacional en el torneo rentado. Y a especular durante horas en torno a los posibles autores del atentado en el Centro Andino. Me llama la atención la mala leche de muchos entrevistados y periodistas que insisten en relacionar de algún modo ese hecho con la firma de los acuerdos de paz. 

El presidente de un importante gremio emplea los micrófonos para invitar a la comunidad internacional a no seguir recibiendo terroristas y tratándolos tan bien en sus territorios. La consecuencia de eso, afirma, son esos atentados, la multiplicación del terror en el país. Comprendo que se refiere a nosotros y nuestro viaje a Noruega. Me indigna y duele que gente importante persista en esa actitud de intolerancia y distorsión, pero comprendo que esa es la política. Nos corresponde enseñar al país la otra cara de la realidad, en una franca desigualdad con la versión de los poderes dominantes. Las noticias que pasan todo el tiempo por la televisión son una inyección de odio y eso no es un fenómeno accidental, se corresponde a un propósito premeditado. Son muchas las cosas que es necesario cambiar para vivir en un país decente.

El martes hay que hacer los últimos alistamientos para la partida del día siguiente. En la tarde acudimos a la escuela de escoltas SWAT de Facatativá, en donde el primer grupo de más de trescientos guerrilleros cumplen su curso de preparación en seguridad. El lugar es un paraje frío, que nos recuerda nuestras temporadas en los páramos. Llovizna con frecuencia y sopla un viento helado que quiebra los huesos. Allí encontramos a la gente nuestra, haciendo ejercicios en el área de entrenamiento. Nuestra llegada altera notoriamente el orden previsto. Todos los mandos y personal que trabaja en la escuela salen a saludar a Timo con evidente respeto y admiración. Es el jefe de las FARC, la guerrilla que ha firmado la paz, el heredero de Manuel Marulanda, Jacobo Arenas y Alfonso Cano, que de repente se presenta rodeado de escoltas policiales a saludar a su gente en curso. Todos quieren estrechar su mano, conversar con él cuando menos unas palabras, se los ve asombrados y complacidos. No hay duda que las FARC impactamos, ni para qué decirlo.

Timo y los escoltasLa gente nuestra, de la cual un porcentaje elevado se encuentra afectado por una epidemia de gripe, es concentrada de prisa en un recinto interno, en estricta formación militar, con el fin de escuchar las palabras del jefe. No se puede decir cuánto se quisiera, hay demasiada gente escuchando, con los ojos toteados, como dirían en el Catatumbo. En unos breves minutos se entera al personal de lo principal de nuestro viaje a Noruega. Y luego vamos a estrechar la mano de cada uno de ellos. El personaje es Timo, sin ninguna duda. Todos quieren abrazarlo, le piden que les regale un selfie, una foto con él a su lado, un instante de atención. Son las muchachas y los muchachos de las FARC preparándose para una vida nueva. Conozco a una parte de ellos. De los bloques Jorge Briceño, Sur y Magdalena Medio. Conmueve el encuentro en tan distintas condiciones. Hablo cortas palabras con algunos de ellos, se muestran decididos. Con todo y las adversidades del clima, ninguno considera que el curso sea duro. John me dice que después de tantos sacrificios en el movimiento, otro más resulta indiferente. Saldrán adelante, seguro.

Salir de allí nos cuesta finalmente trabajo. Creo que el jefe debió posar por lo menos para medio millar de fotografías. Como en Melgar, el encuentro con la familia fariana, esta vez bajo un frío penetrante, resulta lleno de emociones encontradas. Cuánto nos ha costado llegar aquí, obtener el respeto de que gozamos, descubrir en los ojos de quienes nos contemplan por primera vez un brillo de admiración tan grande. Las tareas que nos esperan son duras, difíciles, en medio de venenosas mal informaciones y ardides de todo tipo. Pero vamos para adelante, de eso no queda duda. El miércoles madrugamos a Guaimaral. El gerente de Helistar, un bachiller como yo de San Bartolomé, con quien intercambio fraternalmente al respecto, nos conduce personalmente al helicóptero tras regalarnos de instrucciones y atenciones. 

Regresamos a Caño Indio, zona veredal El Negro Eliécer Gaitán, en el sofocante ambiente del Catatumbo. El día está milagrosamente despejado y no encontramos contratiempo alguno. Nos recibe la guerrillerada. Aquí casi termina la dejación de la totalidad de las armas. Converso con Yolima, una guerrillera por la que experimento un particular afecto. Me cuenta que el día anterior debió desprenderse definitivamente de su fusil y cuánta amargura le representó aquello. Estuvo llorando en secreto hasta altas horas de la noche. En su opinión, esas armas no debieran dejarse sacar de la zona mientras el gobierno no cumpla efectivamente con todos sus compromisos. Aún sigue viviendo en su caleta guerrillera, sometida a las inclemencias del tiempo,  porque las viviendas prometidas aún no han sido terminadas. Y eso es lo de menos para las cosas más importantes que faltan, me dice. Le recuerdo que nadie dijo que esto sería fácil. 

Las FARC siempre hemos vivido en la lucha, y seguiremos en ella. O nos cumplen o nos cumplen, sin otra alternativa posible. Es para eso que nos aprestamos en el campo político. Hay quienes apuestan a nuestro fracaso, un poco en la línea de los que se ocupan de hacernos la vida imposible. No nos arredran. Hay que recorrer el país, salir de él con nuestro mensaje al mundo, para saber, como acabamos de comprobarlo, que no nos encontramos solos, que un verdadero caudal humano nos apoya y sigue. La lucha nuestra no es la lucha de las FARC, es la lucha del pueblo de Colombia, de los pueblos de América Latina y el Caribe, de las gentes del tercer mundo. Abrimos trocha en la maraña, avanzamos hacia un mundo mejor. Nadie podrá detenernos.


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