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Publicado en la categoría: La Pluma de Gabriel Angel
Lunes, 20 Diciembre 2010 13:53

El conflicto colombiano y la paz continental

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Un acuerdo de paz democrática en Colombia se encargaría de cerrar al paso a las aspiraciones del militarismo fascista local y sellaría por tanto la paz para el continente.


Por Gabriel Ángel

La Serranía de Jojoy continúa siendo objeto de las operaciones militares de las fuerzas armadas colombianas contra el Bloque Oriental de las FARC. Las patrullas del Ejército insisten en penetrar la arriscada topografía selvática, al tiempo que la Policía Nacional aporta su cuota de inteligencia por medio de las aeronaves puestas a su disposición por el Pentágono. Con frecuencia arriban los aviones bombarderos y cazas de la Fuerza Aérea a descargar sus bombas y metralla. Para no hablar de los helicópteros de transporte y combate. Para nada.

Ni rendiciones, ni desmovilizaciones, ni bajas que justifiquen el inmenso costo en vidas, dinero y recursos. Es evidente que el objetivo de aniquilar al contrario o imponerle condiciones que precipiten su renuncia a la lucha, no pasa de ser un ardiente deseo. A todas estas, el conflicto con las FARC parece cumplir al tiempo con otro objetivo. Preparar la máquina de guerra del Estado colombiano para otro tipo de confrontación. Una guerra regular de carácter internacional. Y no resulta difícil presumir contra quién.

Durante la  campaña realizada en el mes de junio del año anterior en la misma zona, los guerrilleros pudimos percatarnos de que se traían helicópteros y aviones de guerra con el propósito de entrenar personal para el combate aéreo. Lo confirmaban las instrucciones que se daban entre sí los pilotos, así como las maniobras que cumplían. Volar dos largas varas de guadua que servían de pasadero de un lado a otro de un caño costó ocho bombas a una mujer piloto. Cabe imaginar el orgullo con que contó a su familia que había derribado un puente.

Así como la descripción que haría de la prodigiosa obra de ingeniería militar que había logrado echar a pique. Si mienten sus jefes del alto gobierno y mando, por qué no habría de hacerlo ella. Ahora les ha dado por traer el avión ese que recién adquirieron para recargar de combustible los aviones en pleno vuelo. Y ensayar la delicada maniobra en los cielos de la serranía. Quedan tan cerca las bases en las que acostumbran recargar de combustible las aeronaves, que resulta un verdadero despilfarro emplear el avión tanque.

Avión que por cierto tuvo un costo superior a los cincuenta millones de dólares, si nos atenemos a lo declarado por el comandante de la fuerza aérea a los medios. Una suma suficiente para salvar de la crisis a SATENA, la aerolínea que maneja el Ministerio de Defensa, y a la que han preferido privatizar en perjuicio de los habitantes de los antiguos territorios nacionales. Típico de aquí, privilegiar las acciones del gran capital en perjuicio de los pobres indios y negros de abajo. Al fin y al cabo se cuenta con poderosos ejércitos para amansarlos.

¿Por qué ensayar una y otra vez la recarga de combustible en aviones que vienen a lanzar unas cuantas bombas para regresar de nuevo a sus cercanas bases? Salta a la vista que la práctica apunta a preparar las condiciones para el evento de un ataque a larga distancia, que implique varias horas de vuelo de combate. Esas no son las circunstancias de la guerra contra las FARC. Pero sí son las eventualidades de un conflicto de carácter internacional para el que de manera silenciosa se están preparando las fuerzas armadas colombianas.

Hay, sin embargo, un error de apreciación estratégica que condena al fracaso los maquiavélicos planes del Pentágono y la oligarquía colombiana. Sus cálculos están fundados en una rápida derrota de las FARC, tras la cual dedicarían todo su esfuerzo bélico al enemigo externo. Resulta obvio que equivocaron el sparring. Las FARC-EP seguimos demostrando, por encima de los golpes recibidos, que somos una guerrilla indomable, que  sabe asimilar con sabiduría los infortunios de la guerra, para volver con mayores y mejores bríos al ataque.

No se puede ignorar la experiencia de cuarenta y siete años de lucha armada revolucionaria. Cuando los generales colombianos se ufanan de contar con la mejor contraguerrilla del mundo, nos hacen el mejor elogio. Semejante fuerza jamás ha podido vencernos. En esas condiciones constituye una inmensa irresponsabilidad estar pensando en una confrontación de tipo continental. La agresión, con el pretexto que sea, contra un país vecino, sencillamente condenará al Estado colombiano a sostener dos frentes de guerra.

Aunque la embestida al exterior no pretendiera ir más allá de una decisiva contribución a la caída de un gobierno por el que no se guarda la menor simpatía, intentarla, con toda la soberbia que caracteriza al imperio y la oligarquía colombiana, resultaría demasiado aventurada mientras las FARC se mantengan alzadas en Colombia. Cabe recordar ahora la consigna acuñada por el camarada Raúl Reyes en sus últimos años al frente de la Comisión Internacional, de acuerdo con la cual la paz en Colombia es la paz para la América Latina.

Santos y su corte tienen que saber que si se equivocan con su ofensiva, los que se pueden caer son ellos. Paradójicamente, pese a quienes puedan pensar lo contrario, antes que ser las FARC un pretexto para que el imperio intente invadir o agredir un país vecino, nuestra heroica resistencia resulta ser la mejor garantía de que tales eventualidades no van a producirse. Al mismo tiempo, un acuerdo de paz democrática en Colombia se encargaría de cerrar al paso a las aspiraciones del militarismo fascista local y sellaría por tanto la paz para el continente.

Es por esto último que el imperio y la oligarquía local se niegan a considerar la posibilidad de diálogos de paz en Colombia. Lo único que les interesa es la rendición y entrega incondicional de la insurgencia, a fin de contar con manos libres para su accionar intervencionista. Era eso lo que quería significar el camarada Raúl con su consigna. Es por ello que todos los amantes de la paz en Suramérica y el mundo se encuentran llamados a solidarizarse con la lucha de las FARC-EP. Sin dejarse despistar por la manipulación mediática de los poderes establecidos. 

Montañas de Colombia, 20 de diciembre de 2010.

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