DIALOGOS   -   MUJERES    EnglishPortuguesItaliano
DIALOGOS DE PAZ   -   MUJERES    EnglishPortuguesItaliano
Publicado en la categoría: La Pluma de Gabriel Angel
Viernes, 19 Diciembre 2014 15:28

¿Ocaso del Imperialismo?

Escrito por 
Tu votación
(0 votos)
0
2
0
s2smodern
powered by social2s

El imperialismo, así terminen siendo los Estados Unidos los mayores receptores de ganancias de esa red mundial, constituye un entretejido internacional de capitales de las más diversas procedencias


En lo correspondiente al análisis de la realidad contemporánea mundial suele leerse o escucharse con frecuencia que el imperialismo norteamericano se encuentra en franco declive. Los argumentos para asegurarlo son numerosos, comenzando por la situación de las finanzas públicas de los Estados Unidos, las cuales atraviesan por graves dificultades en razón al tamaño de su déficit fiscal y la enorme deuda con la banca mundial. 

A ello se añade, por un lado el repunte extraordinario de la economía China, cuyo tamaño según varios expertos, comienza a rivalizar con la norteamericana, y por el otro el papel que Rusia desempeña en el escenario de la política internacional, con la asunción de posiciones que riñen abiertamente con las intenciones de los Estados Unidos. Para este último caso se cita a manera de ejemplo la frustración los planes bélicos con relación a Siria en el 2013, que no pudieron llevarse a efecto por obra de la oposición rusa y el triunfo final de su tesis en torno al desmonte pacífico de las armas químicas sirias. Allí, se dice, el imperialismo norteamericano no tuvo otro remedio que ceder, algo absolutamente impensable dos décadas antes.

En la misma tónica, se argumenta la importancia que adquieren las mismas economías, esta vez concertadas en los llamados BRICS, que agrupan además a la India, Brasil y Suráfrica, de quienes se profesa que han comenzado a conformar los pilares de un nuevo orden económico mundial, por fuera de los marcos clásicos surgidos tras el fin de la segunda guerra mundial. Se entrevé la posibilidad de que el dólar deje de ser la moneda dominante en las transacciones internacionales, cediendo su lugar al yuan o a otras opciones en crecimiento. 

Se recuerda además, que el principal acreedor de los Estados Unidos es precisamente China, y que, de algún modo, de las decisiones que adopte este Estado con relación al manejo de la inmensa masa de bonos del tesoro norteamericano que tiene en su poder, depende en buen grado la estabilidad de la economía estadounidense. Pero además de las económicas, en las que desde luego no deja de señalarse la más evidente, la crisis económica financiera de la que no terminan de recuperarse ni los Estados Unidos ni Europa, que continúa expresándose en el estancamiento de su producto interno y en el constante y creciente deterioro de las condiciones de vida de su población, se aducen razones de índole política y militar para predecir un próximo derrumbe del imperio.

La unipolaridad mundial manifestada y ejecutada sin miramientos por los Estados Unidos tras la desaparición de la Unión Soviética y el fracaso del modelo socialista del Este de Europa, es cada día mayormente descrita como cuestión del pasado. Si George Bush padre pudo encabezar en 1991 la arremetida contra Irak sin que nadie se atreviera a oponérsele, su hijo también pudo arremeter contra Afganistán e Irak una década después, arrugando el ceño iracundo contra aquellos que de algún modo se atrevieron a contradecirlo, pero sin que nadie pudiera atravesarse en su camino de imposiciones a la fuerza. Hoy en día, se dice, gestos semejantes ya no son posibles. Norteamérica se ve forzada a tomar en consideración las posturas de otros poderes.

El caso de Sirio es el más ilustrativo, después de que se juzgara a escala internacional, que los norteamericanos aprovecharon indebidamente el visto bueno de Rusia y China al bloqueo aéreo contra Libia. Muy difícilmente estas dos naciones volverán a conceder en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, autorizaciones que pueda ser aprovechadas por los Estados Unidos para hacer de las suyas. Eso está visto, como parece también claro que los mismos estadounidenses ya no se sienten con las manos tan libres para obrar como George Bush hijo cuando, violando la legalidad internacional, atacó a Irak en el 2003 en contra de la franca oposición de otros países. 

También se dice que los norteamericanos no han vuelto a ganar una guerra. Desde Playa Girón en Cuba, pasando por Vietnam, Afganistán y la propia Irak, todas sus aventuras militares han terminado en fiascos. Como si se tratara de algún imperio extraño, parece que sus conspiraciones y manipulaciones políticas y de inteligencia han logrado mejores efectos que el empleo directo de su poderío militar. Los Estados Unidos, pese a su exposición suprema de armamento y tecnología no pudieron controlar a Afganistán ni Irak, llegando hasta la paradoja de sus aproximaciones a los talibanes a fin de concertar un acuerdo definitivo que estabilice ese país. Es como si a la larga, tanta exposición de poder militar no les fuera suficiente para garantizar sus propósitos. En este sentido es que algunos también encuentran manifestaciones de debilidad reales.

En este campo Latinoamérica es tomada como otro ejemplo de la decadencia norteamericana. En 1983 los Estados Unidos no vieron mayores dificultades para invadir la pequeña isla caribeña de Granada, y en 1989 tampoco vacilaron para caer sobre Panamá, derrocar su gobierno y poner a mandar a uno de sus títeres. Pero el subcontinente de hoy es un asunto distinto. 

Gobiernos abiertamente antiimperialistas como los de Venezuela, Bolivia y Ecuador, o prevenidos y distantes de las aspiraciones del Pentágono como los de Brasil, Argentina y Uruguay, la propia existencia de UNASUR y la creación de su Consejo de Defensa, sin la menor afectación por la opinión de los Estados Unidos o la OEA, ponen de presente que los tiempos del patio trasero pasaron a ser cuestión superada y desafiante. Los múltiples regímenes de izquierda, que incluso crecen en Centroamérica, al igual que la cada vez más activa y reconocida presencia de Cuba en el campo continental, plantean situaciones inesperadas para el imperio. Si a eso añadimos la creación de la CELAC, una gigantesca alianza continental que deja por fuera a Norteamérica, el panorama del ocaso imperial estadounidense no se nos antoja tan lejano.

Todo indica que si las decisiones sobre política internacional no tuvieran su epicentro en el Consejo de Seguridad de la ONU sino en su Asamblea General, y que si como cuestión lógica, las resoluciones de esta última poseyeran la fuerza vinculante de las del primero, el mundo sería algo muy distinto. No serían las posiciones imperialistas de los Estados Unidos, cada vez más cuestionadas, las que terminarían por imponerse en cada conflicto o situación, sino que una razón más justa y humana, sobre todo pacífica, sería la dominante en el planeta. Resulta innegable que un sentimiento y una certidumbre se apoderan cada vez más de los pueblos, no serán las ambiciones del gran capital y el poder militar las destinadas a dominarlos a todos.

Hasta aquí, atrevidamente condensadas y resumidas, las visiones que consideran que el fin de la hegemonía imperialista norteamericana es un hecho. Partir de una apreciación así conduce a un determinado tipo de decisiones en los campos político y militar. Por eso cabe hacerles también un pequeño balance crítico en aras de una objetividad más completa.

La concepción materialista de la historia parte del criterio de que son los intereses económicos subyacentes en el seno de una sociedad, los que a la larga determinan el devenir social, político y cultural de la misma, esto es, que la infraestructura o estructura económica de la sociedad es la base sobre la que se erige la superestructura ideológica e institucional, la cual se halla condicionada por ella.

Al respecto suele ponérsenos un ejemplo de acuerdo con el cual un hombre como Carlos Marx, con todo y su mente prodigiosa, no pudo hablarnos ni exponernos en sus obras acerca del imperialismo, sencillamente porque para los años de desarrollo enfebrecido del capitalismo que le correspondió vivir, el imperialismo no había hecho su aparición como fenómeno económico en el mundo. Ese honor le correspondió entonces a Lenin. Marx, sin embargo, con fundamento en su disección de la lógica del capital y las contradicciones de clase, tuvo el ingenio de prefigurarse el fin de la formación económico social capitalista y el advenimiento del socialismo y el comunismo.

De esta experiencia se puede deducir que existen limitaciones objetivas al conocimiento del hombre. Por más que se profundice en el estudio de los fenómenos, nunca se está exento de la aparición de realidades nuevas, que si no devalúan las conclusiones alcanzadas, al menos sí entrañan enormes retos a la inteligencia, en cuanto se refiere a la incorporación de novedosos elementos para el análisis y las previsiones consecuentes. Quiero decir, Carlos Marx tuvo la suficiente penetración mental para deducir de la dinámica del capitalismo y de las luchas entre la burguesía y el proletariado, la necesidad de las revoluciones socialistas. Eso no cambió porque Lenin hubiese enriquecido el marxismo con la teoría del imperialismo, pero sí puso de presente que las dificultades previstas por Marx en su tiempo para el triunfo de la clase obrera, iban a ser mucho mayores que las que él pensaba. El capitalismo estaba destinado a convertirse en un inmenso monstruo de mil cabezas, el imperialismo, y su derrota costarían a los pueblos mucho más que lo que se imaginaba Carlos Marx en sus agudas previsiones.

Si el período de vida que separó a Lenin de Carlos Marx no alcanzó siquiera a superar el de una generación, Lenin nació en 1870, 13 años antes de la muerte de Marx, qué pudiéramos nosotros pensar, acerca de la novedad de las mutaciones y dificultades que habrían de separar el triunfo definitivo del proletariado sobre la burguesía un siglo después de los aportes de Lenin. Por sólo decir algo, el histórico paso adelante que significó la revolución bolchevique de 1917, conducida directamente por Lenin, o el extraordinario repunte del socialismo real tras su triunfo sobre las hordas nazi fascistas en la segunda guerra mundial, acontecimientos que de verdad estremecieron al mundo hasta sus más recónditos cimientos, han pasado dolorosa e increíblemente a convertirse para los comunistas y revolucionarios del mundo en nostálgicas anécdotas acerca de glorias pasadas, cuya desaparición ninguno imaginó que llegara a producirse un día. 

Quiero decir que una cosa es avizorar, auscultar en las tendencias históricas dominantes para prever desarrollos futuros, y otra cosa es creer que los acontecimientos previstos están a punto de producirse. La propia experiencia derivada de las luchas de Marx, Lenin y demás dirigentes comunistas termina por indicar la necesaria prudencia con la que debe examinarse el horizonte.  Las revoluciones democrático burguesas producidas en 1848 en varios países europeos movieron a pensar a Marx y Engels que la hora del proletariado había llegado, y que las cosas estaban maduras para la revolución socialista. Muy pronto comprenderían que no, lo cual no desvalorizaba sus agudos planteamientos, sino que los ponía en un horizonte histórico. La Primera Internacional tampoco cumplió con el propósito con el que fue concebida, sencillamente porque no se habían reunido las condiciones objetivas para ello. Este caso y los sucedidos con la revolución rusa y china mucho después, ponen de presente la necesidad de ubicar las aspiraciones en la perspectiva histórica correcta. 

Hoy día, ni siquiera los más radicales entre la ortodoxia comunista conciben la posibilidad de construir el comunismo en el breve plazo de su generación o la siguiente. Y lo que puede resultarnos todavía amargo a muchos, se convierte cada día más en una certidumbre creciente: ni siquiera resulta posible construir el socialismo en el breve período histórico de una, dos, cinco a siete décadas. Al menos en las condiciones del mundo presente, sometido al dominio hegemónico de las grandes corporaciones transnacionales. 

De lo que se trata hoy en día es de avanzar en todas las direcciones hacia una democratización que permita la conformación creciente e inatajable del protagonismo de los pueblos, a fin de que estos puedan imponer mayoritariamente grandes transformaciones en la sociedad actual, en los campos económico, político, social y cultural, en dirección a solucionar sus graves carencias, poner fin a toda clase de abusos, eliminar cuantas formas de discriminación subsistan, salvar la naturaleza, la vida y el planeta, aplicar criterios efectivos de justicia y desterrar las diversas formas de explotación del trabajo ajeno. A eso algunos lo llaman de una vez socialismo, mientras que otros prefieren llamarlo regímenes de avanzada en camino a la construcción de aquel. Pero cada vez toma más cuerpo la idea de que se trata de procesos, que no va a ser posible concretar de un solo golpe todos los sueños o programas, independientemente de la vía por la que se llegue al poder.

La revolución no es una cuestión de meses o años, sino un viraje radical en la dirección en la que marcha una sociedad, venciendo cotidianamente los intentos de vuelta al pasado. No son cuestiones de grandes hombres o caudillos, sino de fuerzas históricas que logran imponerse y marcar un derrotero distinto. Pienso que es la forma más correcta de entenderlo hoy.

Es con esa óptica que debe interpretarse también la caída del régimen y con mayor razón el desplome de un determinado sistema de producción. El neoliberalismo, como doctrina y práctica dominante a escala global, no va a poder ser removido de un país por la simple llegada de un gobierno alternativo de avanzada. Con éste apenas se comenzará un proceso. Considero errático esperar el derrumbe del imperialismo norteamericano como el producto de una gran crisis financiera o de la producción, como el gran acontecimiento que está a punto de producirse cada día, y en el cual tenemos cifradas todas nuestras esperanzas y certezas los revolucionarios. 

La agonía del imperialismo será muy larga y terriblemente accidentada, jamás la vamos a ver como gran titular en los diarios. Puede ser cuestión de muchas décadas o muchos siglos. Lo que no debemos poner en duda los revolucionarios, es que de una u otra forma eso será una realidad para las generaciones venideras. Y que hay que luchar para acelerarlo al máximo.

Al respecto me permito especular con algunas ideas. Ninguno de nosotros sabe en realidad qué puede esperarse de la China comunista. En gran medida por la deficiencia informativa, o porque no existe en realidad un material en el que se plantee con claridad su dirección futura. Lo cierto es que sus prácticas económicas se ajustan a la más acendrada ortodoxia neoliberal, su extraordinario crecimiento puede adjudicarse en gran medida a la súper explotación de su propio pueblo. Nadie como los chinos para desarrollar el concepto de la libre competencia capitalista en todos los campos de su actuación. ¿Cuál será su posición futura? ¿Estarían de acuerdo con una debacle de la economía norteamericana que a su vez significaría su propia debacle?

Rusia no es un país socialista, sino un país capitalista en franca competencia comercial y de poder con otras potencias capitalistas, con deseos de expandirse económicamente cada vez más. Aunque las naciones en franco desafío al imperialismo norteamericano encuentren en Rusia un apoyo determinado, no puede olvidarse que ese apoyo no se funda en ningún tipo de internacionalismo o solidaridad, sino en un puro cálculo de intereses. 

Por otro lado el imperialismo no puede ser entendido hoy como la gran red mundial de empresas, banca e intereses exclusivamente norteamericanos. El imperialismo, así terminen siendo los Estados Unidos los mayores receptores de ganancias de esa red mundial, constituye un entretejido internacional de capitales de las más diversas procedencias, del cual empresas y personas de todo el mundo derivan beneficios económicos y de toda índole. Mirando hacia Europa, la trama de intereses mercantiles y financieros tiene su corolario en la OTAN, como expresión militar de una unidad, más que una alianza de intereses económicos. 

Grandes multimillonarios latinoamericanos y una buena parte de empresarios del agro, la industria y la banca empatan sus negocios e intereses con las corporaciones transnacionales. La expresión política de países como México, Perú y Colombia, con sus remedos de democracia, dan cuenta de su entronque funcional con el imperialismo. No se trata de oligarquías arrodilladas y entreguistas al imperialismo, se trata de una parte de sus engranajes, puede afirmarse sin temor que son unos de sus órganos biológicos. Los afanes del Presidente Santos por la inclusión de Colombia en la OCDE demuestran su aspiración a que se reconozca al país como una tajada del imperio. Tal y como están los cosas no me cabe duda de que lo es en realidad.

No quisiera especular acerca de la simbiosis entre capitales europeos, norteamericanos, chinos y rusos en ese mercado mundial. Pero es evidente que algo de eso existe. Con la apertura económica china y la caída de la URSS, se abrieron las puertas a la penetración de grandes capitales de occidente a esos mercados emergentes. Igual podríamos hablar de la India y los países del Asia pacífica considerados como economías en franco auge económico. No sé si pueda decirse exactamente así, pero no son Tailandia o Singapur, por decir algo, las grandes economías en desarrollo, sino que son los capitales inversionistas que se han depositado allá.

Sintetizando diría que el imperialismo es un poderosísimo aparato económico y político que ejerce su dominio a escala mundial, y que por tanto sería capaz de sobrevivir incluso por sobre los escombros de la economía norteamericana, si es que efectivamente esta llegara un día a derrumbarse a corto o mediano plazo como lo imagina tanta gente. Creo que la mejor forma de combatirlo sigue siendo la de cada pueblo en cada país vinculado a su órbita. Y desde luego la de la integración de los pueblos que se enfrentan al imperialismo, cosa que no resulta tan fácil como puede creerse a primera vista. Los niveles de desarrollo e independencia del imperialismo no son iguales entre todos los pueblos que buscan liberarse, lo cual genera la existencia de intereses particulares, que pueden entrar en choque y de hecho chocan con la aspiración colectiva.

Luchar en cada país contra las clases dominantes insertadas en la red mundial imperialista no deja de ser el elemento básico e imprescindible en el camino hacia la independencia, el desarrollo soberano y la justicia social. De ese modo estaremos minando también al gran monstruo. Captar la tendencia mundial a su derrumbe es importante, pero nunca tanto como para sentarse a esperarla sin batallar por su aceleración. Luchar, luchar, luchar, no queda otro camino que luchar.

Montañas de Colombia, 19 de noviembre de 2014.

Comunicados FARC-EP

III Consejo Nacional de los Comunes - Declaración Política

16-12-2018 Consejo Político Nacional

Durante los días del 14 al 16 de diciembre, se reunió en Melgar, Departame... Leer más〉

Editorial

El proceso de paz no es  la panacea, es una posibilidad  de alcanzar la paz

10-12-2018 Rubín Morro

Los acuerdos de paz de La Habana entre el Estado colombiano  y las Fuerzas Armadas ... Leer más〉

Bloques y Frentes

Mi experiencia en la Unidad Nacional de Protección

05-08-2017 Angelmiro López Pabón

Sentí orgullo cuando la dirección de la unidad a la que pertenecía... Leer más〉

La pluma de Gabriel Ángel

Rodrigo Londoño, Timo, cuenta su emotivo encuentro con Sonia

26-11-2018 Administrador

Durante más de una década pervivió en mi mente el recuerdo impactan... Leer más〉

▶ Actualidad con NCNoticias

Orden Público

Unidades de las FF.AA amenazan con atacar unidades del frente 29

El ejercito que está en Ricaurte y continuan hacia nuestra dirección, han ...

Desde las prisiones

Carta Abierta De Los Presos Políticos De Las FARC-EP Al Camarada Simón Trinidad, Prisionero En Cárceles Del Imperio Yankee.

No sabemos si nuestra condición nos permite una sensibilidad diferente a la que p...