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Publicado en la categoría: La Pluma de Gabriel Angel
Lunes, 26 Marzo 2012 21:20

Manuel Marulanda Vélez, un personaje colosal

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A cuatro años de su partida, crece el asombro por su talento y su obra.


Una antigua polémica enfrenta a quienes privilegian el papel determinante de los individuos en el devenir histórico, con los partidarios de que son las grandes fuerzas colectivas las que trazan el camino de los hombres. Personalidades cuya memoria supera las barreras de las generaciones y rebasa fronteras nacionales o continentales, han determinado con su ejemplo y sus lecciones el curso de los acontecimientos, del mismo modo que con fundada razón puede pensarse que sólo en las determinadas condiciones sociales convergentes en un lugar y tiempo dados, es posible el florecimiento de semejantes protagonismos. 

La vieja incógnita de si son las circunstancias las que hacen a los hombres o son los hombres quienes moldean sus circunstancias, tiene seguramente origen en la destacada y sorprendente acción de ciertos personajes capaces de conmocionar su época, desatar fuerzas incontenibles, producir obras únicas o culminar hazañas impensables, que mueven a preguntarse si en caso de no haber existido ellos, otra persona habría sido capaz de realizar su obra.

Lo cierto es que los hechos ocurridos son incontrastables. Si es verdad que resulta difícil reconstruirlos al mínimo detalle, no es menos cierto que es absolutamente  imposible cambiarlos. Lo que sucedió tiene la fuerza aplastante de lo consumado. Cristóbal Colón logró sacar adelante su propósito de lanzarse de frente al océano y viajar miles de kilómetros siguiendo un sueño, lo cual nos permitió a los americanos presentarnos al resto del mundo e imprimir un ritmo acelerado a la economía y a la historia universal. Fue él quien desató el torrente. 

Que su sueño hubiera madurado por obra de los adelantos en la navegación, los viajes de exploradores, las necesidades comerciales, los imperativos políticos, los desarrollos sociales, entre muchos otros factores, no cambia el hecho de que precisamente ese genovés, hubiera llevado su empecinamiento al grado de realizar lo imposible. Eran tantas y complejas las dificultades a vencer, que cualquier otro se hubiera desanimado con los primeros fracasos.

De allí podemos concluir que para la edificación de las más gloriosas hazañas siempre será imprescindible el convencimiento más profundo en sus artífices. No basta con que las condiciones y circunstancias sean las más convenientes, con que todo esté servido. Siempre se requerirá la dosis sobrenatural de voluntad humana. Aquellos espíritus que solamente apuestan cuando todo está dado para su triunfo, jamás conquistarán algo que valga la pena, marcharán eternamente tras las huellas de otros, nunca imprimirán su sello a nada.

De vez en cuando emergen del conjunto individuos tocados por la grandeza, sujetos capaces de acumular tal cantidad de fuerzas, que toda una época se conmociona en su presencia.  Se trata de auténticos arranques de energía, de fuentes radiantes de voluntad y pasión  que lo estremecen todo a su paso. Su voz inspira y precipita incontenibles reacciones, un solo gesto suyo hacia un empeño posee la aptitud de modelar el universo. Es asombroso lo que logran, imborrable su recuerdo, inextinguible su obra.

Manuel Marulanda Vélez fue uno de ellos. Una conjunción sorprendente de los anhelos de un pueblo con la voluntad de un hombre extraordinario. Un ser invencible fundido en la historia de Colombia por encima del odio de sus detractores. Un personaje de talla colosal. Nada especial parecía destacar en aquel muchacho comerciante de quesos al sur del Quindío. Pocas cosas debían preocuparlo, aparte de sus mulas, sus cargas, sus ahorros y negocios. Hasta cuando una violencia fratricida y demencial  invadió su entorno de repente.

A partir de ahí sus pasos trazaron otra senda. Primero, como uno más de los primos que tomaron las armas para defender su vida. Después, como el inquieto comandante que conoce y escucha a los guerrilleros comunistas del Davis y empieza a creer en lo que dicen. Más tarde, como el líder que consigue que varios familiares y campesinos se alejen de las banderas liberales, y se tornen como él en revolucionarios.  Llegada la dictadura de Rojas, conseguirá que un puñado de los suyos se resista a la desmovilización y se hunda en la montaña.

Una década adelante encabeza la resistencia de Marquetalia y otras regiones agrarias contra la Operación LASO. Como si fuera un Quijote, exhibe un programa revolucionario, mientras con un atado de campesinos declara la guerra al Estado colombiano, con el asombroso propósito de alcanzar el poder. En medio de tan desproporcionada confrontación, bajo el azote de las bombas, la metralla y las múltiples embestidas por tierra, concibe la idea de construir un Ejército, una fuerza militar profesional, disciplinada y comunista, capaz de jugar un papel determinante en un levantamiento general de la población inconforme.

Veinte años de incesantes combates lo encuentran en Casa Verde, sede de los diálogos con el gobierno y de permanentes visitas de las más disímiles personalidades de la vida nacional. Los 27 frentes guerrilleros que había conformado hasta asumir la dirección de la resistencia a la guerra integral declarada por Cesar Gaviria, se transformarán en siete bloques con más de sesenta frentes durante los años siguientes. Y nuevamente el gobierno central buscará el modo de vencerlo en una mesa de diálogos, esta vez en el Caguán.  Allí será visitado en tres ocasiones por el Presidente de la República, a fin de discutir con él durante días el futuro del país. No se conoce de ningún líder rebelde que hubiera llegado a tanto.

Sesenta años de lucha armada le dejarían la satisfacción de ver edificado el Ejército del Pueblo con el que soñó tras Marquetalia. Una obra titánica que construyó desde el barro y sin ayuda de ningún soplo divino. La fortuna imperial y el más grande plan militar contrainsurgente cumplido por el Ejército colombiano en su historia, han resultado fallidos en el intento de vencer su herencia. Que el pueblo colombiano,  como resultado del régimen de terror que impera en nuestro país, produzca la consciencia  y los miles de combatientes guerrilleros de hoy, no alcanza a minimizar el papel de la voluntad inquebrantable de Manuel, sin cuya persistente idea quizás esta realidad no hubiera sido nunca posible. 

Montañas de Colombia, 26 de marzo de 2012.

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