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Publicado en la categoría: La Pluma de Gabriel Angel
Martes, 17 Agosto 2010 15:11

Lo que va de Arizona a Colombia

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En Arizona el sospechoso será deportado o condenado a prisión después de un juicio. En Colombia, la suerte del desgraciado puede ser muy distinta.


El asunto de la ley Arizona continúa levantando una enorme polvareda en los Estados Unidos y más allá de sus fronteras. El propio Presidente Obama se pronunció entre los primeros contra ella, y una juez Federal ordenó la suspensión provisional de sus efectos más negativos hasta que se pronuncie de manera definitiva la Corte Federal. En Latinoamérica y el tercer mundo en general crece un movimiento de solidaridad a favor de los inmigrantes. Pese a ello, la norma ha entrado en vigor, al tiempo que parlamentarios republicanos anuncian la tramitación de disposiciones semejantes para sus respectivos Estados.

Más que un problema de interpretación constitucional acerca de si compete o no a los congresos estatales expedir disposiciones sobre esa materia, la controversia radica en las facultades que confiere la ley Arizona a las autoridades. Gracias a ella, cualquier persona que resulte sospechosa ante una autoridad, puede ser conminada a exhibir sus documentos de identificación personal. Si de ello resultare que se trata de alguien que no se encuentra legalmente en el Estado, podrá ser detenida y sometida al proceso correspondiente con fines de deportación o encarcelamiento por violación a las leyes.

Todos sus críticos coinciden en que la ley tiene como destinatario específico a los inmigrantes ilegales, los cuales, por su condición, son inmediatamente asociados a la práctica de conductas criminales. Es decir, que la ley crea la categoría social de los indeseables, un tipo de segregación inadmisible en los tiempos modernos. Por eso afirman que se trata de una disposición racista, que viola los más elementales derechos humanos.  Por increíble que pueda parecer, el escándalo general tiene origen en el hecho de que un policía o un  agente estatal puedan detener a cualquier ciudadano en la calle para exigirle sus papeles.

Valdría la pena comentarles a Obama y otras personalidades mundiales escandalizadas, que en Colombia tal práctica es considerada absolutamente normal desde hace más de sesenta años. Los ciudadanos de este país están sujetos a permanentes requisas por parte de patrullas militares o de policía en cualquier lugar o vía pública rural o urbana, en las que además les son exigidos sus documentos de identidad y se les formulan intensos interrogatorios sobre su vida, actividades, origen y destino. Haciendo abstracción del trato ofensivo y humillante recibido de parte de esas autoridades la mayoría de las ocasiones.

Tanto allá como acá se alegan motivos de seguridad. Pero cabe observar diferencias. En Arizona, los sospechosos son gentes de piel morena, cabellos indios o prietos, ojalá de baja estatura y aspecto hambriento. En Colombia lo son todos aquellos que no pueden exhibir de entrada un documento que los acredite como pertenecientes de algún modo a la fuerza pública. Además, en Norteamérica se ha requerido de una ley que permita tan insólita atribución a sus autoridades, en tanto que aquí a nadie se le ha ocurrido jamás que sea necesaria alguna disposición legal para poder hacerlo. Cuestión del subdesarrollo.

Dirán que no pueden ser comparadas dos realidades tan distintas. Los Estados Unidos son una nación civilizada, democrática, pacífica, sin la amenaza delincuencial ni terrorista que sufre Colombia. No obstante, creo que  no sea disparatado pensar que en ese país habitan más narcotraficantes y consumidores de drogas que en toda Suramérica. Ni se puede olvidar que fue en Washington donde se declaró la guerra mundial contra el llamado terrorismo. Quién ignora que USA libra actualmente dos grandes guerras internacionales en Afganistán e Irak que consumen muchas veces el presupuesto militar con que cuenta Colombia.

Quiere eso decir que el gobierno norteamericano tendría, según la lógica de los poderes dominantes en Colombia, muchas más razones para proceder abusivamente contra sus conciudadanos. Sin embargo es precisamente allá donde mayor repudio despierta la promulgación de la ley antiinmigrantes. La propia Casa Blanca ha expresado su intención de hacer cuanto esté a su alcance para impedir que semejante esperpento logre tener vigencia. En Colombia, por el contrario, los gobernantes suelen enfurecerse cuando alguien habla del derecho constitucional a no ser molestado en su persona o familia.

Y faltaría considerar la mejor diferencia. En Arizona el sospechoso será deportado o condenado a prisión después de un juicio. En Colombia, la suerte del desgraciado suele ser muy distinta. Puede ser conducido a una instalación militar o policial en la cual será exhibido ante una serie de encapuchados, quienes según su ánimo se encargarán o no de acusarlo de lo que les venga en gana. O será señalado de manera brutal como autor de los peores crímenes, los cuales además querrán hacerle confesar con los mismos métodos. Si por fortuna llegan a liberarlo, lo patearán mientras le dicen piérdase de aquí antes que nos arrepintamos.

También puede ser que no aparezca nunca. O que sí, pero en una fosa común en donde habrá ido a parar como resultado de un falso positivo. En fin, el tristemente sospechoso en Colombia, puede ser víctima de los peores destinos. Pero una cosa es segura, quienes quiera que sean el Presidente o el Vicepresidente, jamás saldrán a denunciarlo o condenarlo. Serán vistos encabezando la defensa del honor y buen nombre de las fuerzas armadas o de seguridad, al tiempo que señalando como idiotas útiles al servicio del terrorismo a los denunciantes, ya se trate de las víctimas directas o sus familias. 

Pero nunca defendiendo al pobre pueblo atropellado. Son peores que esos halcones republicanos fundamentalistas y fanáticos de los Estados Unidos. Falta ver si Shakira se atreviera a promover en Bogotá, como en Arizona, alguna movilización o protesta en contra de los crímenes de lesa humanidad cometidos por las autoridades de su país. Podría convidar a Cristina Aguilera, Paulina Rubio y Jennifer López, aunque eso no les reporte mayores ventas en discos. Tal vez así, gracias a sus exuberantes formas, el mundo entero lograría conocer el verdadero significado de la seguridad o de la prosperidad democrática. ¿Será mucho pedir?  

Montañas de Colombia, 17 de agosto de 2010.

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