DIALOGOS   -   MUJERES    EnglishPortuguesItaliano
DIALOGOS DE PAZ   -   MUJERES    EnglishPortuguesItaliano
Publicado en la categoría: La Pluma de Gabriel Angel
Sábado, 26 Marzo 2011 15:50

Manuel, sus raíces, su herencia invencible

Escrito por 
Tu votación
(0 votos)
0
2
0
s2smodern
powered by social2s

Sin aviso previo, sorprendiéndonos a todos, en el  atardecer de tres años atrás, decidió emprender solitario y en silencio la última de sus marchas. Esta vez no se dirigía a preparar un plan militar o político, ni a conseguir otra de sus resonantes victorias. Marchaba a descansar de sus sesenta años continuos de vida guerrillera, emprendía el camino hacia el pináculo de gloria, tras haberse convertido en el más antiguo, persistente e invencible jefe guerrero de la historia. 

Su enemigo principal, el imperio norteamericano, y sus más encarnizados cazadores, el alto mando militar colombiano, tendrían que tragarse la humillación de ver como se ponía definitivamente por fuera de su alcance el hombre que más odiaron y persiguieron. No cabe la menor duda de que Marulanda Vélez debió pensar en ese instante que ahí les dejaba las FARC, para ver si eran capaces de lograr con ellas lo que durante seis décadas les fue imposible con él. Estaba seguro de que no podrían. Su disciplinado ejército estaba preparado para la victoria.

Manuel,  que había tejido pacientemente en el fragor de centenares de combates la organización guerrillera revolucionaria  que constituiría su herencia, sabía mejor que nadie lo que significaba su obra. El pueblo colombiano sumaba siglos recibiendo garrote y plomo, condenado a derrotas amargas y aplastantes tras cada uno de sus levantamientos contra la injusticia. Sus líderes siempre habían terminado asesinados o humillados por la ley y la fuerza de los poderosos. 

Los privados de fortuna se hallaban destinados por la suerte a padecer sin esperanzas una vida oscura en esta tierra. Se les enseñaba a pensar que sólo una mansa servidumbre les garantizaría una dulce recompensa más allá de la muerte. Había que romper con aquel círculo endemoniado que sólo servía para que los ricos acumularan más dinero mientras los pobres se hundían sin remedio en la miseria. Su precoz talento político le señaló cómo hacerlo. Construyendo una organización política revolucionaria que despertara las conciencias y un ejército del pueblo que resultara imposible de vencer.

A esas tareas se consagró durante los cuarenta y cuatro años que siguieron a la agresión contra Marquetalia. Convencido, como solía repetirlo siempre, de que la revolución no tenía fecha, fue edificando su propósito con la genial sabiduría del hombre que no se deja arrinconar por el tiempo, pero que intuye al instante la urgencia de cumplir a cabalidad con cada una de las metas que se va trazando. Marulanda era capaz de asimilar eso que sólo muy pocos jefes aciertan a comprender. Que la revolución no es obra de un solo hombre por muy dotado de virtudes que este sea, sino que ella es producto de la lucha organizada de los pueblos que en un momento dado producen dirigentes para que los guíen con responsabilidad durante una u otra etapa. Jamás puso en duda que el capitalismo estaba llamado a perecer debido al constante agravamiento que producía de los males que agobiaban a la humanidad entera. Pero sabía que tendrían que completarse determinadas condiciones para que eso sucediera. Había por tanto que preparar a su pueblo y a su ejército para cuando estas se dieran, no fuera a ser que al final les fuera otra vez arrebatado el triunfo.

Dos hombres extraordinarios se apropian con su presencia descomunal del panorama histórico de Colombia durante la mayor parte del siglo XX. Son ellos Jorge Eliécer Gaitán y Manuel Marulanda. Nada de lo sucedido en el país a partir de su presencia activa en el universo de política y la guerra puede ser explicado sin referirse a ellos. 

Gaitán comenzó por conmocionar al país adormecido de la larga hegemonía conservadora, con su denuncia aterradora sobre los hechos ocurridos en la zona bananera del Magdalena en 1928. Por primera vez en el parlamento se escuchó hablar del modo como el gobierno colombiano y su ejército asesinaban en masa a la clase trabajadora criolla, por exigir sus justos derechos a una compañía transnacional norteamericana. Pese a la gravedad de los hechos denunciados, el futuro martirizado dirigente expresaría allí que no esperaba que se aplicaran sanciones penales para los responsables.  Sabía bien que las instituciones no estaban hechas para enfrentar tan poderosos intereses.  Se había graduado de abogado en la Universidad Nacional con una tesis sobre las ideas socialistas. Tenía por qué entender el fenómeno.  

Gaitán, como Mariátegui, se había codeado en Europa con las corrientes socialistas en boga y conocido personalmente el significado del fascismo. No era difícil para él prever lo que representaría para su patria la tenebrosa alianza entre el imperialismo, la oligarquía y el militarismo despiadado. Por eso se propuso llegar al poder a la cabeza de un torrente popular que poseyera la fuerza de demoler esa brutal trinidad. Al borde de conseguirlo fue víctima del magnicidio. 

El mismo día el gobierno norteamericano celebraba en Bogotá la primera cumbre de la OEA, institución panamericana con la que se proponía emprender una cruzada anticomunista en todo el continente. Su primer secretario general, Alberto Lleras Camargo, sería premiado con el primer turno en la Presidencia diez años después, cuando se consideró pacificado el país tras la sangrienta oleada de violencia que estremeció los campos colombianos. La oligarquía bipartidista había pactado un Frente Nacional a fin de borrar de la memoria colectiva las muertes de más de trescientos mil compatriotas, con las que creía  sepultar para siempre cualquier aspiración de naturaleza gaitanista o comunista.

Gaitán había llegado al mundo en el ocaso del siglo XIX. Varias generaciones de colombianos morirían con el intenso dolor de haber perdido a un líder tan gigantesco e irrepetible.

Pero los pueblos no son tan fáciles de derrotar como piensan sus enemigos. Al desesperado grito de rebeldía que estremeció el país el 9 de abril de 1948, sobrevino la represión salvaje y la traición de los dirigentes liberales. Entonces, cuando todo parecía perdido, brotaron las guerrillas liberales y los movimientos comunistas de autodefensa.  Del terrible choque que los habría de enfrentar con las fuerzas de la reacción más oscurantista de América Latina, nacerían fenómenos como la dictadura de Rojas Pinilla y la desmovilización generalizada. 

Cuando la oligarquía bipartidista y el imperialismo creían que por fin habían sometido al pueblo afrentado, un joven campesino gaitanista que se había alzado con los liberales tras el 9 de abril, apareció en Marquetalia como dirigente comunista. Es por eso que el profundo arraigo popular de las FARC en el siglo XXI no puede ser comprendido por quien ignore la historia de lucha del pueblo colombiano. Nuestras armas concentran siglos de justos sueños.

Montañas de Colombia, 26 de marzo de 2011.

Comunicados FARC-EP

III Consejo Nacional de los Comunes - Declaración Política

16-12-2018 Consejo Político Nacional

Durante los días del 14 al 16 de diciembre, se reunió en Melgar, Departame... Leer más〉

Editorial

El proceso de paz no es  la panacea, es una posibilidad  de alcanzar la paz

10-12-2018 Rubín Morro

Los acuerdos de paz de La Habana entre el Estado colombiano  y las Fuerzas Armadas ... Leer más〉

Bloques y Frentes

Mi experiencia en la Unidad Nacional de Protección

05-08-2017 Angelmiro López Pabón

Sentí orgullo cuando la dirección de la unidad a la que pertenecía... Leer más〉

La pluma de Gabriel Ángel

Rodrigo Londoño, Timo, cuenta su emotivo encuentro con Sonia

26-11-2018 Administrador

Durante más de una década pervivió en mi mente el recuerdo impactan... Leer más〉

▶ Actualidad con NCNoticias

Orden Público

Unidades de las FF.AA amenazan con atacar unidades del frente 29

El ejercito que está en Ricaurte y continuan hacia nuestra dirección, han ...

Desde las prisiones

Carta Abierta De Los Presos Políticos De Las FARC-EP Al Camarada Simón Trinidad, Prisionero En Cárceles Del Imperio Yankee.

No sabemos si nuestra condición nos permite una sensibilidad diferente a la que p...