DIALOGOS   -   MUJERES    EnglishPortuguesItaliano
DIALOGOS DE PAZ   -   MUJERES    EnglishPortuguesItaliano
Publicado en la categoría: Comenta la guerrillerada
Lunes, 08 Agosto 2011 23:41

Remembranzas

Escrito por 
Tu votación
(0 votos)
0
2
0
s2smodern
powered by social2s

…Fue en el 86 cuando salí para el Secretariado, comenta, bueno, que la vaina era dura, decían los guerrilleros que salían de allá de recibir cursos…


Eduardo, el Gordo, nació en El Doncello, Caquetá. Sus padres eran agricultores, y a su casa llegaban, de civil, guerrilleros de las FARC. Él empezó a quererlos, porque eran muchachos que explicaban todo y educaban con la fuerza de quien tiene la razón.

Al cumplir los once años se fue con ellos. Y cuando tuvo dieciséis, lo enviaron de tropa para la guardia del Secretariado Nacional, en las montañas del Meta.

Fue en el 86 cuando salí para el Secretariado, comenta, bueno, que la vaina era dura, decían los guerrilleros que salían de allá de recibir cursos; yo iba de planta, fui a relevar a unos que estaban allá. Todo el mundo se lamentaba. Yo me decía, si eso es así, cómo es que sí están otros guerrilleros allá, cómo sí aguantan, y por qué no va a aguantar uno. Y alcancé a estar allá seis años, tres años trabajando, sembrando arveja, desmatonando potreros, prestando avanzadas, que son unos grupos de seguridad en las afueras de los campamentos. De ahí, bueno, iban saliendo arrieros, por físico cansancio o enfermos de las rodillas, entonces, iban llegando y escogiendo gente para reemplazarlos. Ahí fue cuando me llamó el camarada Jacobo, y me preguntó, que cómo me sentía yo para arriar. Yo al camarada Jacobo lo conocía desde cuando llegué a las unidades del Secretariado, fue él quien nos recibió a nosotros, que de dónde vienen ustedes, nosotros venimos del Séptimo, de cuota; como era por tres años el servicio de las cuotas, venimos a relevar a una gente que hay aquí. Y estuvimos hablando con él. El no vestía de militar, sino con ropa civil, como con rayitas, así como se ve en las filmaciones. Claro, al uno mirarlo le daba como nervio, mirarlo ahí: JACOBO ARENAS! Al que uno no conocía, y él hablando, él siempre hablaba así como duro, acostumbrado a hablar duro; pero al ratico ya nosotros lo mirábamos como al jefe, ya comprensible, entendible, bueno para charlar cosas.

Allí, como le dije, pasé los tres primeros años trabajando, me tocaron cinco meses de rancha – que es como se llama a la cocina en la guerrilla – como oficial de casino, que no éramos si no dos, porque en ese tiempo el cuidado con la comida tenía que ser muy berraco. Es estando en esas cuando me llama el camarada Jacobo y me pregunta que cómo me sentía yo para la arriería, que cómo estaba de salud, yo si le dije, yo estoy sanito, yo le hago a lo que me ordenen. Ahí estaban otros tres muchachos conmigo, él nos atendió en su oficina, que era una casa grande de tablas con balcón. Ahí lo atendía él a uno.

Así entré a la arriería, y él dijo, bueno, van y se le presentan al comandante de los arrieros, que en ese entonces era Reinaldo, quien después murió siendo comandante de la Fuerza Especial del camarada Manuel, lo mataron en Calamar, Guaviare. Entramos a la arriería, el mismo camarada Jacobo fue con nosotros a los corrales donde estaba la mulada, y bueno, estas son las mulas que ustedes van a manejar, esto se maneja así, se maneja asá. El viejo sabía de todas esas vainas. Él lo enseñaba a uno. Bueno, una enjalma hay que arreglarla así, que el apero, que hay que colocarle el caucho y todo, para que no se pele la mula, que hay que falsear la enjalma, todo eso le enseñaba él a uno.

Empezamos el proceso. A mí me fue muy bien. Después de cada viaje que hacíamos, él nos reunía, y de una vez charlaba, bueno, cómo están las cosas, cómo están las mulas, cómo van en el entendimiento ustedes, bien, bien, camarada, bien.

Las mulas permanecían en potreros abiertos por la guerrilla en la selva. Uno recogía la mulada al corral cuando iba a herrarlas. De carga había 400 mulas, por todo había mil treinta animales, entre bestias de carga y de transportar gente.

El primer viaje que tuve que hacer al páramo fue durísimo, durísimo, llegué a pensar que iba a morirme.

En cada partida se movían ochenta, cien mulas, cada arriero cogía quince o dieciocho mulas, y así se dividían la arria. Cada mula tenía su nombre, y cuando uno abría los grupos, comunicaba al responsable, llevo tal y tal mula, con nombre y todo, por si se perdía una, se supiera qué arriero tenía que regresarse a buscarla.

Movíamos de todo, arroz, arveja, fríjol, cuando aún no se daban los cultivos nuestros, láminas de zinc, tuberías, plantas eléctricas, las vajillas, la intendencia. Esos viajes se hacían cada quince días. A veces en los caminos podían cruzarse recuas de 200 mulas, unas subiendo, otras bajando. Allá tenía que abrir paso el que iba sin carga, los que iban cargados no le abrían paso a nadie. Eran etapas duras, el terreno era muy quebrado. Saliendo a buscar carga, uno se echaba tres días, regresando, nos echábamos ocho, porque tocaba dejar descansar las mulas. Teníamos estaciones, fincas de las FARC, donde descansábamos, se echaban a descansar las mulas dos días, calzábamos, arreglábamos aparejos, cargábamos y seguíamos.

Cuando nevaba en el páramo era bravo. Las mulas casi no podían andar por la brisa y el frío, se encalambraban. Eso era todo un combate. En cada viaje podían morir mulas. Mula que se cansaba en el páramo tocaba que quitarle la carga y era seguro que moría, el frío la mataba. O a veces se rodaban con carga por los faldones.

Fue en ese tiempo cuando le aprendí al camarada Jacobo, lo que es el proceso de la guerra, qué es la revolución, pues me hablaba de cómo es que debe sentir uno como revolucionario y qué tiene uno que cumplir para ayudar en el proceso, esto, durante las reuniones que hacíamos cuando llegábamos de viajar. Uno llegaba, descargaba, se bañaba, y enseguida él lo mandaba llamar a la oficina, y nos decía esto es duro, pero, entonces, es el sacrificio que tiene que hacer el revolucionario, porque esta cosa es de sacrificio, de luchar todos, de aportar, y el aporte de ustedes, nos decía el camarada allá, es de los mas duros. Él le daba a uno mucha moral, mucha fuerza, mucho apoyo.

No tuve un solo tropezón con él, porque él sabía ordenar bien las cosas. Cuando se ponía bravo lo enfrentaba a uno. Le disgustaba que le fallaran, que uno entrara artículos que no se necesitaban y dejara allá otros que se necesitaban ahí. Una vez, recuerdo, se acabó el arroz, pero el ecónomo, que era Calixto, no nos dijo esa vez, echen esto y esto otro, se durmió. Y recuerdo tanto que ese día echamos una rastra de tubos y echamos cinc, y claro, cuando llegamos, no había arroz para la tropa, y el ecónomo estaba rogando que llegara la mulada con arroz, y nada. De una vez el camarada Jacobo nos mandó llamar y nos dijo se me devuelven ya, y tienen seis días para ir y volver. Figúrese: seis días! Que nos tocó sacrificarnos andando de día y de noche.

Salimos con sesenta mulas. En el tercer viaje solo fueron capaces de regresar dieciséis. Entonces él dijo parémosle porque nos vamos a quedar sin nada. Pero metimos el arroz.

El camarada Jacobo salía a las formaciones, hacía una ronda por los campamentos, hablaba con la tropa, visitaba a los enfermos. Él era recochero. Él hablaba con uno y enseguida un chiste. Ahora, cuando se hacían las parrandas, el espectáculo y el ambiente eran Jacobo Arenas, bailando pasodobles, no ve que él comenzaba a correr por la pista con una vieja de rastra, déle vueltas, y grite, riendo a carcajadas. Ese era Jacobo. Cantaba, que “en el río Sinaí no lloraba por lo que le dije sino por lo que le vi’’. Muy animoso. Muy atractivo.

Una vez el camarada aperó su caballo “Pasanubes’’ El mismo aperaba sus caballos. Y arrancamos por un potrero a hacer unas maniobras, a encerrar una bolita de monte que había. Él iba en el medio en su caballo, nosotros a los lados al trote, de guardia de él. Estando de arrieros también nos metía al entrenamiento militar. Entonces llegamos a la bolita de monte y dijo, bueno, vamos a hacer una trochita por aquí, por el centro, y yo me zampo como si fuéramos de marcha. El se bajó del caballo y lo dejó amarrado a un palito. Y nos metimos, saliéndole al monte, y el viejo ahí, listo, en guardia también, hacemos esta maniobra, dijo él, para que no se me olvide andar en el monte, para que no se me olvide cómo me desenredo de un bejuco. Pero a él ese día se le quedó olvidada la peinilla en el campamento, y claro, pasando el monte se enredó en un bejuco, y cuando fue a mandarle mano a la machetilla dijo, hijueputa, ala, es que un guerrillero sin machete es medio guerrillero. Por eso, de ahora en adelante, nadie me anda sin machete.

Salimos del monte, se sentó en el potrero y nos dio una charla, es que el guerrillero nunca debe andar sin la peinilla, dijo, sin el cuchillo, pues con esos se defiende uno, y se desenreda, o le avanza al enemigo mochando bejucos con cuidado. Todo eso tienen que aprenderlo.

Un día me resbalé y sufrí un desgarre en esta pierna. No podía caminar casi. De repente vi que la gente corría en los campamentos. Me asusté mucho. Le pregunté a un pelado qué pasa, pero estaba en las mismas. Y entonces oigo que no, que toda la tropa está formando. Me dije, viene el enemigo. Me bajé renqueando para allá, y le pregunté al oficial de servicios del camarada Alfonso, hermano que pasó. Y dijo, no hermano, que se murió el camarada Jacobo. Cómo así. Yo cuando dijeron se murió el camarada Jacobo sentí una güevonada, quedé neutralizado. Dónde está, que en el campamento de él; yo de una vez me fui, hasta sin permiso, y arranqué al trote sin sentir dolor en la pierna. Llegué allá, claro, pero ya estaba ahí el camarada Manuel. No dejaban entrar a nadie. Eso lo tenían acordonado. Nadie entra ahí hasta que el camarada Marulanda no de la orden. Al poco rato llamó a la tropa, éramos 230, y de una vez nos dejaron pasar a todos en fila india por la pieza de él, mirándolo ahí, muerto; dimos una vuelta alrededor de él y salimos. Después lo sacaron a un aula, en ataúd y todo, yo me le acerqué dos veces, pero ya no era capaz de mirarlo, porque ya el llanto no me dejaba abrir los ojos.

Pero, para mí fue peor la muerte de Jacobo Arenas, que la de los padres míos.

Comunicados FARC-EP

III Consejo Nacional de los Comunes - Declaración Política

16-12-2018 Consejo Político Nacional

Durante los días del 14 al 16 de diciembre, se reunió en Melgar, Departame... Leer más〉

Editorial

El proceso de paz no es  la panacea, es una posibilidad  de alcanzar la paz

10-12-2018 Rubín Morro

Los acuerdos de paz de La Habana entre el Estado colombiano  y las Fuerzas Armadas ... Leer más〉

Bloques y Frentes

Mi experiencia en la Unidad Nacional de Protección

05-08-2017 Angelmiro López Pabón

Sentí orgullo cuando la dirección de la unidad a la que pertenecía... Leer más〉

La pluma de Gabriel Ángel

Rodrigo Londoño, Timo, cuenta su emotivo encuentro con Sonia

26-11-2018 Administrador

Durante más de una década pervivió en mi mente el recuerdo impactan... Leer más〉

▶ Actualidad con NCNoticias

Orden Público

Unidades de las FF.AA amenazan con atacar unidades del frente 29

El ejercito que está en Ricaurte y continuan hacia nuestra dirección, han ...

Desde las prisiones

Carta Abierta De Los Presos Políticos De Las FARC-EP Al Camarada Simón Trinidad, Prisionero En Cárceles Del Imperio Yankee.

No sabemos si nuestra condición nos permite una sensibilidad diferente a la que p...