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Publicado en la categoría: Comenta la guerrillerada
Martes, 07 Junio 2016 05:27

Un pueblo destruido por la violencia paramilitar y estatal

Escrito por  Gabriel Prado Guerrillero del Bloque Magdalena Medio
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La Gabarra quedó convertida en un pueblo sin pueblo, que daba mucha tristeza. Los pocos que quedaron estaban sumidos por el miedo y la desconfianza, allí solo reinaban las ruinas y el dolor.


Un pueblo destruido por la violencia paramilitar y estatal

Quiero comenzar mi relato haciendo mención de una situación vivida en mi adolescencia. En esta pequeña crónica, les contaré la situación que vivió La Gabarra, una de las carnicerías que los paramilitares hicieron en el país.

Recuerdo como si fuera ayer, aquella noche cuando al aproximarse las 00:00 horas del 29 de mayo de 1999, el pueblo sufrió el espanto total. Ese día disfrutábamos de un bazar en la Vereda Las Vegas, acompañados de otras veredas ya que se hacían campeonatos relámpagos de fútbol, tejo, bolos y otros. De repente alguien dijo: “los paramilitares vienen rumbo a La Gabarra”, hubo un silencio espantoso por espacio de dos minutos y después un cúmulo de gritos, sollozos y se vio gente aturdida corriendo hasta quedar la plaza sola.

Era un pueblo de muchos habitantes, pero poco a poco se fue quedando solo. Se veían todos los días las caravanas de canoas, llenas de gente que huía para salvaguardar sus vidas. Los tres días siguientes lo que se veía era gente despavorida que salía a refugiarse en la Frontera.

Pero los poco que quedaron fueron objetivo de los paramilitares. Comenzaron las masacres  en la carretera. Recuerdo por ejemplo un carro que se dirigía para Cúcuta donde viajaban 7 personas, entre ellos 6 hombres y 1 mujer embarazada; todos fueron asesinados y el caso de la mujer fue el más terrible, pues antes de matarla fue violada, pateada y torturada hasta el punto de hacerla botar la criatura.

De 6 de julio, cuando subíamos para La Gabarra, en el sitio conocido como Puerto Ángel, nos sorprendió un retén aparentemente militar, pero resultó que eran paramilitares y hasta que no asesinaron a un padre de 7 niños y a un miliciano de las FARC no nos dejaron ir.

Esa era la vida en La Gabarra durante un mes aproximadamente, asesinaban personas y las lanzaban al río. Todos los días se podían contar 5 o más humanos flotando y rodeados de samuros.

Pero el 4 de agosto fue la masacre más grande que podemos recordar. Eran las 19:00 horas cuando comenzaron a sonar disparos, hombres y mujeres y todo lo que se moviera era atravesado por las ráfagas de fusil. La policía por su parte cuidaba el puente para que nadie escapara.

En este ataque conjunto de policía, ejército y paramilitares contra civiles se contaron 56 muertos, entre mujeres, jóvenes, hombres y niños. Sin embargo es conocido que además de los 56, la policía mató otros que lanzó al río. Fue un sábado de dolor y terror, padres sin hijos, hijos sin padres, mujeres sin esposos, hombres sin esposas. Todos asesinados esa noche.

A partir de este momento no cesaron las masacres  en la región: Puerto Guadas, Barranca, La India, entre otros fueron víctimas en las que solo el miedo era el consuelo.

En el 2001 ya el río era un cementerio. En las playas encontrábamos perros y samuros devorando las víctimas, mientras el pueblo trataba de espantarlos para reconocer los residuos humanos de su familiar o amigo.

Así poco a poco se fueron adueñando de nuestra región. Quitaban las canoas de los habitantes y el que no las entregaba por las buenas, lo mataban. Los paramilitares tomaron el control de todo, la comida, el vestuario y hasta el trabajo dependía de lo que ellos ordenaran. En alguna ocasión fueron un grupo de campesinos hacia el Batallón con el título de propiedad de su terruño y jamás regresaron, después encontraron sus cuerpos en costales y canecas vueltos pedacitos.

La Gabarra quedó convertida en un pueblo sin pueblo, que daba mucha tristeza. Los pocos que quedaron estaban sumidos por el miedo y la desconfianza, allí solo reinaban las ruinas y el dolor.

Esto es solo un pequeño resumen de lo que mi mente recuerda, del sufrimiento de ésta región. Y esto es solo una muestra de lo que sucede en un rinconcito de nuestra Colombia.

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