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Publicado en la categoría: Comenta la guerrillerada
Domingo, 30 Octubre 2016 00:45

Carta a la familia del guerrillero Leonardo Tovar de las FARC-EP

Escrito por  Yadira Suárez
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Les digo a los familiares de Leonardo Tovar que comparto su dolor y lamento ser portadora de estas noticias trágicas


Carta a la familia del guerrillero Leonardo Tovar de las FARC-EP
Me dijeron que soy la persona ideal para responder un correo recibido en esta página. Al comienzo sentí algo de curiosidad y a decir verdad me sentí ligeramente halagada. Pero en cuanto conocí la razón, mis sentimientos cambiaron de manera radical. La familia de Leonardo Tovar, compañero mío en el trabajo de la emisora del Bloque Sur, escribía preguntando por él. Decían que desde el año 2003 no recibían noticias suyas y suplicaban alguna información que pudiera satisfacer su ansiedad. Comprendí de qué se trataba, yo conocí directamente las incidencias de su fallecimiento, y por tanto era la persona más indicada para contárselo.

A Leonardo, cariñosamente, todos lo llamábamos el Gordo en la unidad que tenía a su cargo la emisora. Si mal no recuerdo, la mayor parte del tiempo que permaneció en filas trabajó en esta unidad. Entre 2002 y 2004 fungió como jefe de redacción. Para entonces ya nos habíamos trasladado al Putumayo, pues la finalización de los diálogos con el gobierno de Andrés Pastrana nos obligó a salir de las inmediaciones de San Vicente del Caguán, el más famoso de los municipios de la zona de despeje.

Debo decir que su responsabilidad obedecía exclusivamente a sus capacidades. Nunca lo supe bien, pero entendía que provenía de la capital del país y que por ello poseía una buena capacidad académica. Eso lo habilitó para convertirse en poco tiempo en un cuadro. Los mandos del Bloque aprovecharon sus conocimientos y fue así como Leonardo comenzó a desempeñarse como instructor en varias materias. Dictaba cursos de cartografía, inteligencia de combate, trabajo práctico de emisoras y cosas así. También debo dejar constancia de que eso no fue siempre de su gusto.  

Le mortificaba que nunca lo destinaran a lo que llamamos en la guerrilla orden público. Él, como revolucionario y guerrillero quería era ir al combate, esa es la aspiración de todo el que ingresa a las FARC. Pero aquí somos una organización en la que se sopesan bien las circunstancias, de tal modo que ninguna dirección quiso arriesgar la pérdida del cuadro en una tarea que podían desempeñar con igual o superior eficiencia otros camaradas. Siempre procuraron preservarlo al máximo.

Sin embargo uno no puede explicarse siempre las decisiones de Dios. Finalmente fue la furia de la naturaleza la que vino por él.  Un día del año 2005, tras finalizar un balance con los integrantes de diversas unidades, los mandos procedieron a despachar  del campamento general del Frente 48 a las distintas escuadras, guerrillas y compañías, cada una con su respectivo plan de trabajo. Leonardo salía nuevamente en comisión para la emisora, aunque le habían dicho que en cualquier momento lo llamarían para dictar un curso de inteligencia de combate.  Por eso tuvo la idea de quedarse un rato más para precisar el tema.

Los demás de la emisora, a bordo del motor canoa que nos conduciría hasta nuestra unidad, decidimos esperarlo tras embarcar los equipos, esperanzados en que pronto nos alcanzaría. Pero él estaba embebido hablando del asunto del curso con el encargado de inteligencia del frente, el camarada Duver Valencia. Al final consiguió incluso que lo autorizaran a quedarse un par de horas más, y el mando autorizó que un motorista lo condujera más tarde hasta nuestro puerto. No tuvimos más remedio que partir sin él. El día amenazaba lluvia, comenzaban a caer gotas de agua y sabíamos que las crecientes del río San Miguel son muy fuertes e imprevisibles.

Los que partimos adelante, salvo la lluvia que nos cayó encima durante todo el recorrido, no tuvimos dificultades de consideración y llegamos salvos a nuestro destino. Pero otra cosa ocurrió con el motorista y Leonardo que subieron unas horas después. El tránsito se efectuaba río arriba y según lo relató el motorista esa noche, el río empezó a aumentar de forma precipitada, convirtiéndose en un chorro de enorme poder. Ellos ascendían bien por entre la corriente, pero de un momento a otro el motor se apagó, y la fuerza de las aguas llevó pronto a poner de través la canoa. El susto de Leonardo fue muy grande, él no sabía nadar y le tenía pánico a los ríos. El motorista, un muchacho de buena experiencia en esas lides, le gritaba que se estuviera quieto, que confiara en él, que no permitiría que la canoa se volteara.  

La corriente, pese a todo, vino en auxilio de la canoa y poco a poco la fue echando hacia la orilla. Todo indicaba que pronto podrían saltar a tierra y que sería fácil entonces salir del mal paso. Pero quizás qué pensó Leonardo en ese momento. En el parecer del motorista, obró poseído por el desespero cuando decidió arrojarse al agua. Él era un hombre de gran estatura, de tal modo que hizo piso en el lecho del río. El motorista, sorprendido, le gritó con fuerza que buscara tierra firme, pero aún más alarmado vio cómo Leonardo en vez de acercarse a la orilla, comenzó a penetrar río adentro. Probablemente la fuerza de la corriente resultaba superior a la de sus piernas, que no estaban habituadas a ese tipo de tareas y por tanto resultaron incapaces de resistirla. En unos cuantos segundos se lo tragó el río. El San Miguel es un río traicionero, que incluso seguía aumentando después de brillar de nuevo el sol.

Cuando el motorista volvió al campamento general ya estaba anocheciendo. Ante tan lamentable novedad, el mando dispuso que todos los motoristas salieran en sus canoas con la misión de hallar su cuerpo. La búsqueda resultó inútil esa noche, al igual que el día y la noche siguientes.  A los tres días, un campesino enterado de la búsqueda de la guerrilla, encontró el cuerpo y lo arrimó a la orilla casi cincuenta kilómetros abajo de donde ocurrió la desgracia. Pronto aparecieron los guerrilleros prestos a recoger el cadáver de su compañero. Lo llevaron consigo, encargaron el ataúd, le hicieron el velorio y lo enterraron en un cementerio que había ido construyendo la guerrilla con los cuerpos de sus compañeros abatidos en combate. Allí había una docena de cuerpos más.

Se trataba de  un pequeño prado, a la orilla de un camino veredal, en el que el Frente 48 fue enterrando dolorosamente a sus muertos. Esta es una historia verdaderamente triste, no sólo por la pérdida de Leonardo que ya de por sí resultaba lamentable, sino por lo que ocurrió luego con todos aquellos cuerpos.  Esta es la parte que nunca hubiera querido escribir, pues me hiere en lo más profundo del alma. Incluso me indigna, aún ahora cuando hablamos de paz, perdón y reconciliación y estamos más que dispuestos a ello. Yo no sé qué tipo de valores portaban las brigadas móviles que operaban por el Putumayo durante el gobierno de Álvaro Uribe, pero lo ocurrido con aquel cementerio sirve para ilustrarlo de modo ejemplar.

El lugar estaba situado a unos tres kilómetros de las riberas del San Miguel, en el departamento del Putumayo, muy cerca a lo que llamamos nosotros la pata de la cordillera, cerca al departamento de Nariño y la frontera con Ecuador. Los civiles tenían conocimiento de su existencia e incluso manifestaban respeto por él. Pero un día llegaron los hombres de acero, con el corazón y los sentimientos tan duros como ese metal, y decidieron minar con explosivos el terreno y hacerlo volar. Contar ese tipo de cosas, que efectiva y realmente ocurrieron en la guerra, da hasta temor. Porque uno sabe que inmediatamente van a salir a calificar la denuncia como una calumnia, y que van a pretender dejarla a una por mentirosa. Pero todos los guerrilleros del 48 y la población civil del área lo pueden confirmar.

Ahora les digo a los familiares de Leonardo Tovar que comparto su dolor y lamento ser portadora de estas noticias trágicas. Todos en las FARC llevamos en el alma heridas parecidas, y son numerosas las familias de los combatientes que han tenido que soportar esta angustia y esta pena indescriptible. Los queremos a todos, y por eso queremos que nadie más vuelva a sufrir cosas semejantes en Colombia.


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