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Desbrozando Ideas

Blog del comandante Timoleón Jiménez
Publicado en la categoría: Desbrozando Ideas
Lunes, 29 Julio 2013 12:16

El apoyo de las FARC a los campesinos del Catatumbo

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Baleados, garroteados, gaseados, ignorados y ridiculizados. Amenazados con cárcel. ¿No han sido circunstancias muy semejantes las que han producido el levantamiento armado?

Hociquea furibundo el ministro Pinzón porque el Estado Mayor del Bloque del Magdalena Medio de las FARC-EP expresó con voz sincera sus sentimientos de afecto, solidaridad y apoyo hacia los campesinos movilizados en el Catatumbo. Y porque les hizo el franco planteamiento de que si no eran atendidos y seguían reprimiéndolos como hasta ahora podían contar con la vía de las armas.

En su rupestre lógica resulta ridículo que la insurgencia armada colombiana ofrezca sus armas y sus filas a los aporreados campesinos. Porque ello corrobora la intención terrorista de alterar el orden público y demuestra lo que siempre se ha dicho acerca de la infiltración de la protesta. Que será aprovechada para atacar la fuerza pública y la población civil.

Anteriormente había sido el propio Santos quien calificó de torpeza por parte de las FARC el que sus delegados en La Habana hubieran pedido que el gobierno escuchara a los campesinos del Catatumbo en lugar de violentarlos y acusarlos de guerrilleros. Ese tipo de manifestaciones lo único que hacían era comprobar que las marchas estaban infiltradas por la guerrilla, explicó.

Payasadas y torpezas son calificativos benévolos hacia las FARC, si se los compara con los que habitualmente se emplean contra ellas. Quizás por eso en el Vichada el primer mandatario consideró oportuno volvernos a llamar criminales, narcotraficantes y hasta mineros ilegales, la nueva imputación diseñada contra quienes el gran capital necesita perseguir en esta hora.

Seguramente lo hizo motivado por las acciones militares cumplidas contra el Ejército de Colombia en Arauca y Caquetá, dos de los departamentos donde en las últimas décadas la población rural y urbana ha sido más severamente castigada por la violencia oficial y paramilitar, sin que siquiera una sola vez algún Presidente o Ministro de Defensa se hubiera mostrado indignado.

De donde pueden deducirse conclusiones importantes, que coinciden de modo exacto con la triste realidad colombiana. Aquí cabe la protesta, desde luego, siempre que sea pacífica, respetuosa, ordenada y breve. Siempre que no genere algún tipo de malestar social. Siempre que se trate de una manifestación temporal capaz de esfumarse de inmediato en el olvido.

Porque el orden institucional colombiano no permite cabida alguna al interés de las comunidades. Quien tiene la competencia para definir el futuro de estas, aun pasando sobre ellas, es el gobierno nacional. La voz de la inconformidad puede sonar a bajo volumen y por un lapso que no llegue a fastidiar. Pero no puede variar en lo más mínimo la determinación adoptada en las alturas.

A manera de ejemplo, repasemos lo expresado por Santos en Puerto Carreño al referirse a los proyectos neoliberales para la Orinoquía: “(Esta región) necesita mucha inversión, necesita infraestructura, necesita seguridad jurídica que vamos a iniciar en el Congreso y vamos a iniciar en el Congreso sobre el modelo de desarrollo agrícola que necesita el país”.

El Presidente no oculta que ese modelo está definido por completo, ni que se encuentra en pleno proceso de implementación. Lo que está significando es que ante las eventuales dificultades presentadas, todo el aparato estatal se pondrá en funcionamiento a fin de solucionarlas, sin que se afecte en lo más mínimo el interés de los grandes capitales invertidos y por invertir.

Y todo el mundo sabe que la dificultad de la hora estriba en los líos jurídicos relacionados con la titulación de las tierras baldías, que tienen al borde de la judicialización a importantes cabezas de grupos económicos. Hay que lavarles la cara a Urrutia, Sarmiento Angulo y quizás cuántos implicados más en la abierta ilegalidad (¿cultivo ilícitos podría decirse?) en la que se enfrascaron.

Para ellos sí que habrá que revolar en cuadro. Pero para los campesinos del Catatumbo, como para los indios del Cauca, los mineros del Chocó o Antioquia, los reclamantes de tierras, para toda esa gente que reclama su inconformad con el modelo impuesto, el tratamiento será distinto. Y está visto cuál es. La brutalidad del ESMAD, los disparos de la tropa, el hacinamiento carcelario.

Esos quedaron por fuera del modelo, no cuentan, son estorbos. Hasta mejor que protesten y se violenten. Así estarán ofreciendo en bandeja la oportunidad para aplastarlos y silenciarlos definitivamente. Por eso se carcajea Pinzón en voz baja, por eso bufonea Santos, por eso los ridículos, payasadas y torpezas. Las FARC serán las únicas culpables de lo que va a pasarles. Je je.

Hace apenas dos meses que la Contraloría General de la República publicó su informe en torno a la locomotora minera. Hasta donde sabemos, ni la señora Contralora, ni ninguno de los investigadores del equipo que elaboró el profundo y sesudo estudio son militantes de las FARC-EP. Sin embargo, todas las conclusiones de él coinciden perfectamente con nuestros planteamientos.

Estamos seguros de que un inmenso caudal de colombianos celebró la seriedad e imparcialidad de la investigación patrocinada por la entidad fiscalizadora. El conjunto de la izquierda política y el movimiento popular encuentran en él argumentos incontrastables para sus luchas políticas. Los campesinos del Catatumbo pueden invocarlo también sin temor en respaldo a sus clamores.

Eso explica el mutismo sepulcral del gobierno nacional, de los grupos económicos y los grandes medios de comunicación en torno a las trascendentales revelaciones de la Contraloría. Y que la doctora Morelli o los doctores Garay y demás guarden silencio y no hagan bulla, porque pueden terminar vinculados con las FARC, judicializados, encarcelados, amenazados o quizás cómo.

No faltará el desmovilizado que salga a declarar haberlos visto en sospechosas reuniones, o la fotografía capciosa, o el alias descifrado en las grabaciones de algún computador guerrillero. Sin importar quienes sean. ¿Qué pueden esperar entonces los campesinos del Catatumbo, armados con las peligrosas caucheras con las que suelen cazar pájaros en el monte para conseguir la carne?

Baleados, garroteados, gaseados, ignorados y ridiculizados. Amenazados con cárcel. ¿No han sido circunstancias muy semejantes, las que han originado el levantamiento armado de campesinos, obreros, estudiantes, profesionales y otro montón de gente buena que integra hoy las guerrillas? ¿Acaso no es sobre la democratización del país que se entra a discutir en la mesa de La Habana?

Montañas de Colombia, 27 de julio de 2013.

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